Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 59 - Verano 2020
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Tristán de Acuña: el último rincón de la Tierra Rafa Caricio

 

Allá por los 37º07' de latitud sur y a 12º17' de longitud oeste, absolutamente perdida en el Atlántico y azotada por los vientos, se encuentra la isla Tristán de Acuña, acompañada por un cortejo de varias islas deshabitadas, muy separadas entre sí, una de ellas con un nombre muy sugerente, como la isla Inaccesible.

Tristán de Acuña tiene una extensión de 98 km² y es la isla más remota y alejada de cualquier otro lugar poblado de la Tierra. Por el oeste, dista más de 3.300 km de Sudamérica, y por el este, la distancia que la separa de Sudáfrica es de cerca de 3.000 km.

 El lugar habitado más próximo a Tristán de Acuña es otra isla, Santa Elena, a 2.200 km en el Atlántico sur, que, junto a la isla Asunción, pertenece administrativamente al Reino Unido.

Por su excepcional alejamiento e inaccesibilidad, fue citada en sus libros por grandes novelistas como Edgar Allan Poe, en Las aventuras de Arthur Gordon Pym; El rey del aire, de Emilio Salgari; Los hijos del capitán Grant y Un capitán de quince años, de Julio Verne.

El acceso a la isla es de una gran dificultad, pues al aislamiento y la lejanía, se suman los tremendos acantilados de cerca de 700 metros de altitud que la rodean. En el centro de la misma se alza el Queen Mary, un volcán de más de 2.000 metros de altitud, siendo el pico más elevado del Atlántico sur.

En la costa noroccidental existe una zona llana donde se ubica la capital de la isla: Edimburgo de los siete mares. Aquí se sitúa también el pequeño puerto marítimo al que sólo pueden acceder pequeñas embarcaciones. La población de la isla está en torno a los 300 habitantes.

Tristán de Acuña fue descubierta en 1506 por un navegante portugués, Tristao da Cunha, y desde entonces la isla fue habitada esporádicamente, hasta que en los primeros años del siglo XIX llegaron los primeros pobladores estables procedentes de los Estados Unidos de América.

En torno a 1816 la isla fue anexionada por la Corona británica para evitar su ocupación por los franceses, con la posible intención de rescatar a Napoleón, confinado y custodiado en la isla de Santa Elena.

A partir de entonces, la isla contó con una población oscilante entre las 270 y 300 personas, agrupadas en ocho familias, que emparentaron entre sí, por lo que sus apellidos son los únicos que se registran en la isla, ya que posteriormente no llegaron más familias.

Como consecuencia de la fuerte endogamia, enfermedades como el asma y el glaucoma son habituales entre sus pobladores; sin embargo, enfermedades comunes en Europa son desconocidas en la isla, a menos que la llegada de un visitante extranjero causara su contagio.

La población de Tristán de Acuña se agrupa, prácticamente en su totalidad, en la capital, Edimburgo de los siete mares, llamada así por la visita que hizo a la isla en 1867, en su viaje alrededor del mundo, el príncipe Alfredo, duque de Edimburgo.

El Quenn Mary, en 1961, entró en erupción. La población fue evacuada a la ciudad británica de Calshot, donde permanecieron durante dos años. Las nuevas enfermedades, frente a las que no tenían defensas, causaron algunas muertes entre los más ancianos. Algunos jóvenes, atraídos por el nivel de vida europeo, decidieron quedarse en Inglaterra, pero la gran mayoría optaron por regresar en 1963 a Tristán de Acuña, al no adaptarse al clima inglés.

Al regreso de los pobladores, éstos tuvieron que reparar y reacondicionar la capital devastada por la erupción, e introducir nuevas cabezas de ganado, ya que los perros, al no disponer de más alimentos, habían dado caza a cuantas ovejas quedaron en la isla después de la evacuación.

Su clima es subtropical, templado y húmedo, y está expuesta a los fuertes vientos oceánicos. Su temperatura media anual es de 14º y la pluviosidad es de 1.681 mm. Al año, llueve en torno a los 252 días, y 1498 son aproximadamente sus horas de sol.

Sus veranos son cortos, ventosos y nublados, mientras que sus inviernos son largos, frescos, húmedos, muy ventosos y parcialmente nublados.

En las zonas litorales crecen diversas matas de gramíneas, como la Parodiochloa flabellata o Poa flabellata, conocida en Argentina con el nombre común de raspail. Estos matorrales han sido eliminados prácticamente por el ganado. En torno a los 500 m de altura, crecen helechos arborescentes y mirtos. A partir de aquí se encuentran helechos arbustivos, hierbas y musgos.

