Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 27 - Verano 2012
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Las rosas de piedra Conchita Moreno Alonso

Las rosas de piedra

Acabo de leer un libro, escrito por Julio Llamazares, titulado Las rosas de piedra, publicado por Alfaguara en el año 2008. En este libro, el escritor, que se autodefine como el viajero, narra un recorrido por diferentes pueblos y ciudades de la mitad norte de España: Galicia, Reino de León, Castilla la Vieja, País Vasco, La Rioja, Aragón y Cataluña, donde se encuentran ubicadas catedrales y diócesis.
Comienza el libro en Santiago de Compostela con el capítulo titulado «A los pies del Señor Santiago» y termina en Cataluña con el capítulo «El vergel de Tortosa». Es interesante sin duda la descripción de las catedrales: sus estilos, su antigüedad, su historia, distribución de las diócesis, etc., pero mucho más interesante es, a mi parecer, la descripción de personajes sorprendentes, de paisajes irrepetibles, de emociones sentidas por el viajero, del significado de la palabra viaje.
Este libro me lo ha regalado mi hijo, conocedor de mi interés por la historia y por los viajes, y acertó de lleno en su regalo, me ha gustado mucho y me ha hecho reflexionar. Viajé mucho por España, con mi marido y mis hijos pequeños; y cuando digo viajar, no me refiero a ese turismo que se hace ahora planificado y cronometrado; cuando digo viajar, quiero decir coger el coche e ir donde te lleven el viento, tu intuición, tus emociones, tus descubrimientos. Han pasado los años y poco a poco he tenido que ir sucumbiendo a los viajes organizados, en los que te llevan donde quieren, como quieren y a la hora que quieren, sin que te puedas detener a mirar, a hablar, a escuchar, a sentir...
He disfrutado y hasta me he emocionado con la lectura de este libro: por su contenido, por los recuerdos que ha despertado en mí y por la reflexión que he expresado anteriormente.
Para una mejor comprensión de su contenido, y porque me han gustado determinadas frases que el autor escribe en el preámbulo de dicho libro, me permito transcribirlas:

Este es un viaje en el tiempo y en la geografía. En el tiempo, hacía el pasado, hacía la época en que se construyeron esos maravillosos edificios que han sobrevivido en el tiempo. En la geografía, a través de un país que es un mosaico de regiones tan diferentes como sus paisajes.
No establezco ninguna teoría, ni pretendo llegar a ninguna conclusión. Al revés, me limito a contar lo que he visto y me ha sucedido, sin pretender convertir mi viaje en una lección. Ni de historia, ni de arte, ni mucho menos de espiritualidad. El único sentido de los viajes es enfrentarse a otras realidades, para confrontarlas luego con las que uno vive.
Las catedrales, por más que algunos pretendan, no son ya más que espejismos, reliquias de un tiempo ido que quedó aprisionado en ellas.
A deshojarlas como si fueran rosas de piedra, enormes rosas arquitectónicas, surgidas en nuestras ciudades hace ya cientos de años y hoy olvidadas por la mayoría, he dedicado este libro.
Sin otra voluntad que la viajera y sin otra intención que la literaria. Esa que sigue la estela de los antiguos viajeros, aquellos que partían por partir, en palabras de Rimbaud, o que prefierían un mal camino a una buena venta, en las de Cervantes. Los viajeros, en suma, que iban buscando la magia que el mundo ofrece a los que lo andan.