Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 56 - Otoño 2019
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Microbiología forense y bioterrorismo: el caso Amerithrax Manuel Sánchez Angulo



El pasado 1 de mayo, el principal responsable del atentado contra las Torres Gemelas fue liquidado por la acción de un comando de élite estadounidense. Todos recordamos las imágenes de la masacre del 11 de septiembre, pero es probable que no recordemos que una semana después los norteamericanos sufrieron otro ataque terrorista, aunque de una clase muy diferente.

El 18 de septiembre del 2001 se enviaron cinco cartas a diferentes medios de comunicación. Todas ellas contenían un polvillo marrón y el siguiente texto: “09-11-01 / esto es lo siguiente / toma penicilina ahora/ muerte a america / muerte a israel / ala es grande”. Los destinatarios no dieron mucha importancia al envío, pensando que era la típica carta del chalado de turno que intentaba llamar la atención  en aquellas aciagas fechas. Pero al cabo de unos días, Robert Stevens, periodista del diario sensacionalista Sun, comenzó a tener fiebre y dificultades respiratorias. El 2 de octubre fue ingresado en el hospital. El 4 de octubre se le diagnóstico que sufría ántrax pulmonar. Dos días después falleció.

La causa de la muerte de Stevens era rara, pero no extraordinaria. El ántrax o carbunco es causado por la bacteria Bacillus anthracis, una bacteria que habita en suelos ricos en materia orgánica. Generalmente el ántrax afecta al ganado, pero a veces se dan casos en humanos. Stevens había estado de vacaciones en Carolina del Norte y quizás en algún paseo campestre se había infectado con las esporas de dicha bacteria. Pero resultó que cuatro casos más de la enfermedad fueron diagnosticados en las mismas fechas en otros hospitales, y todos los afectados estaban relacionados con medios de comunicación. Las alarmas comenzaron a sonar. El FBI pudo recuperar dos cartas que fueron dirigidas al New York Post y a la cadena televisiva NBC. El polvillo marrón fue analizado y se descubrió que eran esporas de Bacillus anthracis.

Durante esos días, una segunda remesa de cartas llegó a las oficinas de dos senadores demócratas en Washington D. C. Esta vez los afectados fueron muchos más, ya que cada sobre contenía un gramo de esporas tratadas para que se aerosolizasen fácilmente. Varios empleados de correos se infectaron sin que el sobre hubiera sido abierto. En total los dos ataques afectaron a 22 personas de las cuales murieron 5, aunque se estima que unas 30.000 personas se vieron expuestas a la bacteria patógena.

La investigación criminal para descubrir al culpable fue conocida como el caso Amerithrax y ha sido una de las investigaciones más largas y caras, pues ha involucrado tanto a agentes de la ley como a científicos. Al final las pruebas apuntan a que al menos uno de los responsables fue el científico Bruce Ivins, que trabajaba como especialista en biodefensa para las fuerzas armadas estadounidenses. En junio de 2008 se le comunicó que era el principal sospechoso y un mes después se suicidó.

Al poco tiempo aparecieron las primeras voces críticas que proclamaban que no había suficientes evidencias científicas para inculpar a Ivins. Lo cierto es que aún quedan puntos oscuros, y eso lo reconocen tanto los científicos como los agentes del FBI involucrados en la investigación. Por ejemplo, aunque se sabe con certeza que las esporas provienen de laboratorio de Ivins, aún no se ha  podido demostrar que él las enviara o si tenía algún cómplice. Tampoco se ha establecido claramente el intervalo de tiempo en el que comenzó a elaborar y preparar dichas esporas en su laboratorio ya que se ha estimado que necesitó varias semana para producirlas. Y mucho más importante: ¿cuál fue la motivación que le llevó a cometer el crimen? Lo cierto es que cuando se realizaron las acusaciones aún no habían terminado todas las pruebas forenses que demostraban que Ivins había producido las esporas de la bacteria. Pero ahora si han acabado y las conclusiones han sido publicadas en un artículo de la revista Proceedings of the National Academic of Science. Merece la pena describir brevemente el desarrollo de este caso de microbiología forense.
 
Cuando en octubre de 2001 quedo establecido el hecho de que se había lanzado un ataque bioterrorista, lo primero que hicieron las autoridades fue intentar determinar el origen de las bacterias usadas en el ataque. Los sobres fueron enviados a Fort Detrick, sede del Instituto de Investigaciones Médicas en Enfermedades Infecciosas del Ejército de los Estados Unidos, más conocido por sus siglas USAMRIID. Los sobres fueron analizados por los dos mejores expertos en biodefensa de dichos laboratorios: John Ezzel y… Bruce Ivins.
 
