Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 67 - Verano 2022
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Eliseo PĂ©rez nos lleva de viaje por Asturias Ars Creatio

 

 

El sábado 8 de septiembre, a las 20 horas, el Palacio de la Música fue escenario del pregón con el que dan comienzo las fiestas que organiza el Centro Asturiano de nuestra ciudad en honor a la Santina. Esta edición tan especial de 2018, en la que se celebran los 1.300 años del nacimiento del Reino de Asturias y el centenario de la coronación de la Virgen de Covadonga, tuvo un protagonista de excepción, Eliseo Pérez Gracia, cartagenero de pro, licenciado en Derecho por la Universidad de Murcia, funcionario del Ayuntamiento de Torrevieja y, en lo que a nosotros atañe más de cerca, arscreatiano militante y activo. De su extensa trayectoria cultural, como escritor y como actor, que podrán leer más detalladamente aquí, destacamos su participación en la fundación de las fiestas de Carthagineses y Romanos (1990) de su ciudad natal, declaradas de Interés Turístico Internacional desde el pasado año.

Ante un auditorio repleto de asturianos y de torrevejenses —en definitiva, de asturianotorrevejenses—, presentó el acto el presidente del Centro, Enrique Fernández. Intervino asimismo el concejal de Cultura, Domingo Pérez; y a continuación, la anterior pregonera y presidenta de Ars Creatio, Josefina Nieto. Ésta, dominando la palabra como en ella es habitual, envolvió al público ofreciendo datos de Eliseo Pérez y ponderando —con toda justicia— sus múltiples facetas artísticas, que viene desarrollando en estos últimos tiempos en la asociación.

Comenzó el pregón en Vetusta y después visitamos varias localidades de Asturias... Pero ¿no creen que lo mejor será que nos lo cuente el propio Eliseo? Así quedará todo mucho más claro; en este caso, más clarín:


La heroica ciudad dormía la siesta. [...] Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, y descansaba oyendo entre sueños el monótono y familiar zumbido de la campana del coro, que retumbaba allá en lo alto de la esbelta torre en la Santa Basílica. La torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra del siglo diez y seis, aunque antes comenzada, de estilo gótico. La vista no se fatigaba contemplando horas y horas aquel índice de piedra que señalaba el cielo.

Autoridades, señoras y señores, amigos, buenas tardes. No he podido resistir la tentación de comenzar este pregón con unos fragmentos de la mejor novela en lengua castellana del siglo XIX, La Regenta, nacida de la pluma del asturiano de adopción, nacido en Zamora, Leopoldo Alas, Clarín. Extensa obra en donde la auténtica protagonista, con permiso de doña Ana Ozores, es la ciudad de Vetusta, trasunto literario de la ciudad de Oviedo. Y a continuación, como en ocasiones suelo ser algo osado, voy a remedar esos fragmentos adaptándolos a una ciudad del sureste español, a ver si adivinan cuál.

La turística ciudad dormía la siesta. Torresal, la muy soleada y acogedora ciudad, cosmopolita y entrañable, hacía la digestión del arroz a banda y del caldero, y descansaba oyendo entre sueños el zumbido de las chicharras y el rumor de las olas, refulgiendo el sol sobre sus dos lagunas saladas, una de un bello color rosa, dedicada a la extracción de la sal, y la otra, rodeada de pequeños campos de vides, refugio de la avifauna y lugar de esparcimiento ciudadano. Desde la más remota antigüedad, diversas civilizaciones se habían asentado a su alrededor, eligiendo aquel rincón del Mediterráneo para la obtención del codiciado mineral salino. La vista no se fatigaba contemplando horas y horas aquellos hermosos humedales.

Si la novela emblemática por antonomasia de Vetusta, de Oviedo, es La Regenta, la ciudad de Gijón se ha hecho un importante hueco en las últimas décadas con la celebración, a comienzos del mes de julio, de su Semana Negra, que va mucho más allá de un mero encuentro literario. Dedicada, en principio, al género narrativo que conocíamos como novela policíaca, hoy novela negra, se ha ido extendiendo a la ciencia ficción, a la fantasía y a la novela histórica. Se puede viajar en su propio tren desde Chamartín, en compañía de autores, e incluso de personajes. Y al llegar a Gijón, nos encontraremos un recinto, ubicado en el viejo astillero Naval Gijón, con sus casetas, atracciones y mercadillo, en donde se sucederán conciertos, espectáculos, recitales, mesas redondas, exposiciones... Ah, y con su propio periódico, A Quemarropa. En definitiva, la fin del mundo, como decía mi abuela.

