Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 28 - Otoño 2012
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
De monstruos marinos y laúdes torrevejenses Juan Antonio Pujol Fructuoso

 

(extracto de la conferencia pronunciada en el Casino de Torrevieja el 6 de octubre de 2012).


Los monstruos marinos han poblado los miedos y terrores de los marineros en todas las épocas, y han calado en el subconsciente humano hasta tomar forma de mitos, leyendas, habladurías y hasta noticias de prensa. Hubo un tiempo en que encontrarse con estos monstruos en medio del mar podía resultar fatal y más de un barco, con su tripulación entera, desapareció para siempre sin dejar huella.
En la tertulia de hoy, que en este 2012 sirve como colofón al ciclo de conferencias Torrevieja y el Mar que con tanto acierto puso en marcha Francisco Rebollo, trataré de arrojar luz sobre un suceso, prácticamente desconocido, que aconteció a un barco torrevejense y sobre el que todavía hoy, los pocos que conocen el caso, discuten si ocurrió realmente o no. Trataré de aunar historia y biología siempre con el trasfondo del mar que es el leitmotiv de este consolidado ciclo, recuperando un episodio local que tuvo lugar tres años antes de que se fundara este Casino que hoy nos acoge, es decir, hace 148 años.


CARACTERÍSTICAS DEL LAÚD MEDITERRÁNEO

El laúd mediterráneo, o llaüt en su denominación catalana, fue un tipo de pequeño velero que proliferó de manera muy importante durante el siglo XIX y principios del XX. Torrevieja llegó a tener una importante flota de laúdes, dedicados tanto al comercio de cabotaje como a la pesca, actividad esta última que desarrollaban de forma individual o por parejas para la pesca de arrastre.

Sin entrar en demasiados detalles, ya que han sido varias las conferencias en este mismo ciclo, algunas de ellas del ya mencionado Rebollo, que abordaron las características de los laúdes, sí debo proporcionar algunas nociones básicas para aquellos que no estén familiarizados con el navío.

El laúd o llaüt tenía un solo palo, visiblemente inclinado hacia proa, con una entena que aparejaba una vela latina. A partir de este modelo básico también había barcos mayores que incorporaban un palo de mesana, ligeramente inclinado hacia popa. Precisamente para las maniobras de esta vela de mesana, la popa tenía un palo denominado escotera. Mientras tanto a proa se instalaba un botalón que permitía la instalación de otra vela denominada foque. En algunos momentos también podían ayudarse de los remos.

1. Partes de la arboladura de un láud

El laúd de cabotaje rondaba las 50-100 toneladas de carga, aunque en Torrevieja, a finales del siglo XIX solían ser de unas 20 toneladas. La tripulación la componían entre 5 y 6 hombres, más generalmente un muchacho. La disposición interna solía ser 3 camarotes a proa y a popa la cámara, donde se comía los días de frío y lluvia, haciéndolo en cubierta el resto. A los lados de la cámara, otros 4 camarotes. Al fondo de la nave iba el lastre: sobre él, un piso de enramada, y sobre la enramada, la mercancía, subdividida por medio de cañizos a modo de tabiques. La cocina se reducía a la mínima expresión, con un fogón de carbón y dos hornillas.

La guardia se hacía por parejas cada dos horas. Un tripulante desempeñaba el oficio de timonel siguiendo el rumbo marcado por el patrón y el otro vigilaba el buen funcionamiento de todo el aparejo. También vigilaba incesantemente el horizonte y avisaba de toda embarcación que pudiera aparecer sobre la superficie del mar. La vigilancia, como es lógico, era más comprometida durante la noche, y en especial las noches sin luna.

 

EL EXTRAÑO CASO DEL LAÚD “NIÑA REGINA”

Uno de estos laúdes de cabotaje fue el Niña Regina, patroneado por José Valenti. Hay documentación a finales del siglo XIX que sitúa a esta embarcación realizando portes por distintos puertos de la zona: Alicante, Mahón, Orán, Cartagena, Almería.

