Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 2 - Primavera 2006
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Las entra├▒ables Habaneras 1┬║ Francisco Rebollo Ortega
  Renaces tú

 

Habanera


                        

 

Renaces tú, habanera interpretada en directo por el coro Maestro Casanovas, de Torrevieja, durante el Certamen de Habaneras y Polifonía del año 2004. Esta grabación es propiedad del Patronato Municipal de Habaneras y Polifonía de Torrevieja. Nuestro agradecimiento por su colaboración.


LAS ENTRAÑABLES HABANERAS - I

 
UN PEQUEÑO RELATO
 
Hoy queridos amigos, vamos a navegar en uno de aquellos legendarios buques vela con su característico olor a sal y brea de la que se impregnaba la cabuyería para su conservación . Como el tiempo es bueno, y hemos terminado de baldear la cubierta de madera con agua del mar, nos hemos sentado con el contramaestre en los cuarteles que tapan la bodega para charlar un rato y disfrutar de este espléndido día soleado mientras sentimos y agradecemos el viento moderado en nuestro rostro. Más a popa, el timonel, mirando al compás y a veces hacia el horizonte de proa, mantiene el rumbo con sus encallecidas manos cogidas a la caña al timón. Nuestro barco es un pailebote nombrado “Salinero” de 190 TRB (Toneladas de Registro Bruto) que fue construido en Torrevieja en los astilleros de Torrevieja el año 1918 por el carpintero de ribera Miguel Gutiérrez, conocido por el “Tío Migallo”.El barco, propiedad de la Compañía Salinera, realizó sus primeros viajes en aquel año en que finalizó la Primera Guerra Mundial, compitiendo con desventaja con los muchos vapores mercantes que poco a poco fueron desplazando del mar a los barcos de vela, digo desplazándolos, pero nunca superándolos ni en la grandiosidad de sus maniobras, ni en su bella estampa con la velas blancas desplegadas, ni en la pericia y agilidad de sus marineros.
 

Seguimos navegando, mientras observamos la pequeña estela que nuestro barco va dejando en la popa en su navegación Atlántica, rumbo a América, o si preferimos rumbo a España, como un día lo hicieron las dulces habaneras en los el viajes de Cuba a España. Fue en la segunda mitad del siglo XIX, cuando las habaneras llegaron a España. Entonces no existían estaciones meteorológicas como las hay hoy día, que con la ayuda de satélite nos ponen al corriente de las predicciones del tiempo. Por eso, ocurría en algunas ocasiones, que los temporales, incluso algunos huracanes, obligaban a los barcos a permanecer en puerto varias semanas. ¿Y que solían hacer entonces los marineros durante los días que estaban en puerto con las faenas de descarga y carga o con el mal tiempo?. Lo que haríamos nosotros,trabajar, comer, descansar y saltar a tierra como dicen habitualmente la gente de mar. Claro, que aquella tierra, no era un lugar cualquiera, era ni más ni menos que la Perla de las Antillas, la que en su día fue la base de importantes expediciones al continente Americano, como la de Hernán Cortes a México. Siempre Cuba en nuestra historia y en nuestro corazón, con sus playas de fina arena, donde los platanales, cafetales, plantaciones de tabaco e ingenios de azúcar y abundante vegetación, dan color y aroma a esta isla antillana. Y poco a poco, aquellos marineros curtidos por el sol y el mar, en su tiempo libre, pescaban o recorrían, el malecón, o bien paseaban por las calles de La Habana vieja, incluso visitaban los bohíos cercanos. Y como el pueblo cubano, blancos, criollos, mulatos y negros siempre han sido personas alegres y sociables y amantes de la música, no sería difícil para aquellos marineros relacionarse con los cubanos y participar con ellos en sus típicas reuniones en la misma calle a la puerta de una de sus casas, o relacionarse en cafés, bares y otros establecimientos, incluso llegar a enamorarse de una bella nativa de los muchos tonos de color de piel que forman el crisol del pueblo cubano. De esta forma o parecida, podemos pensar, que tuvieron la oportunidad, de cantar y de bailar, y también de aprender la música y la letra de alguna habanera que posteriormente podían recordar y cantar en su largo viaje de regreso España, teniendo en cuenta, que para el manejo de aquellos barcos, el número de tripulantes era cuatro y cinco veces superior a los de cualquier buque actual de similar porte o registro.