Muy breve pero muy intenso viaje a Asturias. Jueves, 16 de agosto de 2018.

Salida sobre las ocho y media desde Torrevieja. Tras recorrer 862 kilómetros por autovía y autopista, entramos a media tarde en el Principado de Asturias por el túnel del Negrón, de más de cuatro kilómetros. Aunque el entorno había comenzado ya a cambiar al norte de León, fue pasar el túnel y sumergirnos en un conjunto de macizos montañosos envueltos en la neblina; fue como entrar a un reino mágico. La fina lluvia y la humedad de las nubes bajas contribuían a esa sensación. Parecía increíble que fuera un 16 de agosto.

El paisaje es cautivador, ondulado, verdísimo, pespunteado de casitas. Y eso, lo que se atisba desde una prosaica autovía con dos carriles por cada sentido. Cómo será cuando se abandone esta arteria principal y el viajero se sumerja en pueblos, aldeas, valles, montes...

Llegamos a Vetusta cuando la ciudad había ya dormido la siesta. Nos alojamos en un hotelito, situado junto a la calle Rosal, en pleno centro y a un tiro de piedra del casco antiguo. Llovizna levemente, el orbayu típico de estas tierras que ha querido recibirnos.

El amable recepcionista nos facilita un pequeño plano donde nos señala cómo llegar a la catedral, epicentro de la Vetusta clariniana. Allí hemos quedado con Alfonso, un sobrino, recién graduado en Medicina, que está preparando el MIR en una acreditada academia ovetense. Me cuenta que serán unos 1.200 estudiantes, que incluso hay establecimientos que ofrecen precios especiales a este nutrido grupo de opositores. La plaza de la Catedral y el entramado de calles que la rodea están peatonalizados. Recuerdo que hace años leí, en La Verdad edición de Cartagena, que la alcaldesa de mi ciudad natal había viajado hasta Oviedo para interesarse y ver in situ el modelo de calles sin vehículos.

La ciudad de Oviedo es una ciudad señorial, con bellos edificios, ordenada y acogedora. En la plaza de la Catedral tenemos a Ana Ozores, la protagonista del libro, inmortalizada en bronce; imposible vencer la tentación de fotografiarse junto a ella.

A continuación, primer encuentro con la rica sidra asturiana, con artefacto escanciador incluido en Casa Julio, para terminar cenando en el restaurante La Genuina de Cimadevilla, a base de caramelos de setas, morcillas y piñones, bombones de queso, cecina, fritura y arroz con leche. El camarero nos comenta que este moderno establecimiento ocupa el lugar donde anteriormente reinaba la mercería La Más Barata, famosa en toda Asturias. Stop.

—Todos los 8 de septiembre se conmemora el día del año 722 en que la Virgen se apareció a don Pelayo y sus tropas, decidiendo con su intercesión la batalla de Covadonga en favor de los cristianos. El 8 de septiembre es también el día de Asturias, la jornada festiva de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias. En el concejo de Cangas de Onís, a 263 metros de altura sobre el nivel del mar, en las paredes rocosas del monte Auseva, se encuentra la gruta de Covadonga, donde se venera la imagen de la Santina y en donde se encuentra la tumba de don Pelayo. La talla actual de la Virgen es del siglo XV; la basílica en su honor, erigida en el lugar, de estilo neorrománico, construida con piedra rosácea y marmórea de la montaña, data de 1901. Aquí, en Torrevieja, es muy fácil entender el fervor que profesan los hijos de Asturias a la Santina, pues la devoción mariana a la Purísima es una primordial seña de identidad de este pueblo mediterráneo. Y ello también contribuye a que los asturianos que viven o visitan la ciudad se sientan tan a gusto.

Muy breve pero muy intenso viaje a Asturias. Viernes, 17 de agosto.

Iniciamos la jornada desayunando en la cafetería Múnich, frente al campo de San Francisco, un exuberante jardín orgullo de la ciudad y en donde se encuentra, entre otras, la estatua de la inefable Mafalda.

