Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 48 - Otoño 2017
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Ars salado Ana Meléndez Zomeño

 

En la pasada primavera, preparando las jornadas que dedicamos a las lagunas, Antonio Sala, el director de esta revista, propuso elaborar el logotipo de Ars Creatio en artesanía en sal. Una idea que ya había sugerido Manuel Tévar años atrás y que ahora hemos llevado a cabo.

Así se lo pedimos a Miguel Pérez Muñoz, uno de los dos únicos artesanos, que todavía mantienen viva esta original, casi única y torrevejense tradición artesanal. Fue nuestro compañero, José Miguel Toro, quien se ofreció para realizar las maquetas del logotipo en madera en piezas desmontables (imagen 1), siguiendo diferentes modelos del original que creó Marina Tévar, allá por el año 2005, con el primer número de esta revista cultural digital de Ars Creatio.


José Miguel ya nos ha demostrado su gran habilidad y creatividad en los decorados del teatro infantil La abuela Nube y los pinodus, de Eliseo Pérez Gracia, y en la escena de “El chiconico Frankenstein” en El cine que nunca se rodó en Torrevieja, de Francisco M. Sánchez Fernández, que estrenamos en la temporada 2017. Así que, después de varios intentos y siguiendo las indicaciones del artesano, se seleccionó media docena de maquetas.

Y digo artesanía casi única porque en la salinas de Margarita de Saboya, en Italia, se realiza una tradicional artesanía en sal. Sin embargo, la calidad de cristalización y la perfección del terminado no se acercan ni de lejos a nuestra artesanía salinera. Para muestras, vean y comparen con unas imágenes cedidas por Francisco Sala Aniorte, cronista oficial de Torrevieja y colaborador de la asociación (imágenes 2, 3, 4 y 5).

La artesanía en sal de Torrevieja es el resultado de un proceso que consiste en sumergir objetos decorativos en la laguna salina para que se les adhiera una fina capa de sal (Sala y Pujol, 2005) o, como dicen por aquí, se sumergen para cuajarlos en sal.

Juan Pujol Torremocha (jubilado como salinero y también como artesano) nos contó que ellos creían que lo de hacer los barcos vino cuando vieron cómo se cuajaban las alpargatas de los salineros. Lo cierto es que la referencia más antigua que se ha encontrado sobre ella es de 1883, en una novela titulada La Dehesa de Campoamor, de J. Pérez Aznar, donde se describen varios objetos cuajados en sal en la casa del administrador de las salinas. Tenemos también una curiosa referencia gráfica de un quiosco de madera con celosías cuajadas en sal que se expuso en el paseo Vista Alegre en 1914 (imagen 7).


El detalle del proceso artesanal referido a la cristalización o cuaje es fundamental para entender lo excepcional que es este arte y que no se trata, como otras artesanías, de manipular la sal. En las salinas de Carmona elaboran objetos en una pasta de sal e incluso tienen moldes para realizar las figuras que desean. Otro caso muy llamativo lo encontramos en las Salinas Grandes de Jujuy (Argentina), en donde literalmente cortan bloques de sal de un metro para luego moldearlas a pico y pala, lo que también es un arte (imagen 6).


Siguiendo el proceso creativo, análogo al de cualquier barco de sal torrevejense, nuestro artesano, Miguel, envolvió cada una de las piezas de nuestro emblema en tiras de tela de algodón blanco gastado. Con una larga experiencia, de más de treinta años haciendo y cuajando barcos en sal, se conoce todo tipo de trucos, como el de introducir la tela en ácido para desgastarla de forma más rápida (ya no hay que esperar, como en tiempos de mayores estrecheces, a que la matriarca de la casa decidiera dar otro uso a las eternas sábanas de antaño). Después, como si se tratara de las 32 piezas con las que se monta la maqueta de un barco, ensambló la “A” de Ars, la “C” de Creatio y la base, ya liadas en la tela, y las ató con hilo, también de algodón blanco. La novedad fue poner la “A” en tela roja, con la idea de que después del cuaje se asemejase al naranja del diseño original, y para la “C”, la tela negra (imagen 9).

El proceso artesanal continúa cuando, una vez terminada la maqueta, las estructuras u objetos se sumergen en la laguna de Torrevieja. Se les da un primer y rápido baño para “ensalitrarlos” (imagen 10), de manera que se agarre la tela y los hilos y, cuando ya están secos, se sumergen para conseguir la definitiva cristalización. Siempre y cuando los vientos sean los idóneos.

