Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 55 - Verano 2019
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
A mano izquierda Tomás Vicente Martínez Campillo

 

El hambre entra a voces por las ventanas abiertas,

arañando los oídos.


En la sala de reuniones, debatimos sin tregua

cómo calmar las dentelladas de los estómagos

sin pan:

¿Qué bandera irá primero?

¿Verde, morada, roja, blanca? ¿Quizá arco iris?

¿Cuál será más grande?

Criterio de representatividad: tanto por ciento.


El frío de las noches sin techo se cuela,

como un lamento de hielo, por las ventanas entornadas.


Alrededor de la mesa, argumentamos sin descanso

cómo cobijar tanta esperanza sepultada en el asfalto:

¿Qué lema portará la pancarta?

¿Qué tamaño tendrán los logos

y dónde irán colocados?

¿Quiénes la sujetarán?

¿En qué orden? Es importante el protocolo.

Y la representatividad.


Acaba de colarse el grito de quien se ha desahuciado

desde el balcón del quinto

antes de su desahucio.


El malestar en la calle no nos deja deliberar.

Cerramos las ventanas.

Debatimos:

¡Tu himno es antiguo!

¡El tuyo está vacío!

¡Necesitamos uno nuevo para todos!

¡Jamás renunciaré al mío!


Somos la vanguardia,

los que sabemos por qué y cómo,

los verdaderos.

Cada cual con su sigla.

¡Eh! La tuya es imperfecta.

Te señalamos, te desnudamos, te apartamos.

¡Eh! La mía es la verdadera.

Me señaláis, me desnudáis, me apartáis.


Ha llegado la hora.

Cada cual abrillantamos con orgullo nuestra mochila,

la nueva

y la que se hunde en la historia.

Es un instrumento,

recitamos mientras la adoramos.

¡Es solo un instrumento al servicio de!

Sí, pero el mío es mío.

Y salimos a la calle

alzando las banderas, cada uno la suya,

ondeándolas con entusiasmo.

Cada cual lucimos en el pecho nuestra propia pegatina.

Los himnos se entremezclan;

todos nos desgañitamos para que el nuestro suene

más alto, más auténtico.

Orgullosos de cada sigla que adorna

una pancarta con el lema más preciso

y certero.

Y con la correcta representatividad.


Traemos soluciones verdes, rojas, moradas, blancas,

y arco iris, gritamos desacompasados.


Pero la calle está desierta;

solo quedan lágrimas sobre la acera,

hambre pintada en las paredes,

sangre sobre el asfalto,

y un eco de esperanzas que se diluye en el aire.

Ya no queda nadie a quien salvar.

La calle está vacía.

Solo nosotros marchamos decididos, épicos,

cada cual con su razón y su verdad,

hacia las más altas y gloriosas cumbres de la historia

de cada cual.