Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 67 - Verano 2022
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
La leyenda de la torre Álvaro Alconada

  

—Abuelo, lo he pasado muy bien en la playa. Pero éste es un pueblo sin historias bonitas: aquí los reyes sólo quieren sal y los marineros sólo cantan y comercian.

—¿Te parece poco, mi hijo? La sal sirve para mucho más que el oro, aunque valga menos; y los que llevan historias de un lado a otro son los verdaderos aventureros…

—Pero yo quería escuchar leyendas de acción, de grandes gestas…

—Sube conmigo a esta colina y escucharás una historia pocas veces oída, pero más cierta que la vida. Porque aquí se realizaron las mayores gestas, las cruzadas más nobles…, que nos legaron el cantar de la leyenda de este lugar:

 

Escucha la leyenda de la torre
que un sabio se atrevió a edificar
sobre un terreno mágico
que la tierra ganó al mar:

Los antiguos jefes romanos
se lo arrebataron a Cartago
y vigilaban la bahía
desde este cabo “Servent”
cuyos espíritus temían.

Su brillante media luna
la puso el moro en su bandera,
al verla desde la atalaya
en que construyó su defensa.

Cielo que compartió el cristiano
derramando la sangre de sus venas.
Pero no le arrancó el espíritu
y Torre del Moro se queda.

Ya lo dijo el sabio moro:
sólo quien sabe amar
pondrá los pies en la tierra
y mi torre conquistará.

Dicen que, por la Virgen,
se escondió un tesoro en ella.
Que aún está bajo la fortaleza
y condenará al (avaricioso) que lo mueva.

Desde la Isla, los piratas
soñaban la libertad de sus orillas
embrujados por las gaviotas
que anidaban en sus cornisas.

Ya lo dijo el sabio moro:
sólo quien sabe amar
pondrá los pies en la tierra
y mi torre conquistará.

La forma de turbante
que esconden sus entrañas
no la pueden ocultar
sus puntas almenadas.

Su aspecto batallador
pueden ser suaves formas
que invitan a la ilusión
al que lucha con el corazón
por crear su propia historia.

 

¡No te rías de este viejo y de su entonación al cantar! Cuando era más joven, mi voz no carraspeaba ni temblaba como ahora… Pero lo importante es que entiendas el sentido de la leyenda, que aprendas que una conquista no es un dominio, y ser de una tierra no es poseerla sino compartirla: no como hicieron romanos, moros y cristianos. Sólo los sabios en singular subieron a lo alto de la torre y nadie les ha conseguido bajar: un tal Gübel llegado del norte, el sabio moro llegado del sur y otras gentes escogidas, de todos los puntos cardinales…

Ya lo sé, esto a ti te sonará a una leyenda fallida, sin príncipes heroicos ni princesas rescatadas… Pero créeme que esos de quienes te hablo, aquellos cuyas acciones permanecen en la memoria, son los más grandes caballeros que libraron las más difíciles batallas.

—¿Y la princesa? ¿No rescataron a ninguna princesa?

—También hay una princesa, que aparece las noches de luna llena junto a estos muros. Y es que aún no conoces a la hija de la luna, que yace en soledad en esta losa intentando encontrar a su madre en el reflejo... Es una princesa atrapada, de corazón soñador y ojos vidriosos, y vive la soledad de su tormento sin que haya caballero que la rescate…
Aquí espera la noche en vela, porque cree que desde aquí alcanzará su meta, pero la mañana la hace desaparecer antes de que la alcance…

Algún día la verás, es la más grande de las princesas: tiene la tierra por posesiones y el universo por pesar…

—Abuelo, ¿y tú viviste todas esas historias?, ¿conociste a sus héroes?, ¿luchaste con ellos?

—Je, je, je… ¡Por supuesto que les conozco! A ver cómo crees, si no, que te lo puedo contar con tanto detalle…

Sí, hijo: conocí sanguinarios guerreros cegados por estandartes, conocí viejos reyes hundidos en sus salarios, estuve con temidos piratas que miran a la libertad desde sus rejas, tuve ante mí el tesoro celestial y me resistí a llevármelo, conocí a la hija de la luna en su eterna búsqueda nocturna…

Y tú también conocerás a todos, correrás tu propia aventura con todos ellos. Pero recuerda siempre las palabras del viejo sabio moro:

Sólo quien sabe amar
pondrá los pies en la tierra
¡y la torre conquistará!