Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 64 - Otoño 2021
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
El poder Pilar Álvarez del Manzano

 

Más los dominaba, más fuerte y poderoso me sentía yo. Estaban a mi servicio, los dirigía y controlaba; los despreciaba por ello. Sé que me llamaban «cacique», pues los oía mientras me abrían el paso sus sonrisas desdentadas. «¡¿Cacique, yo?! Soy un oligarca, ignorante estúpido. ¡A ver cuándo aprendéis algo!».

Había sometido a todo el mundo con las técnicas de manipulación, pero él se resistió.

Le hablé como si fuera un niño, para que su respuesta fuera infantil y de esa manera no pudiera reflexionar sobre el tema. Pero su respuesta no fue infantil, sino reflexiva.

Intenté distraerle de los problemas reales con nimiedades, pero era un hombre profundo y huyó de las vaguedades.

Yo sabía que era un hombre solitario y pensé que, al no tener apoyos ni familiares ni sociales, se encontraría desprotegido en su aislamiento. Pero me equivoqué, sus convicciones eran muy sólidas.

Para desconcertarle, mis explicaciones eran vagas y superficiales. Pero él me preguntaba pertinazmente, para desenmarañar mi exposición.

Empleé eufemismos, cambiando el significado de las palabras, para crearle confusión. Pero era un hombre culto y sabía su verdadero significado.

Como era un hombre íntegro, quise hacerle responsable de las calamidades, para que perdiera su entereza. Pero se enfrentó a mí diciéndome: «Ustedes crean problemas, para que vivamos angustiados; luego, aparecen con la solución, como si fueran los salvadores. ¡¿Por qué crear problemas donde no los hay?!». Su respuesta me crispó los nervios, pero todavía me mantuve firme.

Le metí miedo pensando que así anularía su capacidad de respuesta. Pero se limitó a mirarme, de frente, sin miedo; pensé que desafiante. Y yo, persona fría y calculadora, terminé perdiendo el control y le estampé mi puño en plena cara, tirándole al suelo. Con rabia sin contener, le pregunté: «¿Por qué tú no me respetas?». Él, que intentaba levantarse del suelo ensangrentado, me respondió: «Porque no es digno de respeto quien no respeta».