Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 19 - Verano 2010
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Recuerdos de la mar del patrĂ³n Antonio Aniorte Francisco Rebollo Ortega
PATRÓN MAYOR DE CABOTAJE ANTONIO ANIORTE SÁNCHEZ

Ya han pasado varios años desde que realicé una serie de entrevistas a todos los patrones de cabotaje de Torrevieja que en aquel momento vivían en esta ciudad, entre ellos, a los lamentablemente fallecidos, Rafael Hernández Sala, “Fabrilo”, José Ibáñez Mercader, Francisco Ibars Baeza, Mariano Mercader Esteban, Pedro Mercader Ortigosa, “Perete”, Miguel Samper Gutiérrez el Botero, y a los que viven en la actualidad, Antonio Aniorte Sánchez, Joaquín Ros Ponce y Jaime Sanz Gómez. Aquellas entrevistas fueron el comienzo de una gran amistad con todos ellos. De todos guardo gratos recuerdos, además de haber tenido el privilegio de conocer de primera mano una parte de su vida marinera al mando de los míticos pailebotes transformados en motoveleros. Todos estos artículos se publicaron en su día en la página Torrevieja Entrañable del semanario Vista Alegre.

     

Hace unas semanas, sobre las 12 de la mañana, en el paseo Vista Alegre, de Torrevieja, sentados en unos de sus ondulados bancos que dan frente al sur, estuve hablando con Antonio Aniorte Sánchez sobre los años que estuvo al mando de 16 motoveleros de la Naviera Mallorquina. Aquella mañana, Antonio comenzó a contarme algunas de las cosas que le pasaron estando al mando de estos barcos. Cuando nos despedimos quedamos en vernos otro día para seguir contándome lo que ocurrió cuando un día de niebla, estando al mando del motovelero “Cala San Vicent” –antiguo “ Carmen Flores” - el barco embarrancó cerca del puerto de Blanes en la costa de Gerona.

LA NAVEGACIÓN
“Sobre el año 1962, siendo patrón del motovelero de dos palos “Cala San Vicent”, de 27,5 metros de eslora y 8,10 metros de manga, con foque y trinqueta a proa, velas cangrejas en el palo mayor y en el palo mesana y un motor de 100 CV, salimos de San Pedro del Pinatar con 240 toneladas sal con destino Blanes, con una tripulación de 8 hombres: 2 motoristas, 1 contramaestre, 1 cocinero, 3 marineros de cubierta y yo. A media noche, cuando nos encontrábamos a la altura de la desembocadura del río Tordera, que está a 2 millas aproximadamente al sur del puerto de Blanes, se cerró en niebla densa, por lo cual decidí parar la maquina y proceder a sondar con el escandallo de mano, que dio una sonda de 50 metros. Al cabo de una hora, sería la una de la madrugada, di una palada avante para abrirme un poco de la costa, pero al dar avante noté que el barco no se movía. Presagiando que estábamos embarrancados, a pesar de la sonda de 50 metros tomada anteriormente. Llamé a la tripulación para decirles que estábamos embarrancados, manifestando uno de ellos, que no había notado nada. Tengo que decir, que en aquel momento, la mar estaba completamente en calma. Inmediatamente, procedí a sondar de nuevo, resultando 5 metros de sonda, con muestra del fondo, teniendo en cuenta que el calado del barco a popa era de unos cinco metros y medio. Como estábamos con niebla espesa y el barco no disponía de radar, deduje por estima que estábamos a unas 2 millas al sur del puerto de Blanes. Al comprobar que el barco estaba embarrancado con la proa a la costa, procedí a dar atrás la máquina para ver si salía. Al ver que el barco no se movía, y deducir que la parte baja del codaste se metía más en el fondo, pensé que la única forma de sacar el barco sería dándole la vuelta para poner la proa hacia fuera, para lo cual, se arrió un bote con un anclote y un cabo para fondearlo en el través de babor, con el fin de intentar que el barco se moviera poco a poco, virando el cabo con la maquinilla de proa. Efectivamente, después enmendar la posición del anclote hasta tres veces, conseguimos que el barco se pusiera con la proa hacia fuera, y por consiguiente la popa a tierra; pero sin que saliera todavía del fango. En esa posición, con el anclote a proa, virando del cabo y al mismo tiempo con la máquina avante toda, el barco no se movía. Entonces pensé, que como el cargamento de sal estaba situado intencionadamente de media bodega hacia popa para mejor navegar, con el fin de levantar la popa, mandé a tres marineros con palas para pasar unas 30 toneladas de sal hacia proa de la bodega, trabajo que duró una hora aproximadamente. Al cabo de un rato, el barco comenzó a moverse poniéndose totalmente a flote. Una vez que recuperamos el anclote con la maquinilla, puse rumbo para abrirnos de la costa. Habiendo transcurrido en esta maniobra unas cinco horas desde que el barco embarrancó hasta que lo pusimos a flote.

