Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 50 - Primavera 2018
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Tres microrrelatos Fuensanta Estremera

 

Listas

Desde que era una niña le gustaba hacer listas de palabras: las mariposas cuyos nombres conocía, las provincias españolas que había visitado, los regalos de los Reyes Magos. Se enamoró de un hombre y siguió escribiendo listas en su diario: las caricias que se daban, los libros que compartían, las flores que él le compraba, las veces que se amaron sobre la arena de la playa... Después, emprendieron una  vida juntos y sus listas continuaron: la ropa que él censuraba, las recetas que no podía volver a preparar porque a él no le gustaban, las miradas de amenaza, los insultos humillantes, los golpes ciegos, inesperados, las consultas en urgencias falseando el historial, el miedo a volver a casa..., hasta que ella misma no fue más que un nombre en una lista de mujeres asesinadas.


Metamorfosis

El trasplante de córnea del «sus doméstica» ha sido todo un éxito. Después de pasar largos años en la ominosa oscuridad de la ceguera,  por fin percibo nítidamente los contornos del universo. Lo malo es esta rara atracción que experimento hacia las inmundicias. Mi mujer intenta satisfacerme con recetas que simulan el sabor y la textura de los alimentos repulsivos que ahora me apetecen. Ella ignora que, cuando cae la noche, me levanto del lecho atormentado por una extraña pulsión. Casi a oscuras, alumbrado por la tenue luz de una mariposa que señala el camino hacia la puerta de la calle, salgo de mi casa y paseo por las solitarias avenidas. Inspecciono los contenedores de basura de los alrededores. Rebusco y saboreo con deleite los más repugnantes desperdicios. Sospecho que los médicos deberían haberme informado de que el «sus doméstica» es el nombre culto del cerdo vulgar.


Tragedia doméstica

Esta mañana he perseguido con el viejo cazamariposas una bandada de calcetines desparejados. Les gusta revolotear a mi alrededor, como burlándose de mis ridículos intentos de capturarlos. Otras veces se  esconden  detrás de los armarios o se camuflan con la pelusa que se acumula debajo de las camas. No quieren disfrutar de la vida plácida que les ofrezco en los cajones, amorosamente anudados con sus  solitarios compañeros. Vuelan por el pasillo desolado y se estrellan contra las cristaleras sucias de la lluvia de verano. Desesperada, busco una receta que calme sus frenéticas ansias de libertad. Mi psiquiatra me ha dicho que los calcetines actúan por empatía con sus legítimos propietarios, que solo modificando las circunstancias ambientales se podría llegar a una solución satisfactoria. Por favor, vuelve a casa. Si regresas, los calcetines y yo recuperaremos el orden y el sentido, la costumbre de amar y la alegría que perdimos desde el preciso instante en que te fuiste.

(Primer Premio del III Concurso de Microrrelatos de la Biblioteca de Orihuela, 2017)