El archipiélago de Tristán de Acuña es una de las principales áreas de cría de aves marinas como la pardela chica, la pardela capirotada (las pardelas son aves marinas de tamaño medio y largas alas), el abanto marino antártico, la pardela gorgiblanca y el albatros viajero.

Sólo dos mamíferos nativos crían en estas islas: el lobo marino subantártico, cuya zona de pelo rojizo que tienen alrededor del cuello hace que se les conozca también como leones marinos, y el elefante marino meridional, o Mirounga leonina, de la familia de los fócidos, posiblemente el mayor pinnípedo que ha existido nunca. Sus dedos son largos y palmeados, útiles para la propulsión subacuática, y poseen sobre la boca una pequeña trompa de unos 30 cm, a la que deben su nombre de elefante marino. Los machos pueden medir hasta seis o siete m de longitud y alcanzar un peso de 4.000 kg.

No hay mamíferos terrestres, ni reptiles, ni anfibios, ni peces de agua dulce propios de la isla.

En Tristán de Acuña se encuentran tres géneros endémicos de aves: el rasconcillo de Tristán de Acuña (el ave no voladora más pequeña del mundo, que sólo se encuentra en la isla Inaccesible), el zorzal de Tristán y el semillero ruiseñor.

Varias especies de aves se reproducen sólo en estas islas, como el petrel de Schlegel y la pardela capirotada. Las islas Gough e Inaccesible fueron declaradas Reserva Natural de aves marinas.

El libro Guinness de los records considera a la capital de la isla, Edimburgo de los siete mares, como el lugar habitado más remoto del planeta, es decir, el último rincón de la Tierra.

Desde 1815 y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, se mantuvo en la isla una guarnición militar británica. En la capital reside el administrador de la isla. En el pequeño puerto con el que cuenta la ciudad, llamado Calshot Harbour, sólo pueden atracar embarcaciones de pequeño tamaño.

En la capital se encuentran todos los servicios con que cuenta la isla, que se reducen a la oficina de correos, la escuela, el hospital, el único supermercado y el centro local donde se reúnen los lugareños. La mayoría de los edificios son de poca altura, y el más alto es la iglesia católica de San José, construida en 1995. También cuentan con una iglesia anglicana construida en 1923.

Existen igualmente un par de bares, algún restaurante y un pequeño museo.

La economía de la isla se basa principalmente en la agricultura y la ganadería, sujetas a un modelo muy especial, prácticamente desconocido en occidente. Toda la propiedad de la tierra es comunitaria. No se permite la compra de tierras, ni el asentamiento de personas procedentes de fuera de Tristán.

El número de cabezas de ganado está estrictamente controlado para preservar los pastos y prevenir que existan familias con mejor posición económica que otras.

Hacia 1950 se construyó una fábrica para iniciar la industria de la langosta. Otra curiosidad de su economía es la emisión de sellos para coleccionistas, lo que ha resultado ser una buena fuente de ingresos.

En Tristán se usa la libra esterlina del Reino Unido, a diferencia de la isla de Santa Elena, en que se emplea la libra de Santa Elena.

Están conectados con el mundo exterior a través del teléfono/fax, vía satélite, situado en la oficina del administrador. Últimamente se están mejorando las comunicaciones vía internet. No existe aeropuerto y sólo se puede llegar a la isla en barco. La llegada anual del buque RMS Saint Helena trae nuevos productos, como medicinas, libros, revistas, vídeos y correo.

Para las urgencias sanitarias más graves, se traslada a los pacientes al hospital de Ciudad del Cabo, aunque algunos sanitarios, como médicos de cabecera, dentistas y otros especialistas, realizan largas estancias en la isla para comprobar la salud de la población.

Para visitar la isla de Tristán de Acuña es necesario solicitar un permiso de sus autoridades. Este permiso no es fácil de conseguir, probablemente la necesidad de evitar contagios de enfermedades foráneas se encuentre entre las distintas razones.

La mejor época para visitar la isla va de diciembre a marzo, que corresponde al verano austral.


Fuentes

Tristán de Acuña, Wikipedia

Poa flabellata, Wikipedia

Pardela, Wikipedia

Arctophoca tropicalis(lobo marino subantártico), Wikipedia

Mirounga(elefante marino meridional), Wikipedia

Worldwide Bioclimatic Classification System

Climate and Temperature