LA ENTRADA EN EL PUERTO DE BLANES
Al amanecer, cuando estábamos a la altura de la desembocadura del río Tordera y a dos millas del puerto de Blanes, la niebla desapareció. Ese día entramos en puerto, y mientras se descargaba la bodega escribí los acaecimientos ocurridos la noche anterior en el diario de navegación. A continuación fui a casa del consignatario para hablar por teléfono con el capitán inspector de la Naviera Mallorquina, para informarle de lo ocurrido. El Inspector me preguntó si el barco había sufrido algún daño, al decirle que no había sufrido daño alguno, me dijo que escribiera en el diario de navegación todo lo ocurrido, a lo que le respondí que ya lo había hecho. Pasado el tiempo, estando en Palma de Mallorca, fui a las oficinas de la Naviera, en donde saludé personalmente al capitán inspector que no hizo comentario alguno de lo ocurrido cuando el barco embarrancó. Aunque no recuerdo sus nombres, si que puedo decir que varios de los tripulantes eran de Torrevieja, entre ellos el cocinero, apodado el “Raspallón”, otro marinero era el Listón, que entonces vivía en Valencia, que precisamente al ver el barco embarrancado me dijo que no podría sacarlo, a lo que yo le conteste: -Si ha entrado por el mismo sitio tendrá que salir”.

EN EL MOTOVELERO CALA VIRGILI
Siendo patrón en el motovelero “Cala Virgili”, igualmente de la Naviera Mallorquina, cargamos 400 toneladas de cemento con destino a Palma de Mallorca, donde llegamos un sábado al amanecer. Ese mismo día, nos descargaron la sal con dos grúas, participando en la descarga de la bodega los marineros de la tripulación, que al no ser obligatorio realizar este trabajo, lo hacían con el fin de ganar unas pesetas extra, ya que el capataz encargado, como era costumbre, siempre preguntaba si algún tripulante quería participar en la descarga, en la que los marineros trabajaron todo el día. Como el domingo por la mañana teníamos que cargar sal fina en Formentera para Barcelona, y para ello teníamos que limpiar la bodega, le dije a la tripulación que había que hacer ese trabajo, ya que después de cenar debíamos zarpar para Ibiza. Entonces al decirme que estaban cansados, yo les dije que podían descanar en Ibiza donde llegaríamos de madrugada, antes de ir a Formentera. Estando todos de acuerdo con esto, salimos a la mar rumbo a Ibiza. Pero a media mañana, estando en puerto, al ver que no había movimiento en la bodega para limpiarla, le pregunte al contramaestre porque no se los marineros no la estaban limpiado según lo convenido, a lo que me contestó, que como era domingo no lo querían hacer. Llame a los marineros para preguntarle únicamente si iban a limpiar la bodega o no, a lo que todos me contestaron que no. Por lo que ante esa actitud les dije que no tenía más remedio que informar a la naviera de que el barco no podía cargar sal en Ibiza porque los marineros se habían negado a limpiar la bodega. Salté a tierra para informar a la Naviera, pero cuando apenas estaba a unos metros del barco, me llamaron para decirme que estaban todos de acuerdo en realizar aquel trabajo, tan necesario en aquel momento. Estos y otros problemas eran los que los patrones teníamos que solucionar como responsables del barco que nos había tocado en suerte mandar.


EN LA ACTUALIDAD
En la actualidad, Antonio Aniorte Sánchez, con 88 años de edad, es uno de los patrónes que navegaron en los úlltimos motoveleros de la marina mercante del Mediterraneo español. Además de los motoveleros todavía tuvo tiempo de mandar el yate “Alminara II” con los que recorrió la costa mediterránea de España, Francia, Italia y Grecia. Durante este tiempo aprendió a hablar francés e italiano.