Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 67 - Verano 2022
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Almanaque Alicia Merino Labrador

 

    Siempre echo de menos abril, más aún en febrero, cuando el aire es templado por primera vez tras el invierno y un espejismo de primavera nos esperanza y estremece.
    La tibieza del aire contiene tanta información que me satura.
    Qué añoranza de la Luz… Es lo único que sin saberlo añora el hombre, porque de ella está prendida la vida entera.
    Es tan duro y tan largo el invierno, cabe tanto rigor en su fría oscuridad que nos hace animales cabizbajos girando responsables en una noria.
    Es con la luz cuando el hombre se rebela con su única arma y a la vez su cadena; el frenesí que provoca en los cuerpos la primavera, el olvido de los pesados oficios, la entrega perezosa y dulce al paso de las horas bajo una simple brisa amiga que libera y acuna, delicado elixir.
    Es en ese desasirse del yugo cotidiano donde todo acontece… Un diálogo que sana, reencontrarse con unos ojos, el olor de los cuerpos que se clasifican y avisan de su presencia por sí mismos, una mirada furtiva… Todo siempre con el mismo telón de fondo: una tarde rezumante de olores vegetales, la suavidad del aire y un cielo que evoluciona de sepia a azul cobalto, peligrosa alquimia que se resolverá a su bien amañado antojo.
El olfato, gran potenciador de sinapsis cerebrales, es el mayor heraldo que tiene el recuerdo.
    Por eso el tibio aire que esboza febrero nos perturba, pues contiene ya la flor del almendro, antesala de la afilada hoja que luego será el azahar, la cera de los velorios, los plenilunios pascuales, las flores inyectando su rabioso néctar en la serenidad del aire… Siempre leales a su cita los mismos ancestrales testigos.
    Decir que echas de menos abril es decir que echas de menos la vida, la vida en su formato intenso, cuando desprevenidos, entontecidos y desconocidos, la vida misma se nos presenta.
    Así las cosas, me acuerdo de abril casi todos los meses del año, excepto uno en el que, ya casi al final de sus días, sorprendida reparo en la fecha. Abril es un pájaro furtivo que nos visita una sola vez; mientras tanto, ausente nos lega su quebradizo nido en las desarboladas hojas del calendario.