No se conoce la fecha exacta, pero debió ser a finales de junio de 1864 cuando el laúd torrevejense “Niña Regina” zarpó de la bahía de Torrevieja cargado, probablemente, con productos agrícolas de la Vega Baja y algunos toneles de vino, rumbo a Argelia, (lo más probable es que fuera a la ciudad de Orán). Por lo general, y con buen tiempo, una travesía de este tipo solía durar entre 15 y 20 días hasta que se regresaba a Torrevieja.

Al parecer el viaje de regreso lo hizo en lastre, es decir, sin carga. Llevaban ya varios días de navegación hacia la península con la más absoluta normalidad. Una travesía tranquila, una de tantas a aquellas costas africanas que el experto patrón y sus marineros conocían tan bien. Pero aquel viaje no iba a ser tan tranquilo como las condiciones meteorológicas y el mes en que se encontraban, parecían augurar.

El día 6 de julio, con noche cerrada sin luna, aproximadamente sobre las 9 (hay que tener en cuenta que entonces no existía el horario de verano actual) toda la tripulación sintió un fortísimo golpe sobre la aleta de estribor, en la zona de popa, y el barco se estremeció violentamente, al punto de que muchos marineros tuvieron que afianzarse para no caer sobre la cubierta.

Estaban a unas 35 millas (64,82 km) de la costa argelina, con el mar en calma y sin ninguna embarcación a la vista. Asombrados, todos los marineros se lanzaron sobre las bordas y miraron hacia abajo, sobre el lugar donde habían experimentado tan violento golpe. No vieron absolutamente nada, aunque la falta de luz no ayudó.

2. Colisión el 6 de julio de 1864, sobre las 21 horas y a 35 millas de la costa de Argelia.

Siguieron navegando, aunque no sin perplejidad. Cada hombre de la tripulación, en silencio, se hacía la misma pregunta: ¿qué había sido aquello?. El primer marinero que se deslizó dentro del barco dio la voz de alarma: había agua en el fondo del buque.

De inmediato se pusieron en marcha las bombas de achique, por supuesto manuales. Y es que si analizamos la situación de aquel laúd torrevejense desde la óptica de la sociedad tecnológica del siglo XXI en la que vivimos, el cuadro no pude ser más desalentador. Estamos en el año 1864, en alta mar, sin electricidad, ni radio, ni motores, ni gps y sin ningún medio eficaz de salvamento marítimo (hay que tener en cuenta que ni siquiera estaba creada la Sociedad de Salvamento de Náufragos de Torrevieja, fundada en 1881 y que tan solo podría haber auxiliado al “Niña Regina” de estar cerca de la costa).

Sin embargo, parafraseando a José Huertas Morión, aquellos hombres eran de hierro, aunque gobernaran barcos de madera.

A pesar de que tan solo habían recorrido un cuarto del total del viaje no regresaron a Argelia, sino que continuaron viaje a Torrevieja. Estuvieron picando la bomba de achique 24 horas durante varios días. Aquellos marineros no se iban a acobardar por mucha agua que entrara en el barco o por mucho misterio que acompañara a aquel monstruo marino que, sin duda, había abierto una vía de agua en el casco del laúd.

La embarcación logró llegar a Torrevieja, si bien tampoco sabemos la fecha exacta. Inmediatamente, casi sin descansar, se procedió a deslastrar el barco y buscar la vía de agua. La sorpresa fue mayúscula cuando no sólo encontraron el orificio por el que había estado penetrando el agua, sino también los restos del monstruo marino que los había atacado.

Una vez varado en la playa de Cala Cornuda, comenzaron a trabajar los calafates en la reparación. Con sumo cuidado, el maestro carpintero procedió a retirar un trozo compuesto por la tabla que llaman contra aparadura de popa y por la tabla de sobrequilla. Ambos gruesos y duros maderos estaban atravesados de punta a punta por la defensa de un pez espada, que había penetrado un total de 18 pulgadas, o lo que es lo mismo 45,72 cm dentro de la embarcación.

