Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 67 - Verano 2022
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
El nacimiento Encarna Hernández Torregrosa
 

 

Es necesario un instante para comenzar la creación de un relato. Aunque en ocasiones éste se convierta en una eternidad. Incluso el relato o novela necesita de una parte de su creador para nacer. Pero creo que es necesario un gran valor para introducirse en el mundo de “la palabra”.


Algo semejante ocurría hace cinco años, cuando surgió como una semilla la idea casi fantástica de crear una revista cultural como es Ars Creatio, apoyada por unas personas que creyeron en la posibilidad de mostrar al mundo sus trabajos. Han sido largas jornadas de trabajo… y satisfacciones. Durante estos cinco años hemos presentado 21 números de la revista, en los que colaboraron más de 150 autores. La mayoría de ellos se encontraban muy lejos de nuestra ciudad, Torrevieja.

Se han publicado más de 600 textos en las categorías de poesía, ensayo, narrativa, teatro, entrevista, música, historia, así como artículos científicos y otros especiales. Se ha homenajeado a figuras de la cultura local e internacional. Se presentaron libros editados con el sello de Ars Creatio y el Instituto Municipal de Cultura. Se ha realizado teatro leído, organizado conferencias, se han efectuado estudios científicos y un largo etcétera.

En este momento pienso que todo ello nos lleva a ver un presente cargado de “ideas”. Ideas sin manipular, ni comunicadas por dioses, ni extraterrestres, sino que forman parte de la capacidad creativa de aquellas personas que ya forman parte de la asociación. Los creadores de este medio de comunicación que es Ars Creatio no podemos más que sentirnos satisfechos de haber servido de puerta para las personas que poseen la capacidad de escribir, pintar, realizar estudios, amantes del arte y la cultura que en muchas ocasiones no tienen oportunidad de publicar. El resultado podemos verlo en la publicación trimestral, y medirlo también en cifras: más de medio millón de entradas registradas. No es necesario crear a un Hamlet para publicar -desde que Shakespeare lo creó, Hamlet también tuvo que demostrar si era o no genial, cuestión que tuvo que considerar sobre la calavera-.


Es complicado crear un texto. Cuando nos enfrentamos a la creación, no nos damos cuenta de que tenemos el prodigio de la memoria y ésta puede transformar una sencilla idea en un relato o novela. Pero ¿qué es la novela? Un largo embuste. Se mete en 300 folios y quizás salga un premio o un tratado de ética. Todo ello con la ternura de una historia, contada quizás al caer la noche, teniendo por delante La eternidad de un instante para saborearla. Nos introducimos en historias donde Los hijos de la luz llenan un mundo de aventuras. Llegamos a conocer a El candidato. Y en ese universo imposible alcanzamos La última respuesta. Caminando en la oscuridad recalamos en ese local cuyo nombre es una novela, La noche detenida.

Todo envuelto en una belleza que sólo se encuentra en un vapor de plata y sueños, frente a unos montículos de sal, propios de una fantástica historia. En el puerto, el faro está haciendo guiños para decirnos que va a comenzar una noche fantástica de embustes, donde hasta la noche es mentira. Mientras en La eternidad de un instante podemos disfrutar al menos de La cena secreta.


Mi atrevimiento me ha llevado a utilizar “la palabra” en este artículo, no como escritora de mérito, ya que envidio a cuantos poseen esa facultad de la cual me veo demasiado desnuda, sino como juego, utilizando títulos de distintas novelas premiadas en Torrevieja. Es esa misma “palabra” la que es utilizada durante años en los trabajos que aquí se han publicado, contribuyendo, en la medida de lo posible, a mejorar la sociedad a la que pertenecemos. Estoy convencida de que así se crean las obras geniales.

Y esto es cuanto hemos intentado hacer en estos cinco años. No escribiendo sin plan, ni abrigar una pasión dominante de criticarlo todo, con razón o sin ella. En medio de los desalientos, cuyos escollos se soportan en silencio, el mayor pesar siempre es el lastimar a alguien con “la palabra”.

El objetivo fue poder hacer uso del gran valor de “la palabra”. De hecho, cuando ésta se silencia, nos damos cuenta de que durante un tiempo los escritores, poetas, filósofos, científicos y creadores en general ofrecieron cuanto tenían: su don. Ven las cosas como son, descubriendo en ellas tanto lo feo como lo hermoso. Tal vez ésa sea su mayor angustia.