 
  Creo, que sería razonable decir, que las tripulaciones de aquellos barcos, en sus las largas travesías, casi siempre contarían con algún marinero amante de la música que llevaría consigo la típica guitarra española o el laúd, lo que permitiría en algunos momentos tocar y cantar solo o acompañado de algún o algunos compañeros de a bordo. Las tripulaciones de los barcos de vela, durante su estancia en Cuba con el trato cotidiano con la gente de la isla llegarían a tener amistades, incluso llegarían a enamorarse de alguna linda cubana. Igualmente, pasearían por los muelles y sus inmediaciones, entrarían en alguna cantina para tomar un trago de ron, recorrerían la ciudad, fumarían algún cigarro habano hasta que en un cafetín o en la misma calle escucharon la primera habanera, canción que tomó el nombre de La Habana, capital de Cuba. En el viaje de vuelta las habaneras llegaron a España. Hoy, y a pesar del tiempo transcurrido, las habaneras se siguen cantando, ya que la mayoría de la corales las llevan en su repertorio. Quizás llegue el día en que un cantante se haga famoso en el mundo entero cantando habaneras. Claro, que antes tenemos que tener compositores, que consigan crear una habanera que el pueblo la asuma como suya, y que se pasee por el mundo entero, como ha ocurrido con habaneras como “La Paloma”, “Tú”y en los últimos tiempos con “Torrevieja”.
 
            LA TRADICIÓN

Desde niño, en mi querida Torrevieja, comencé a escuchar las habaneras, que durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros 20 años del XX, llegaron a esta villa en las voces y corazones de los tripulantes torrevejenses de los barcos de vela del comercio marítimo de la matrícula local. Esta flota de vela torrevejense, llegó a tener su máximo apogeo entre finales del siglo XIX y principio de XX, ya que por aquellos años llegó a tener 210 barcos de vela dedicados al comercio marítimo además de otros de pesca. Entre estos barcos, había 5 bric-barcas, 13 bergantines redondos, 29 bergantines goleta, 1 polacra redonda, 15 polacras goleta, 65 goletas sencillas o pailebotes, 14 goletas de gavia, 37 banladras, 1 queche y 30 faluchos y laúdes, muchos de ellos construidos en los astilleros de la playa de Torrevieja. Por este motivo, la gente de mar, capitanes, patrones y marineros de aquella villa que tenía unos 7.900 habitantes, llegaron a ser muy conocidos en los principales puertos del Mediterráneo español, francés, de norte de África y Galicia, con los que Torrevieja mantenía un activo comercio de sal y de otras mercancías desde principios la década de los años 50 del siglo XIX. En el año 1854, y sucesivos años los barcos de vela de Torrevieja transportaban sal a diferentes lugares, entre ellos la destinada al alfolí Real de la ría Betanzos y a otros puntos de Galicia. Podemos decir, que desde el comienzo la segunda parte del siglo XIX hasta el año 1920, los barcos de vela de Torrevieja, con más o menos intensidad, realizaron viajes América, principalmente a la Isla de Cuba, transportando sal de estas salinas, teja plana de Alicante, vino y alguna que otra mercancía a los puertos de Santiago de Cuba, Manzanillo y San Cristóbal de la Habana. Los barcos de vela de Torrevieja, también hicieron algunos viajes a Puerto Rico y a algunos puertos del continente americano como Montevideo y Buenos Aires, incluso a Pensacola en los EE.UU.

LA ANTIGÜEDAD DEL TRANSPORTE DE LA SAL DE TORREVIEJA
 
Para introducirnos un poco en el comercio de la sal de estas salinas, La sal de Torrevieja, ya se exportaba en la Baja Edad media, de la extraída entonces de la laguna salada de La Mata, que en aquella época pertenecía al antiguo reino de Aragón, cuyos arrendatarios durante muchos años y en régimen de monopolio, fueron la familia judío conversa de los Santángel, entonces importantes financieros que mantenían excelentes relaciones con el rey Fernando de Aragón. Los Santángel, siendo originarios de Aroca (Zaragoza), con el tiempo se trasladaron a vivir a Valencia. Esta familia estaba compuesta por Luis de Sántangel el Viejo, y sus hijos Luís de Santángel el Joven y Jaime, que precisamente por el entonces importante negocio de la salinas de La Mata llegaron a tener casa, en Orihuela, Redován y en la misma pequeña población de La Mata. Estas poblaciones, incluida Torrevieja, pertenecen en la actualidad a la comarca de Vega Baja del río Segura. En aquellos años, las salinas de La Mata –hoy pedanía de Torrevieja-estaban consideradas como las más importantes del reino de Aragón que también poseía la salinas de Ibiza.
 



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