3.Laúdes varados en cala Cornuda (actual relleno del Puerto de Torrevieja).

Por supuesto, el extrañísimo suceso corrió como la pólvora por el pueblo: el “Niña Regina” había estado a punto de irse a pique por culpa de un pez espada y todos quería ver la prueba. Tal fue la expectación que el patrón José Valentí tuvo expuesta la pieza en su casa para quien quisiera verla. Por supuesto muchos de nuestros paisanos de entonces opinaron sin ver la prueba: era materialmente imposible que un pez espada infringiera semejante quebranto a un laúd, atravesando tan duras maderas.

Pero... ¿es posible que un pez espada hunda una embarcación?

 

ANTECEDENTES DE ATAQUES DE PEZ ESPADA A LO LARGO DE LA HISTORIA

La primera noticia de un ataque de pez espada a una embarcación es proporcionada por el griego Polibio, y ha llegado a nuestros días gracias a que el gran geógrafo Strabón citó el caso en su conocida Geografía. Polibio habla de que el pez espada puede atravesar las barcas y dañar a los remeros que se dedicaban a la pesca del pez espada con arpón en el estrecho de Mesina (pesquería que todavía se realiza en la actualidad del mismo modo, más de 2.000 años después).

Ocurre a veces que los remeros son heridos incluso a través de la barca, tal es el tamaño de la espada con la que está armado el pez y la fuerza que tiene. Por ello, en cuanto a peligrosidad, esta pesquería no es superada a la caza del jabalí.”

El naturalista romano Plinio El Viejo, describe un ataque de pez espada que ocurrió más allá de las columnas de Hércules, en la costa de la provincia romana de Mauritania, no lejos del río Lixos (todo ello a unos 3 km al norte de la actual Larache, en Marruecos).

el pez espada tiene un pico muy afilado, con el que puede penetrar los lados y planchas de un barco, pudiendo llegar a hundirlo”

También el romano Claudio Eliano (175- 235) cita la belicosidad del pez espada en su Historia de los Animales. Describe perfectamente cómo el pez espada clava su arma en los barcos y en el intento de soltarse muere al quebrarse el pico. También habla de que está tan fuertemente clavada que no pueden extraerla manualmente.

Comienza la leyenda de la beligerancia y peligrosidad del pez espada, que se convierte en uno de los monstruos marinos más temidos por los marineros y navegantes.

Los ataques del pez espada aparecen también en las Etimologías de San Isidoro y en varios bestiarios medievales (Brunetto Latini 120-1267; Francia s. XIII; Flandes, 1350).

En el Museo Británico se conserva un interesante boceto de un barco atacado por un pez, donde se ve a la atemorizada tripulación tratando de repeler la embestida.

Hasta el mismísimo don Juan de Austria sufrió el ataque de uno de estos peces. Durante los meses de julio y agosto de 1751, mientras esperaba a que se reuniera toda la flota cristiana antes de zarpar a la batalla de Lepanto, don Juan de Austria se entretuvo arponeando hasta 6 peces espada (los meses de verano es justo cuando tiene lugar la tradicional pesquería a la que hacía referencia anteriormente).

4. Retrato de Juan de Austria

El problema es que al parecer uno de estos animales perforó la lancha donde estaba el marino español. El Juan de Austria envió como regalo la espada de aquel pez a su padre el emperador Carlos V.

El “HMS Leopard” fue un buque inglés armado con 50 cañones y que se destacó en las guerras napoleónicas. En 1725 al volver de Nueva Guinea se metió en dique seco para carenarlo y descubrieron la defensa de un pez espada clavada en el caso.

Un caso paradigmático ocurrió alrededor de 1788 al bergantín de la armada de Carlos III llamado “La Ardilla”, armado con 14-16 cañones y que nada más dejar el arsenal de El Ferrol fue atacado por un pez espada que por poco lo manda a pique. La madera del casco, atravesada por la defensa del pez espada, fue extraída y depositada en el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid, donde permaneció durante muchos años (desgraciadamente en la actualidad la pieza ya no se encuentra en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, uno de los herederos de aquel Real Gabinete).