A las once y media comenzamos una visita guiada a la catedral, magnífico retablo y restos románicos que destacar. Ah, también las reliquias, con el sudario del rostro de Cristo a la cabeza. La visita continúa en el exterior, con orbayu incluido, donde nos espera la mismísima Ana Ozores, la Regenta, a la que da vida Tania, una estupenda actriz, que nos deleita con algunos fragmentos de la novela. La visita acaba ante el monumento a Clarín en los jardines de San Francisco. La guía, Virginia, natural de Tenerife, está muy documentada y es conocedora de que la figura de la Bella Lola fue donada por el Ayuntamiento de Torrevieja al de Oviedo, y éste, en correspondencia, donó una réplica a escala de la catedral. La informo de que la tenemos en un parque, el de la Estación. Como el día sigue lluvioso y algo frío, nos tomamos un cafecito en la terraza cubierta de la Mallorquina, a un tiro de piedra de la famosa estatua de Woody Allen y del teatro Campoamor. Curiosa también la figura del culo que se alza orgullosa junto al teatro, y muy cerca, una Maternidad clásica y la de Botero.

Comida, previa reserva, en el acreditado restaurante El Fondín, ubicado en la plaza Fontán, con suelos de madera y decorado tradicionalmente. Tomate con boquerones en vinagre para empezar; de postre, leche frita con helado de arroz con leche y helado de queso con miel y nueces; y como platos principales, una majestuosa fabada que quitaba el sentío y un risotto de chipirones con queso de Pría.

Una siestecita después del festín en la heroica ciudad y, por la tarde, visita al museo de Bellas Artes de Asturias, enclavado en varios inmuebles contiguos en una esquina de la plaza de la Catedral. Varias épocas, obras de pintores asturianos como Uría o Nicanor Piñole, y también Zurbarán, Rivera, Goya, Carreño y más modernos como Canogar o Equipo Crónica.

Un refresco en la terraza de una tasca frente a la catedral, qué gozada. Y después, a cenar al mercado del Fontán, no sin antes hacernos unas fotos en la plaza Trascorrales con la Bella Lola. Stop.

—Cuando el presidente del Centro Asturiano me llamó para ofrecerme pregonar las fiestas de la Santina, me sentí abrumado; pero, enseguida, antes de que se arrepintiera, acepté; en ese aspecto soy muy facilón. Al día siguiente, cogí lápiz y papel e intenté contestarme la siguiente pregunta: ¿qué me sugería a mí o con qué asociaba yo a Asturias? Lo primero que anoté fue La Regenta, ya habrán comprobado que soy un fan acérrimo de esa novela. A continuación, escribí en el folio «Asturias, patria querida», qué pedazo de canción y de himno, emociona al más pintao. Don Pelayo me vino después a la cabeza, junto a la Virgen de Covadonga. La fabada y el queso de Cabrales también visitaron mi mente. A propósito, pero qué requetebién se come en Asturias. Y bueno, uno de mis mejores recuerdos de infancia resulta ser cuando, a la edad de ocho años, los franciscanos de Cartagena nos llevaron, a los de mi clase, al cine Máiquez a ver Adiós, cordera, basada en un genial cuento de Clarín, de nuevo Clarín, qué peliculón, no se me olvidará jamás. Seguidamente, anoté el nombre de mis amigos asturianos en Torrevieja: Enrique Fernández, Clara Ordiz, Andrés Iglesias, Alejandro Blanco... También saltaron a la palestra las tardes dominicales escuchando en la radio Carrusel Deportivo; entre gol y gol, introducían el reclamo publicitario de «Anís la Asturiana, su presencia siempre agrada». Poco a poco iba llenando la hojica, así conecté la devoción mariana de la Virgen de la Caridad, patrona de Cartagena, la Purísima de Torrevieja y la Virgen de Covadonga, la Santina. También apunté Picos de Europa, el oso pardo, el descenso del Sella, la etapa de la vuelta ciclista a España en los lagos de Enol, la revolución de Asturias de 1934, la minería en crisis, el Sporting, Enrique Castro Quini, Mareo, el Oviedo, el Carlos Tartiere, Fernando Alonso, el guaje Villa, Arturo Fernández; uf, la hoja estaba ya casi llena. Lo último que cupo, ya al final del folio y en un rincón, fue el comienzo de la canción de Víctor Manuel «Mi abuelo fue picaor allá en la mina...», que me niego a tararear por un básico respeto a todos ustedes.

Muy breve pero muy intenso viaje a Asturias. Sábado, 18 de agosto. Adiós, Oviedo; hola, Gijón.

Nos despedimos de Oviedo en una mañana con sol, desayunamos en la cafetería Múnich y ponemos rumbo a Gijón, directamente a la Laboral. Visita guiada por este impresionante edificio, obra faraónica del franquismo, construido entre 1948 y 1956, y rehabilitado en parte hace unos años para usos culturales, educativos, comerciales y turísticos. Desde su torre, en un mirador de 70 metros de altura, vemos unas impresionantes vistas de la ciudad de Gijón, del mar Cantábrico, de Somió y de Cabueñes.

