Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 1 - Invierno 2006
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
La luna ocultó su rostro Encarna Hernández Torregrosa
 

Sólo aquellos que han ido caminando, por la orilla del puerto, donde los viejos barcos se encuentran varados, sujetos sin poder escapar a recorrer los mares a su antojo, aseguran que al caer la tarde, antes de que el oscuro manto de la noche, cubra las viejas embarcaciones, lejos de la mirada de algún intruso, la forma inconfundible de una mujer, se dibuja sobre un viejo velero. Es entonces cuando, confundida esta visión, con el vaivén de las ondas azuladas de la marea, dicen los viejos marinos, que han visto la figura con apariencia de un ser extraordinario: mitad pez, mitad mujer.

Yo sé de algún viejo pescador que afirma haberse aproximado a ella. Otros dicen que han podido comprobar que sus labios poseen el frescor aterciopelado de las rosas, armonizando con sus senos de marfil. Y aseguran que sus largos cabellos, recuerdan el resplandor del oro y como una cascada del preciado metal, su cabellera cae sobre sus hombros de alabastro, al tiempo que acaricia la vieja embarcación que tiene como hogar. Y al caer la noche, también aseguran que ésta, la cubre con su manto, como purísimas azucenas, compitiendo con la nacarada presencia de la luna. Como en un hechizo, la redonda esfera, pliega su resplandor, ante la silueta que se recuesta en la popa de la nave como si con ello se acercara a su amante.

Los que saben de su presencia afirman que no pretende seducir, tan sólo desea hacer suya la mirada de aquel hombre que confundió hace años con Ulises. Y coronada de vivos resplandores, va dejándose atrapar por el velo de los años, los cuales, al parecer, no dejan huella en su semblante. Así cada tarde, desde hace una eternidad, en el ocaso, queda confundida con el último brillo del sol, y ella, la Sirena, extiende un reflejo esmeralda sobre las aguas del puerto, al tiempo que corona de vivos resplandores, el cielo, con destellos tornasolados. Y entonces, más hermosas que nunca, se estira, se contonea. Ella, como mujer trasmutada en Sirena, intenta fascinar a aquel que la conquistó invitándolo a su palacio de perlas y corales... en cambio Él, ignorante de aquel embrujo, hace años que desapareció, mientras ella sigue esperando. Desde hace décadas, aseguran que ella, la Sirena, al atardecer se la puede ver como se acerca a las embarcaciones, y en la proa de aquella que lleva su nombre, descansa su frágil figura, mientras es acunada por las olas. Tristemente observa las luces que brillan en la orilla a la que teme acercarse. Y sigue esperando a ese hombre que la sedujo con su mirada.

Pero un mal día, fugazmente, un desconocido, sin que ella se diera cuenta, vio el movimiento de un extraño pez junto a una vieja embarcación. Aquel hombre despojado de ideas románticas, inmerso en la realidad más cruda, donde el seductor encanto de las Sirenas, no podía herirlo, enarboló su arma a manera de red, se dirigió hacia su presa con cautela. Entonces el resplandor de la luna mostró por un instante a la mujer, y viola curva de su cuello, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Él creyó que todo era parte de una extraña visión o consecuencia de algún hechizo que fluía a su alrededor. Entonces rápidamente el espectáculo se desvaneció. Y antes de que él pudiera reaccionar la Sirena se esfumó de su horizonte perdiéndose en la profundidad del mar. En las manos de ese hombre quedó la red amenazadora, que flotando sobre las aguas, intentaba atrapar a su presa. En ese instante la luna, majestuosa e inquisidora, sube bañada de alabastro para ocultar su rostro apenada. Y ofendida deja en profunda oscuridad al pescador…

Fue en ese instante cuando miré mis manos. En ellas fuertemente sujeta estaba la red como arma con la que atrapar a esa hermosa criatura. Ante el vacío en el que me encontré, lloré. Frente a semejante visión lloré como un niño, como el asesino arrepentido.En cambio, me alejé de allí para ocultar mi tragedia. Hoy relato mi historia en las tabernas de los puertos donde voy buscando a aquella que por un segundo se cruzó en mi camino. Y los borrachos al igual queviejos marinos, me miran como si vieran a un loco. Hoy de nuevo, junto a mis compañeros, al acabar el trabajo, convierto en una exageración aquella visión, sabiendo que pasará de boca en boca, sólo así he llegado a sentirme medio humano frente a una Sirena. Y así, despojado de sombrasy seres míticosalcanzóla realidad más fría, dando lugar a este mundo.

Pero en lo más profundo de mí ser, sé que ella, mi Sirena, habría sido capaz de nutrir mis ilusiones, de igual forma que sirve de musa al melancólico poeta, mostrando su magia. Esa magia que brota en los vastos mundos de los sueños que están más allá del horizonte. Y sé que sólo ella, me habría llevado a sus posesiones, trasformando en un hermoso cuerpo nacarado su parte de pez, cubriendo sus pies con sandalias de zafir y cuerdas de diamantes. Y en trono de espuma cristalina y fulgurantes colores, me habría ofrecido su armonioso cantar.Mi tragedia es haber descubierto todo ello en su mirada aquella noche cuando la luna me sumió en la más profunda oscuridad.