Ambos encontraron que las esporas habían sido tratadas para que su dispersión aérea fuera muy fácil. Como he indicado más arriba, la bacteria Bacillus anthracis puede encontrarse en la naturaleza, y sus esporas también. Pero esas esporas suelen agruparse formando grumos muy grandes y pegajosos, que generalmente se quedan en el suelo. Son grumos tan grandes que rara vez puede llegar a penetrar en los pulmones. Las esporas de los sobres en cambio no formaban dichos grumos y se dispersaban fácilmente en el aire. Era un signo inequívoco de que habían sido manipuladas para convertirlas en un arma biológica muy efectiva, y de que la persona que lo había hecho era sin duda un científico de gran habilidad.

Como es lógico el FBI no pidió ayuda sólo a los científicos de USAMRIID. Muestras de las esporas y de los pacientes fueron enviadas al profesor Paul Keim, de la Universidad del Norte de Arizona, que había desarrollado un test de DNA que permitía identificar a casi cualquier cepa particular de Bacillus anthracis mediante la comparación de unas determinadas regiones del genoma. Keim encontró que todas las esporas utilizadas en los dos ataques provenían de una sola cepa bacteriana utilizada en la investigación del ántrax y denominada cepa Ames. Dicha cepa fue aislada de una vaca que murió en Texas en 1981, y se utilizaba con vistas a la producción de vacunas y medicamentos para tratar el ganado. La cepa Ames fue estudiada en los laboratorios del USAMRIID por Bruce Ivins y en 20 laboratorios más. Todo indicaba a que los ataques habían sido realizados desde suelo norteamericano. Pero ¿desde dónde?

Si esto fuera un capítulo de CSI sobre un crimen realizado con una pistola e imaginamos que las esporas son balas, el descubrimiento de Kleim había permitido establecer el tipo de pistola y el calibre de la bala, pero no había sido capaz de identificar qué pistola en particular había realizado el disparo. La forma de hacer esa identificación es observar las estrías de la bala pues son exclusivas de cada pistola. Así que lo que había que hacer era determinar las “estrías genéticas” de la cepa utilizada en los atentados. Para ello el FBI recurrió a la doctora Claire Fraser-Ligget, del Instituto de Investigación Genómica (conocido como TIGR) para que secuenciara el genoma completo de la cepa utilizada en los ataques.

Mientras en los laboratorios de USAMRIID, la doctora Pat Worsham trabajaba con las esporas usadas en los ataques y notó algo curioso cuando las crecía en un medio de cultivo. Todas las muestras utilizadas contenían cuatro tipos de mutantes además de la cepa mayoritaria. Fue el propio Ivins el que explicó que esa observación significaba que era una especie de “firma biológica” que confirmaba que todas las esporas habían sido producidas en el mismo lugar, pero lo hizo de una manera muy peculiar. En su informe escribió la siguiente conclusión “Daschle ≠ B.I. cultures”, que significaba que los cultivos de la cepa Ames obtenidos del ataque al senador Daschle eran distintos a los cultivos de Bruce Ivins obtenidos del aislamiento original de la cepa Ames en 1981.

A principios del 2002, el FBI pidió muestras a los diferentes laboratorios que trabajaban con la cepa Ames para que fueran analizadas por la doctora Worsham. Para salvaguardar la eficacia y confidencialidad del proceso, a cada muestra se le asignó un código para que el investigador desconociera de donde provenía. Esa petición incluía a las muestras del laboratorio del propio Ivins. Es lógico si tenemos en cuenta que era uno de los laboratorios de referencia. Sin embargo, a partir de ese momento, Ivins comenzó a comportarse de manera muy extraña. Ya había llamado la atención al FBI el hecho de que Bruce Ivins estaba demasiado ansioso por cooperar con ellos en el esclarecimiento del caso. Incluso llegó a acusar a varios de sus compañeros del USAMRIID de ser los responsables de los ataques. Además Ivins mostró un comportamiento “peculiar” durante la investigación. En una ocasión mandó a una estudiante una fotografía en la que se le veía a él sosteniendo un cultivo de Bacillus anthracis sin guantes ni protección alguna. Ahora, en cambio, comenzó a encerrarse con llave en su laboratorio y a pasar horas y horas aplicando medidas de limpieza y ensayo de la presencia de esporas en su laboratorio, algo que debía de ser hecho por personal especializado y no por él mismo.
 
Sin embargo, en abril de 2002, el principal sospechoso era un médico llamado Stephen Hatfill que había hecho apariciones estrafalarias avisando de ataques con esporas de Bacillus anthracis y recomendando que se administraran antibióticos de manera masiva a la población. Pero cuando se realizó un registro de su casa y pertenencias no se encontraron rastros de las esporas usadas en el ataque. En el 2003, cuando se desarrollaba la segunda guerra de Irak, el equipo de la doctora Fraser-Ligget había conseguido sus primeros progresos en la identificación de las “estrías genéticas” de la cepa de Bacillus anthracis. Tras secuenciar el genoma completo de las distintas muestras, sus resultados confirmaban que la cepa de los ataques era idéntica a la cepa Ames original. Un resultado opuesto a lo que había dicho Ivins.

