Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 38 - Primavera 2015
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Tomás de Iriarte, el rescate de un dramaturgo: ampliemos el canon Jesucristo Riquelme

 

Las dos últimas publicaciones de Jesucristo Riquelme

 

 

Tomás de Iriarte, Hacer que hacemos. Teatro cómico neoclásico, Ediciones de la Torre-Publicaciones de la Universitat de València, 2015. 256 páginas, con cuadernillo central de ilustraciones en color (16 páginas), tapa dura y cubierta.

 

 

Con apenas 18 años, Tomás de Iriarte (1750-1791), antes de publicar sus Fábulas literarias, ideó su primer texto teatral: Hacer que hacemos; sin embargo, esta comedia no fue incluida en ninguna de las dos ediciones de la obra completa del escritor tinerfeño: ni en 1787 ni en la póstuma de 1805, con ocho tomos. La obra se hubiera perdido en el olvido si no hubiera sido recuperada por Jesucristo Riquelme en sus pesquisas en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid. Riquelme ya dio a conocer otra obra, La habanera o el don de gentes (Aguaclara, 2006): en esta comedia se alude por primera vez en el mundo hispánico a un canto especial venido de Cuba, con toda la presunción de ser el canto de las habaneras.

En Hacer que hacemos se caricaturiza un tipo execrable de la sociedad acomodada del siglo XVIII: el ridículo burgués fingenegocios, tildado con un italianismo muy expresivo: el fachenda, el que reduce su vida a aparentar estar tan estresadamente atareado y a hacer tantas nimiedades que nunca alcanza a hacer nada. En los siglos XVIII y XIX había proliferado una gran enfermedad social, la de la clase que no trabaja porque no quiere trabajar y porque se explaya en exhibir el no-trabajo. Estos hábitos llegan a nuestra época: jóvenes, adultos y adultescentes que ni estudian ni trabajan: una clase media y burguesa cada vez menos cultivada, menos concienciada y más envuelta en la apariencia del que vive indolentemente como un holgazán.

Iriarte compuso un soneto epigramático, «Tres potencias bien empleadas en un caballerito de estos tiempos», con los rasgos descollantes del joven vividor y con «más negosios que los Penalva»:


Levántome a las mil, como quien soy.

Me lavo. Que me vengan a afeitar.

Traigan el chocolate; y a peinar.

Un libro... Ya leí... Basta por hoy.

Si me buscan, que digan que no estoy...

Polvos1... Venga el vestido verdemar...

¿Si estará ya la misa en el altar?...

¿Han puesto la berlina2? Pues me voy.

Hice ya tres visitas. A comer...

Traigan barajas. Ya jugué. Perdí...

Pongan el tiro3. Al campo, y a correr...

Ya doña Eulalia esperará por mí...

Dio la una. A cenar, y a recoger.

«–¿Y es éste un racional?». «–Dicen que sí».


Iriarte es todavía un dramaturgo desconocido. Hacer que hacemos supone el arranque de la moderna comedia de costumbres española, que alcanzará su cima con El señorito mimado y La señorita malcriada del propio Iriarte –reivindicados por el hispanista Russel P. Sebold– y con las obras de Leandro Fernández de Moratín. A pesar de ello, el abrumado protagonista todavía posee demasiado parecido con un héroe estrafalario de comedia de figurón, en ocasiones incluso con reacciones inverosímiles que desatan la hilaridad del lector. En su opera prima, el tinerfeño quiso plantear varios asuntos en boga: las relaciones entre tutor y pupila, el matrimonio por conveniencia, el dinero, el papel cada vez más activo de la mujer.

Riquelme pondera el valor de la vis cómica de un autor que entra en liza por un lugar en el canon dieciochesco del teatro de costumbres y buenos valores, del prototeatro feminista: Iriarte irrumpe con fuerza tal que reclama un lugar en el canon literario hasta el momento ocupado en la escena, primero, por los sainetes de Ramón de la Cruz, el monarca dramático, y, después, por Leandro F. de Moratín, el Molière español. «Exagerando en ambos casos», dice Riquelme. Lo más importante es repasar el canon y no ceder a la molicie del continuismo. José M.ª Merino lo ilustró en uno de sus microcuentos: «Perseguido por el Canon, el Corpus llegó a un callejón sin salida. “Por qué me acosas?” –preguntó el Corpus al Canon–. “No me gustas” –añadió. “El gusto es mío” –replicó el Canon amenazante». Ampliemos el canon. Disfrutemos con el nuevo Iriarte dramaturgo.

El libro está dedicado in memoriam al que fue director de la Escuela Municipal de Teatro, Raúl Ferrández, autor del espléndido drama El regreso: «En muchas ocasiones, siendo director de la EMT, Raúl Ferrández me pidió nuevos textos para ampliar el repertorio con novedades que ahormaran el gusto del público en nuestro entorno –declara Jesucristo Riquelme–. Me solicitó cosas de teatro de Miguel Hernández o sobre Miguel Hernández, y le hice llegar dos textos –una antología de piezas teatrales del oriolano y un drama mío con el título Voces a los cuatro vientos–, pero él estaba expectante con la edición del teatro de Iriarte porque conocía la vis cómica y la vis educativa de la comedia de costumbres neoclásica. A su memoria entrego este libro que es todo un reconocimiento...».

 

 

1 Polvos: maquillaje.

2 Berlina: pequeño carruaje cerrado de dos plazas.

3 Tiro: caballo que se engancha al carruaje para tirar de él.