Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 64 - Otoño 2021
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Nuevo día Rodolfo Carmona Rodríguez



Nuevo día. Niebla. Humedad. La hierba remojada en la saliva de las nubes. Quietud emborronada. Bruma que se ancla a la tierra cansada ya de alturas. Lo cotidiano se detiene a conversar al compás de una guitarra. No hay suspiros en los dátiles cercanos y las mimosas entretejen sus racimos amarillos a escondidas del invierno. Aguardan al sur de primavera. La plaza agiganta sus misterios con la escaramuza de dos tórtolas. Mi barrio es la periferia de una ciudad de mar, un lugar donde la flora aún no tiene los días contados.

Nuevo día. Día en donde zozobra la nostalgia.

El romero se viste con boleros de sur y cielo. El jardín dormita esta mañana. Como yo. Tengo los ojos medio entornados. Y sueño.

El atril de la vida dispone a su antojo los teoremas, todas las doctrinas e hipótesis filosóficas que tratan de explicarla. La vida. Misterio. Arcano. Me someto a sus dictados. No me afano en domeñarla. No es la vida animal de pastoreo sino salvaje. Animal que siempre se disfraza de muerte para sobrevivir a su existencia.

Siguen las palabras el camino que las lleva a la frontera. Allí se encuentra la laguna donde su esperanza cobra vida. Vida de nuevo. En fin. Tomo un café calentito. Y observo lo que ocurre. O lo que creo que ocurre.

Y ocurre, ahora, que el silencio está repleto de música. Música que sirve para todo. Tiene la ductilidad de lo arcilloso, de aquello que moldea los sentimientos de un espíritu que no duerme por las noches. El clásico dijo que la vida es sueño. Y ya se sabe que los clásicos siempre cantan medias verdades. Que es la única forma sensata de no mentir. Sueño que no despierta nunca en la alborada. Sueño.

Escribir, en ocasiones, es un salto entre ayer, hoy, mañana. Pasó la tarde. Pasó sin tributo de palabra, ni el recuerdo tangible de unas sílabas. Nombrar los días es una forma de vivirlos. Por eso procuro dedicar un rato diario a la poesía. Exorcizo así lo que me inquieta.

Entiendo la literatura no como un arte, que eso es sólo para los genios de salón. Entiendo, decía, lo literario como una conversación íntima con el otro. Un diálogo que no siempre se completa. No nos engañemos. Mucho tiene de magia y de azar lo de iniciarlo.

Es de noche. Y estoy lejos del lugar desde el cual, casi siempre, os converso. Alguien llamó decires a mis versos. Me gustó. Este oficio tiene algo medieval y, por qué no, también rupestre. En el fondo, todo es contar historias frente al fuego. Decires. Palabras. Versos. Historias. Finalmente, tú y yo, a solas frente al fugacísimo crepitar de este folio.