La doctora Fraser-Ligget no se desanimó. La cepa usada siempre estaba acompañada de cuatro mutantes, así que quizás ellos sí mostrarían diferencias genéticas. En paralelo, la doctora Worsham también obtenía sus primeros resultados. Una de las muestras enviadas por los distintos laboratorios contenía los cuatro tipos de mutantes que se observaban en la cepa usada en los ataques. Era una cepa de un laboratorio de Ohio, pero a su vez dicha cepa había sido enviada a Ohio por el propio Ivins. Entonces ¿por qué no aparecían los mutantes en las cepas del laboratorio de Ivins?

En diciembre de 2003 se realizó un inventario de todas las cepas de Bacillus anthracis almacenadas en el USAMRIID, y se encontraron 25 tubos realizados por Ivins pero no catalogados. El FBI decidió tomar muestras de todas las cepas pero no dejando a Ivins manipular nada. Esta vez los análisis de Worsham encontraron las cuatro cepas mutantes en las muestras de Ivins ¿Había manipulado las primeras muestras que envió? Aún no era suficiente para estar seguros. En marzo de 2005 el equipo de la doctora Fraser-Ligget terminó de secuenciar por completo los genomas de los cuatro mutantes de Bacillus anthracis. Observó una semejanza del 99,9% entre los más de cinco millones de pares de bases que contiene un genoma de esta bacteria. Pero también había diferencias en segmentos genéticos de un tamaño inferior a 1000 pares de bases. Esas pequeñas diferencias eran suficientes para asegurar el origen de cada una de las muestras. Eran las “estrías” que habían estado buscando.

El FBI envió a la doctora Fraser-Ligget las mismas muestras codificadas que había utilizado la doctora Worsham para ser analizadas. Mientras, comenzó a interrogar a todo el personal del USAMRIID que pudiera tener acceso a las cepas de Ivins, y eso incluyó a la propia doctora Worsham y al doctor Ezzell. Pero el FBI seguía dando palos de ciego. Estaban seguros que las esporas habían sido originadas en el USAMRIID, pero no de quién lo había hecho. En agosto de 2007, el equipo de la doctora Fraser-Ligget terminó de analizar las 1509 muestras que el FBI le había enviado. Sólo 8 habían resultado positivas de manera consistente, y las 8 provenían del laboratorio de Bruce Ivins. Se había encontrado la pistola que había disparado las balas, pero ¿era Ivins el tirador?

Como he dicho al principio ese es uno de los puntos oscuros. En noviembre de 2007 se interrogó a Ivins sobre el asunto de su manipulación de los cultivos y sobre su extraño comportamiento. Para defenderse, Ivins llegó a asegurar que él ¡no era un experto en Bacillus anthracis! Aunque no se le llegó a acusar formalmente, los interrogatorios continuaron en meses posteriores descubriéndose que tenía una vida privada algo rara por decirlo suavemente. En una sesión de terapia llegó a decir que iba a coger un arma y asesinar a sus compañeros para así poder irse con “un fulgor de gloria”. Pero eso no quería decir que fuera el criminal que había preparado las esporas y mandado las cartas. En julio de 2008 Ivins se suicidó mediante una sobredosis de paracetamol y alcohol. Quizás algún día conozcamos más detalles de toda esta historia.



 




Bibliografía:

  1.  Anthrax Redux: Did the Feds Nab the Wrong Guy?  Wired Magazine, 24 de marzo 2011. http://www.wired.com/magazine/2011/03/ff_anthrax_fbi/all/1
  2. Bacillus anthracis comparative genome analysis in support of the Amerithrax investigation. Rasko et al. Proceedings of the National Academic of Science. 2011.http://www.pnas.org/content/early/2011/03/01/1016657108.full.pdf+html
  3. Colleague Disputes Case Against Anthrax Suspect. The New York Times. 23 de abril de 2010. http://www.nytimes.com/2010/04/23/us/23anthrax.html



Microfotografía electrónica de barrido que muestra a la bacteria Bacillus anthracis invadiendo tejido del bazo de un mono. Para aumentar el contraste se ha coloreado la imagen. Las bacterias están coloreadas de amarillo, y en rojo se muestra un eritrocito.

 

Aspecto de las colonias de Bacillus anthracis de la cepa Ames utilizada en los ataques bioterroristas del 2001. “Wild type” es la cepa Ames original, y a su lado se muestran los otros cuatro morfotipos mutantes.