Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 54 - Primavera 2019
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Rafael Torres aborda diversos aspectos del terremoto Antonio Sala Buades

 

Ars Creatio comienza el recuerdo del suceso en su 190.º aniversario

Rafael Torres aborda interesantes aspectos del terremoto de 1829

 

El jueves 21 de marzo, a las 20 horas —escasamente un rato antes de que nos saludara esta remolona primavera—, en el Palacio de la Música, Ars Creatio dio comienzo a su programa de actividades destinadas al recuerdo del mayor de los terremotos que han asolado la ciudad, acaecido tal día como el señalado de hace 190 años. De ahí el sugestivo título de «1829, Torrevieja tiembla» que engloba las dos conferencias y la doble ruta teatralizada. La entidad cultural ofrece así su nueva iniciativa, con la que acerca al público interesado la forma en que Torrevieja y toda la Vega Baja de aquella época, con sus personajes más destacados, tuvieron que afrontar —recibiendo importantes ayudas— una tragedia de tamañas dimensiones, a la vez que se suma a la concienciación, en tiempos actuales, para prevenir a la población en caso de un seísmo de parecida intensidad.

Asistieron el vicepresidente de la Diputación, Eduardo Dolón, los también concejales Pablo Samper, Tomás Ballester y Rosario Chazarra, y la reina de la Sal, Cira Gualdo. El acto fue presentado por Ana Meléndez, secretaria de Ars Creatio, que en su faceta de investigadora ha dirigido estas jornadas. Después de transmitir el agradecimiento al Consistorio, a la Sede de la Universidad de Alicante y a las demás entidades colaboradoras, subrayó que Ars Creatio llegará al público haciendo historia en la calle.

Rafael Torres Montesinos, empresario, pintor, escultor, escritor e investigador, impartió en esta primera sesión la conferencia «El terremoto de Torrevieja». Ayudado por su hija (Ana Torres Manresa, directora del colegio Cuba) en el apartado técnico, contó a un atento auditorio aspectos poco conocidos de aquel seísmo, que afectó a toda la comarca —algunos pueblos fueron reconstruidos en un lugar distinto del que ocupaban— aunque causó muchas más víctimas mortales en Almoradí, por la disposición entonces existente de sus casas. Hubo repercusión incluso en el mar, que se retiró y luego volvió a su nivel. Consta que una goleta nórdica que estaba cargando sal hubo de ser reparada en Cartagena, y que los tripulantes de los barcos afectados ayudaron a los habitantes de Torrevieja.

Torres ordenó su exposición con datos geológicos, relativos a las placas euroasiática y africana, que generan unos 3000 temblores al año en la península Ibérica. Las zonas más afectadas son la de Granada, el Sur y el Levante, en la que nos encontramos nosotros. El llamado terremoto de Torrevieja —el mayor registrado en la ciudad hasta la fecha, aunque no el único de cierta consideración—, de una intensidad de 6’6, se sintió a las seis y cuarto de la tarde del 21 de marzo de 1829. Cabe subrayar que, antes y después de éste, hubo terremotos durante meses, pues empezaron en septiembre de 1828. En documentos de la época quedaron anotadas las víctimas mortales (un total de 32) y las edificaciones de Torrevieja afectadas o derruidas, entre ellas la iglesia. Se formaron grietas (respiraderos) en las lagunas de unos 30 metros de longitud, que hicieron desaparecer la capa de sal, hasta el punto de que hasta tres años después no se recuperaría la actividad extractiva.

Precisamente a causa de otro terremoto, en 1802 se habían trasladado las oficinas de la administración de las Reales Salinas desde La Mata hasta Torrevieja; se dice que por temor a que hundiera la plataforma. El ponente detalló las consecuencias del seísmo en las torres existentes en Torrevieja y La Mata, y en el arco de piedra de la entrada del Acequión, que tenía una compuerta con la que se regulaba la entrada de agua a las salinas. De generación en generación se ha venido contando el pillaje resultante de la tragedia, cuando los aprovechados zarandeaban con cuerdas las barracas en las que se habían refugiado las familias para que éstas salieran corriendo al creer que se trataba de otro terremoto.

Pudimos conocer mejor la biografía de José Agustín de Larramendi Muguruza, guipuzcoano de Mendaro, director durante el Trienio Liberal de la Escuela de Ingenieros de Caminos, enviado por el rey Fernando VII y que tuvo un papel fundamental en la reconstrucción de la Vega Baja. Edificó el nuevo pueblo de Torrevieja según el conocido plano hipodámico, con calles anchas provistas de arbolado y casas con patios. Llegó a la zona el 20 de abril y su estancia se prolongó durante dos meses, aunque quien más tiempo trabajó fue su amigo Eugenio Fourdenier.

Como anécdota, se refirió la estancia del militar y científico inglés Samuel Edward Cook, a quien le llamó la atención el largo pelo y la belleza de las mujeres torrevejenses. También tuvo su emotivo recuerdo el a la sazón obispo de Orihuela, Félix Herrero Valverde, hombre inquieto y de menuda figura, que, tras escribir una carta al rey —que éste respondió con millón y medio de reales y ordenar el envío urgente de cereal— informándolo del suceso, emprendió una colecta nacional para recabar fondos, y cuya diócesis, pese a las carencias, fue la que más dinero recogió. Entre los alimentos aportados, se acopiaba vinagre, para regar las calles y mitigar el olor de la muerte. Curiosamente, con posterioridad Herrero Valverde sería desterrado a Roma durante doce años por tomar partido por el pretendiente al trono Carlos María Isidro.

Rafael Torres subrayó la labor de la tercera y penúltima esposa de Fernando VII, María Josefa Amalia de Sajonia, que fallecería muy poco después del terremoto, el 18 de mayo del mismo 1829, a la temprana edad de 25 años. Para completar su disertación, proyectó imágenes de periódicos de la época, como el Diario de Barcelona, en el que a los cuatro días del seísmo se daba noticia y, en fechas sucesivas, de listas de donantes y cantidades. Recordó la novela de Estanislao de Kotska Terremoto de Orihuela o Henrique y Florentina, publicada al cabo de dos meses. Por último, se refirió a la devoción que siempre se ha tenido por San Emigdio, copatrón de Torrevieja, y los ruegos que ha recibido para que libre a la ciudad de los terremotos.

Al término de la conferencia, Josefina Nieto, presidente de Ars Creatio, hizo entrega de un recuerdo a Rafael Torres, en agradecimiento a su colaboración.

Fotos: Joaquín Carrión