Los museos de medio mundo comienzan a exhibir los restos de tales ataques, generalmente en forma de tablas atravesadas por las espadas.

Las noticias y casos de ataques de peces espada a barcos es la tónica general en los periódicos de todo el mundo durante el siglo XIX. Se producen episodios en prácticamente todos los mares. Por lo general hay dos tipologías: los barcos atacados que hacen agua y tienen que regresar a puerto inmediatamente, y los barcos que navegan durante meses con la espada clavada en el caso a modo de espiche de fortuna y que hasta que no son varados para una revisión de rutina no se detecta. Por supuesto, de los barcos que se fueron a pique por culpa de los peces espada, poco sabemos, pero debieron ser muchos, especialmente balleneros americanos.

Las menos de las veces, el pez espada provocaba un pinchazo limpio y lograba liberarse, dejando el agujero por donde penetraba el agua. Era tan extraño esta situación que hubo un interesante pleito con una compañía de seguros de Estados Unidos.

Centrándonos en aguas españolas. En 1923 la balandra “Anita” durante la travesía Palma de Mallorca – Mahón es embestida por un pez espada, que atravesó las maderas del buque hasta el forro interio, de un espesor de 20 cm. En el año 1955, dos pesqueros canarios que se encontraban en las pesquería del atún frente a Cabo Bojador son atacados por peces espada en intervalos muy cortos. El pesquero “Luis Mejías” se hunde completamente en apenas 5 minutos, pudiendo ser rescatada la tripulación. El pesquero “Virginia González” con una gran vía de agua pudo llegar al puerto de Villa Cisneros. En 1960, el pesquero alicantino “Melchora” en aguas del estrecho de Gibraltar es atacado por un pez espada que le abre una vía de agua y lo obliga a regresar al puerto de Tarifa. El 12 de julio de 2011, el pesquero “Roque del Águila” con base en el puerto canario de Los Cristianos se hundió frente a las costas del Sahara al ser atacado por un pez espada, afortunadamente la tripulación pudo ser rescatada.

5. Balandra “Anita”, atacada por un pez espada en 1923.

Y entre los casos más curiosos ocurridos en pleno siglo XX se podría destacar el ataque en 1967 al submarino de investigación “Alvin” a 600 metros de profundidad, por uno de estos peces.

Para tener una idea de las dimensiones que podían alcanzar antiguamente el pez-espada, comentar que los machos adultos rondaban los 300-350 kilos, teniéndose constancia de la pesca de un ejemplar de 563 kg en aguas de Iquique (Chile) en lo que constituye el mayor registro que se conoce.

6. Pez espada de 563 kg pescado en Iquique (Chile)


EL TROZO DE MADERA ATRAVESADO POR EL PEZ ESPADA ES ENTREGADO A LAS AUTORIDADES DE MARINA

Pero volvamos a aquel verano de 1864. El revuelo que había provocado en Torrevieja aquel láud atravesado por un pez espada estaba a punto de trasladarse al resto de España. José Valentí se dirigió a la Ayudantía Militar de Marina del Distrito de Torrevieja con la tabla atravesada y contó lo sucedido al “Niña Regina” con todo lujo de detalles a un, imaginamos, absorto Ayudante Militar de Marina. También debió hacer el ofrecimiento del objeto por si quería ser expuesto en algún museo.

El 13 de julio el Ayudante Militar de Marina redactó un oficio a su superior jerárquico, el Comandante de los Tercios Navales de Cartagena que, a su vez, informó al Comandante General. Finalmente, después de completar toda la cadena de mando, el informe llegó a la mesa del mismísimo Capitán General del Departamento de Marina el 18 de julio. El Capitán General de Cartagena tenían en mente su destino final: el Museo Naval de Madrid.