Llegada a mediodía al moderno hotel Silken Ciudad de Gijón, junto a la estación de Adif y a un paseo del centro. Comemos en su cafetería a base de ensalada de quesos asturianos, unos callos impresionantes y picantes y un postre de manzana superior.

Tras descansar un poco en la confortable habitación, paseamos por la playa de poniente, junto al mar. Pasamos el puerto deportivo y llegamos a la estatua de don Pelayo, en cuyos alrededores se han instalado numerosos puestos con motivo del comienzo de la Semana de la Sidra. Puestos con alimentos, bebidas, dulces, bisutería, complementos... Para refrescar la garganta —pues igual que en Oviedo nos acompañó el orbayu aquí nos acompañan el sol y el calorcito—, nos tomamos un granizado de sangría de sidra. Más tarde, de la heladería Islandia, una bola de helado de arroz con leche con compota de manzana, qué rico. Vamos por la plaza Mayor, Campo Valdés, con la iglesia de San Pedro y sus termas romanas, el casón de Jovellanos, callejeando por el barrio de Cimadevilla hasta llegar al cerro de Santa Catalina y a la escultura de Chillida del Elogio del Horizonte, que se enseñorea frente al Cantábrico. Allí descansamos en el único y envidiado banco en primera línea.

Cena en el Centenario, en una esquina de la plaza Mayor: gambón al ajillo, almejas a la marinera, bocarte con jamón y tarta gijonesa (de turrón). Compra de algunos recuerdos, incluyendo los dulces pelayos, de almendra y manzana. Paseando junto al mar, regresamos al hotel y nos vamos despidiendo de esta ciudad que se ve alegre, pujante y vital. Stop.

—2018 es un año especial para Asturias. Se celebra el centenario de la coronación de la Virgen de Covadonga. Se cumplen, igualmente, 1.300 años del origen del Reino de Asturias y los cien años de la creación del primer parque nacional, el de los Picos de Europa. Todas estas efemérides se han agrupado bajo la marca institucional «Covadonga Centenarios 2018»; en definitiva, conmemoraciones que llenan de orgullo a los asturianos y, por extensión, a los españoles. Enhorabuena.

Muy breve pero muy intenso viaje a Asturias. Domingo, 19 de agosto, vuelta a casa.

Sobre las diez de la mañana, tras desayunar en la cafetería de la estación de tren, con tiempo soleado, comenzamos la vuelta a casa. Primero recorremos los 82 kilómetros que separan Gijón del túnel del Negrón, acompañados por la emisora de radio Carrusel, con un locutor y oyentes muy simpáticos y dicharacheros; lo mismo oímos, como canciones dedicadas, una de Manolo Escobar que una del cantante local Pipo Prendes. Y escuchamos reclamos publicitarios tan curiosos como el de una agencia de viajes, Viajes Mariano, que publicita estancias en el paraíso de Benidorm: «un buen asturiano viaja siempre con Mariano». Atravesamos el túnel del Negrón y el viaje a Asturias empieza a ser pasado. 850 kilómetros más por carreteras con muchos vehículos y llegada por la tarde-noche a nuestra querida Torrevieja. Qué bien lo hemos pasado y lo que nos ha gustado lo que hemos visto de Asturias, lo bien que hemos comido y, sobre todo, qué bien hemos sido tratados por los asturianos. Aunque eso, la cordialidad de sus gentes, conociendo a los asturianos afincados en Torrevieja, estábamos seguros de que iba a ser así.

E igual que terminó, para nuestra desdicha, la escapada a Asturias que hice con Paqui, mi mujer, este pregón va también a ir concluyendo. Pero antes quiero traer a colación lo leído en un diario asturiano, La Nueva España, de 18 de agosto. Se trata de una entrevista a Julio Rondo, artista asturiano que llegó a Stuttgart a los diez años, ya que su padre comenzaba a trabajar en la Mercedes. En la actualidad, es un afamado pintor en Alemania, todavía poco conocido en Asturias. Y sus declaraciones concluyen de esta forma: «Llevo a Asturias conmigo hasta la muerte. Es una parte de España muy especial, un lugar relajado, con comida buena, gente amable, paisajes..., y también está la sidra».

Pues bien, ahora sí, doy por concluido el pregón de las fiestas de la Santina en Torrevieja 2018. Que todos las vivamos y disfrutemos como bien se merecen. Muchas gracias.

Fotografías: Fernando Guardiola Molina