Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 38 - Primavera 2015
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
El Canto de la PasiĆ³n en Orihuela Conchita Moreno Alonso


Difícil es hablar en este corto espacio sobre el Canto de la Pasión. Esta pieza musical constituye el arraigo, el gusto, la nostalgia, el recuerdo, el aroma, la tradición y otros tantos conceptos que perduran desde hace ya tantos años en mi alma y en mis oídos.

Tras algunos años de ausencia esta hermosa noche de Jueves Santo, he vuelto a mi pueblo, a mi querida Orihuela.

Camino despacio, se van apagando las luces, mis ojos paulatinamente se van acostumbrando a la oscuridad. La blanca luz de la luna en su plenilunio orienta mi caminar.

A las once en punto de la noche, una vez abiertas las puertas de la Capilla de la Comunión de la Iglesia de Santiago, envuelta la ciudad en una absoluta oscuridad y un riguroso silencio, sale la procesión. Cientos de cofrades, ataviados con hábito capuchino y portando faroles con candelas encendidas, comienzan su andadura. Una potente bocina, antes de la Cruz de guía, va anunciando el paso con un sonido sordo. El silencio reinante solo es roto de vez en cuando por el potente golpe de un mazazo sobre un tambor.

En el instante en que el Cristo del Consuelo traspasa las puertas de la Capilla de la Comunión irrumpe el Canto de la Pasión, obra inmaterial de la Semana Santa oriolana, que remonta sus orígenes al siglo XVI y cuyos cantos se han ido transmitiendo por tradición oral hasta nuestros días.

Un coro compuesto solo por hombres vestidos con traje oscuro canta, en diferentes puntos de la ciudad, al paso del Cristo del Consuelo el hermoso y solemne Canto de la Pasión. Son voces potentes, un coro a cuatro voces sin ningún acompañamiento musical.

Escuchar este canto en el silencio de la noche, acompañada por el sonido de pasos de los penitentes, bajo la tenue luz de la luna y envuelta en aromas de azahar, me llena de emoción, de nostalgia, de recuerdos... Imposible describirlo. Hay que vivirlo, estar aquí.

Pasaran los años, pero donde quiera que me encuentre, esa noche de primavera, Jueves Santo, mi espíritu siempre estará aquí. Yendo al encuentro de la procesión, tratando de verla desde distintas perspectivas, con diferentes luces y sombras, aspirando el aroma de los azahares en flor, en mi tierra. Escuchando el Canto de la Pasión.