Comienzan a aparecer noticias en la prensa nacional de la época, destacando las cabeceras de El Lloyd Español (diario político independiente) de 20 de julio; La Discusión (diario democrático) de 12 de agosto y El Clamor Público (periódico del partido liberal) de 17 de agosto. En todo el país se sigue con atención lo ocurrido al laúd torrevejense.

El 23 de agosto de 1864 el Capitán General de Cartagena redacta un oficio al Ministro de Marina don José Manuel Pareja y Septién. En España reinaba Isabel II. En dicho oficio, además de transcribir las frases del Ayudante Militar de Torrevieja, añadía:

Acompaña conocimiento de un cajón en el que se remite el trozo de espada con que un pez de este nombre atravesó la tabla de aforro del Láud “Niña Regina””

Y habiendo hecho el dueño donación de dicho pedazo de espada y del de la tabla de aforro que atravesó para que si se creyese oportuno pueda figurar en un museo, me ha parecido conveniente remitirlo a esa Superioridad por si Su Exc. en su vista lo conceptuase digno de ser colocado en el Museo Naval, teniendo el honor de acompañarle el conocimiento del cajón en que se remite”.

Así es como por diligencia militar el curioso objeto llegó a la capital de España. Al Ministro de Marina aquel extraño objeto también le debió parecer cosa digna de contemplarse, pues el 9 de septiembre redacta una Real Orden dirigida al director del Museo Naval para que la tabla y la espada sean expuestos en dicho Museo.

Al día siguiente, Felipe Ramos, director del Museo, acusa el recibo de la tabla y la espada, e informa al Ministro de que han sido colocados con la inscripción correspondiente.

De esta forma, el objeto llegó a la sede del Museo Naval que, por aquellos años, se situaba en la que había sido casa de Godoy hasta 1807, el denominado Palacio de los Ministros, que todavía se puede visitar (aunque ya no como Museo Naval) junto al actual palacio del Senado, en la plaza de la Marina Española.



7. Palacio de los Ministros, que en 1864 era la sede del Museo Naval de Madrid.

Publicaciones como la Libertad (periódico moderado) de 17 de septiembre; La España de 18 de septiembre o el Diario Oficial de Avisos de Madrid, también del 18 de septiembre, se hacen eco de la noticia:

Arribada. Ya ha llegado a esta corte, y se halla en el Museo Naval, la tabla del buque que, según hemos dicho a nuestros lectores, fue atravesada por un pez-espada”.

El objeto debió ser exhibido junto a otras defensas de pez-espada. En el Museo Naval desde 1853 ya existía una pieza similar procedente de un barco de Cuba atravesado por un pez espada (probablemente un marlín). Y también se podía contemplar solamente la espada de un pez que pesaba nueve arrobas, cogido en la almadraba de Escombreras el 14 de julio de 1856.

Pero por supuesto no acaba aquí la historia. A los 19 años de su llegada al Museo Naval, la tabla extraída del Niña Regina en los astilleros de Cala Cornuda de Torrevieja iba a iniciar un nuevo y sorprendente viaje. Otra vez en una caja de madera partió rumbo a algún puerto del norte de España, en donde fue subida a un barco con destino final: Inglaterra.

 

LA EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE PESCA DE 1883 EN LONDRES

El 12 de agosto de 1883 fue inaugurada en Londres la Exposición Internacional de Pesca por S.A.R. el Príncipe de Gales (futuro Eduardo VII ) en representación de la Reina Victoria, contando con representación de diversos países (India, China, Japón, Tasmania, Holanda, Bélgica, Chile, Rusia, y un largo etcétera).

8. Inauguración de la Exposición Internacional de Pesca de Londres (1883), por S.A.R. El Príncipe de Gales.

La exposición se desarrolló en los terrenos de los antiguos jardines de horticultura de South Kesington, ocupando cerca de 8 hectáreas entre el Albert Hall (al norte) y el Museo de Historia Natural (al sur). Entre los contenidos de dicha gran exposición cabe destacar que se construyeron 19 estanques de agua salada y dulce y 20 más pequeños de agua salada; se realizarón memorias científicas sobre el mundo de la pesca; fue la primera vez que se habló de agotamiento de los recursos pesqueros; se difundieron avances técnicos y fomento de la piscicultura; métodos de conservación y distribución e los productos pesqueros; y se tratarón aspectos tan variados como la economía de la actividad; la biología y fisiología de los peces; y la historia, literatura, leyes, y curiosidades del mundo pesquero.


