Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 63 - Verano 2021
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Garrapatas, cerdos y trasplantes Manuel Sánchez Angulo

 

¿Ha tenido alguna vez una avería en su coche en la que le hayan tenido que cambiar una pieza del motor? Aparte del gasto monetario, la otra preocupación que uno puede tener es que no le hayan puesto un recambio de segunda mano. Normalmente los talleres ponen piezas originales y el coche vuelve a funcionar una vez más. A veces se comparan los trasplantes de órganos con llevarnos al taller para que nos recambien la pieza defectuosa. Sin embargo, a diferencia del ejemplo mecánico, en los seres humanos sí que se utilizan «piezas de segunda mano», ya que se requiere un donante de órganos para el trasplante.

Realmente sería deseable no tener que depender del fallecimiento de una persona para salvar la vida de otra, ¿no? Además, hay otra diferencia fundamental entre la analogía del taller y la de la mesa de operaciones. Cuando se cambia una pieza al coche, uno espera que la pieza funcione normalmente sin ningún problema, pero en el caso de los trasplantes, nuestro propio cuerpo rechaza el nuevo órgano, ya que lo considera «extraño». Eso es debido a que tenemos un sistema inmunitario muy eficiente que nos ayuda a defendernos de los agentes infecciosos que intentan invadir nuestro cuerpo. Lo malo es que no sabe distinguir entre «buenos» y «malos», sino que distingue entre «propio» y «extraño». Podríamos decir que nuestro sistema inmunitario es un xenófobo de campeonato, así que, por muy beneficioso que sea tener un riñón trasplantado para un paciente, su sistema inmune va a intentar destruirlo y expulsarlo. Ésa es la razón de que aquellos pacientes a los que se ha realizado un trasplante deban ser tratados con medicamentos inmunosupresores como la ciclosporina. Realmente sería un avance enorme si pudiéramos «crecer» los órganos humanos en un animal y, en caso de necesitarlos, extraerlos y trasplantarlos a los pacientes. Esa idea es muy antigua, la primera vez que se practicó fue en 1905, pero no se ha conseguido que funcione salvo en animales de laboratorio. Sin embargo, las cosas pueden estar a punto de cambiar.

Hay una enfermedad inmune conocida como «síndrome alfa-gal», aunque quizás sea más conocida por el gran público como «alergia a la carne roja». Los afectados sufren vómitos, diarreas y urticaria tras comer carne de vaca, cordero o cerdo. Fue descrita en el año 2002 en los Estados Unidos y su causa es bastante curiosa: la picadura de una garrapata. Cuando ese parásito nos pica, lo primero que hace es inyectarnos un disacárido denominado galactosa-alfa-1’3-galactosa, pero que es más conocido como alfa-gal. ¿Para qué hace eso la garrapata? Pues básicamente para confundir a nuestro sistema inmune y que así no podamos defendernos contra el parásito.

Galactose-alpha-1,3-galactose.svg

El disacárido alfa-gal (imagen de la Wikipedia)

Lo malo es que el disacárido alfa-gal no sólo está en la saliva de la garrapata. Está presente en las membranas celulares de muchos mamíferos, incluidos los cerdos, las ovejas y las vacas. Así que en aquellas personas que han sufrido la picadura de esas garrapatas puede suceder que su sistema inmunitario haya quedado «activado» para reconocer al disacárido alfa-gal, y cada vez que intenten comerse un chuletón, sus linfocitos crean que en realidad están siendo invadidos por una enorme garrapata. Con suerte, en unos 5 a 8 meses la alergia desaparece, pero hay personas a las que les dura toda la vida.

¿Y qué tiene que ver esto con los trasplantes? Resulta que los seres humanos y los monos no producimos alfa-gal. Así que una forma que tiene nuestro sistema inmune de «reconocer» una carne que no es humana es la presencia de ese disacárido. Bueno, pues mediante ingeniería genética se han conseguido cerdos que no pueden producir alfa-gal en sus membranas biológicas. Para ello ha bastado eliminar el gen que codifica para la enzima que produce el disacárido. ¿Y para qué sirve eso? Pues por lo menos para dos cosas. En primer lugar, has conseguido un cerdo que puede ser comido por aquellas personas que tienen alergia a la carne roja. Y, en segundo lugar, has conseguido un cerdo en el que puedes producir medicamentos como anticuerpos, o incluso que crezcan órganos «humanizados», ya que no van a provocar tanto rechazo a nuestro sistema inmune. Recientemente, la FDA norteamericana ha dado el visto bueno a estos «cerdos sin alfa-gal» tanto para su uso en alimentación como en la industria farmacéutica y biotecnológica.

Parafraseando el dicho, del cerdo se aprovecha todo, y ahora incluso más.

 

Referencias

Imagen de la garrapata Ixodes ricinus - Wikipedia

Imagen de los cerdos alfa-gal – ISAA.org

Nota de prensa de la FDA.