El pabellón español tenía una longitud de 63 metros y una anchura 9 metros, y consistía en una estructura de hierro que contaba con iluminación de 9 lámparas de arco voltáico, toda una novedad en el año 1883. La comisión española estaba presidida por el contraalmirante José Polo de Bernabé y entre los científicos Mariano de la Paz Graells. En el pabellón español se expusieron un total de 438 elementos de lo más variado.

9. Localización del pabellón español en el conjunto de la Exposición Internacional de Pesca de Londres.

Entre ellos, con el número de catálogo 402 se exhibió la tabla del forro del Niña Regina. Pero además, había otro elemento procedente de Torrevieja y que por supuesto no podría faltar en una exposición comercial como esta. Con el número de catálogo 371, la Dirección de Rentas Estancadas había donado 3 muestras de sal de las Salinas de Torrevieja.

En esta exposición España obtuvo 9 medallas de oro, 17 de plata y 13 de bronce, así como 3 diplomas de honor, uno de ellos correspondiente a las dos tablas de barco atravesadas por sendas defensas del pez espada. Si tenemos en cuenta que el Museo Naval obtuvo un Diploma de Honor al conjunto de la exposición que presentó, el hecho de que además otorgaran un Diploma de Honor a las defensas del pez espada corrobora que ni mucho menos pasaron desapercibidas.

Acabada la exposición, cada objeto volvió a su lugar de origen, y la tabla atravesada de Torrevieja volvió al Museo Naval de Madrid. ¿Permanece todavía allí en la actualidad?.

Consultados los actuales responsables del Museo (aprovecho la ocasión para agradecer el interés prestado, entre otros, a doña María del Carmen López Calderón, Conservadora del Departamento de Documentación) me aseguraron en correo electrónico del 10 de julio que no tienen constancia de la pieza.

Las últimas referencias que he encontrado sobre la presencia de la tabla con la defensa de pez espada en el Museo Naval datan de 1903 y 1929.

En el número 207 del 22 de mayo de 1903 de la revista “Alrededor del Mundo” se puede leer una frase que sin duda hace alusión a las tablas procedentes de Cuba y Torrevieja:

En el Museo Naval de Madrid hay tablas con el arma del pez espada hincada en ellas”.

Finalmente en 1929, el Diario La Tierra del 19 de enero de 1929 publicó un artículo titulado “Peces que echan barcos a pique”, donde habla de barcos hundidos por cachalotes y por supuesto, por peces espada. En dicho artículo se puede leer:

En el Museo Naval de esta corte se conserva un tablón de un barco que corrió la misma suerte; el pez fue muerto y su terrible arma está todavía sólidamente atravesada en la madera”.

Parece que ya entonces faltaba uno de los dos tablones. No sabemos cuál de ellos.

Toda investigación, por humilde que sea, debe plantear nuevas preguntas para seguir investigando. Y el extraño caso de la tabla atravesada del laúd Niña Regina plantea todavía algunas cuestiones. ¿Quién era el patrón José Valentí?; ¿qué tripulación formaba el Niña Regina cuando sufrió el ataque?; ¿hasta qué fecha hay registro de que la pieza permaneciera en el Museo Naval de Madrid?; ¿sobrevivió al nuevo cambio de sede que sufrió el Museo en 1932? ; ¿hay alguna fotografía de detalle tomada en la Exposición Internacional de Pesca de Londres?¿Dónde terminó la pieza?

Probablemente la última pregunta, la más importante, no pueda ser respondida nunca. O tal vez la extraña pieza aún depare una sorpresa más y aparezca cualquier día en un olvidado almacén.