Miguel ha realizado, con todo el cariño del mundo, diferentes pruebas e incluso hizo nuevas maquetas para cuajar, siempre con esa pulcritud y perfección con la que ha hecho sus barcos de sal y otros objetos desde 1976, cuando comenzó a trabajar en las salinas de Torrevieja y comenzó a aprender el oficio de artesano de la mano de Juan Pujol. Por entonces, el trabajo era muy duro; así lo recuerda el otro salinero y gran artesano en activo, Manuel Sala Campos: “Antes no había botas especiales, como las que utilizan ahora; se adentraban en las rosadas aguas de la laguna con botas de piel de vaca sin curtir, que hacía a medida un zapatero del pueblo. Era tan desagradable que algunos preferían ponerse un simple pantalón; pero si tenías una herida, se ulceraba. Era lo que más miedo me daba, tener algún rasguño en la piel”. Como pueden leer, la relación durante estos últimos meses con los artesanos salineros ha sido realmente un placer por la cantidad de recuerdos que nos han relatado.

Continuando con nuestro distintivo en sal, y una vez que nos decidimos por el modelo de la “A” en blanco y la “C” en negro, faltaba lo más delicado del proceso: el cuaje. Manuel nos decía que “el cuaje es naturaleza, es un milagro ver cómo la sal forma ángulos rectos en su cristalización”.

Esperamos al mes de julio para que el agua tuviera el grado de salinidad preciso (entre 27'5º y 27'8 º Baumé), y un día de viento de levante acompañamos a Miguel para sumergir las maquetas arscreatianas en la laguna rosa (imégenes 11 y 12).


La empresa salinera, hasta finales de los 80, encargaba los barcos a dos salineros, como parte de su trabajo, para luego ofrecerlos como obsequios institucionales. Hasta esas mismas fechas los artesanos colocaban los barcos tumbados en el fondo de la laguna con un ladrillo encima para que no se moviese, y donde podría cubrir medio metro de agua aproximadamente. Al día siguiente le daban la vuelta colocando el otro costado en el lado del ladrillo para que se cubriese también de sal. Era una faena muy laboriosa: acarrear los ladrillos; colocarlos encima de los barcos de uno en uno y hasta 30 o 40, que se hacía en aquella época; cambiar su posición diariamente, para que la sal se adhiriera por todas partes de la forma más homogénea posible; o estar alerta de los cambios del tiempo. Se hacían dos cuajes, para dar mejor acabado al casco del barco y darle más volumen o para rectificar defectos. Lo sacaban del agua hipersalina y antes del segundo cuaje, colocando el barco boca abajo, se mojaba la arboladura, la parte que no se quería engrosar, y con los dedos se deshacía la sal. Afirma Juan Pujol que en estos menesteres “se cortaban las yemas de los dedos, era un horror y daba mucho trabajo”.

La gran revolución se produjo a partir de los 80, cuando se agudizó el ingenio de los artesanos y diseñaron un nuevo sistema para mantener los barcos sumergidos, atándolos a unas tablas. Al principio iban atados a ambos lados de éstas (imagen 13), pero luego convinieron en que era más práctico atarlos a un solo lado y colocarlos boca abajo (imagen 14). Llegaron a manufacturar cientos de barcos en una sola temporada.

Ars Creatio ya tiene su logotipo en artesanía salinera. Después de tres días de ser sumergidos por Miguel en la laguna de Torrevieja, de una supervisión diaria, cambiando la orientación de la tabla hacia el viento y con las condiciones climáticas idóneas, aquí tenemos el resultado ya en su necesaria urna de cristal, para protegerlo de la humedad (imagen 15):


Miguel Pérez Muñoz, Manuel Sala Campos y Juan Pujol Torremocha (imagen 16) han trabajado desde muy jóvenes en las salinas, ya están jubilados, y son los tres únicos artesanos que atesoran la experiencia y el conocimiento necesarios para crear esta singular artesanía tan ligada a la naturaleza.


La artesanía en sal, curiosamente, no es el resultado de una larga tradición ancestral, como lo son el trabajo del cáñamo, el esparto, la cerámica, etc. Como muy pronto surgiría a mediados del siglo XIX, cuando se implanta en las salinas un excepcional sistema de extracción de la sal en húmedo, no en seco tras la evaporación solar del agua, como es habitual en salinas costeras. Sin embargo, su empleo en el arte contemporáneo y con nuevas tecnologías, como ha sido el caso de hacer lámparas cúbicas cuajadas en sal diseñadas por el arquitecto Diego Cayuelas, abren para esta artesanía un mundo de posibilidades y un futuro posible.

El Taller de Imagen de la Universidad de Alicante, a través del convenio cultural suscrito con el Ayuntamiento de Torrevieja y gracias a la iniciativa de Ars Creatio, está realizando un corto documental, Los últimos artesanos de la sal (imagen 17). Estamos muy implicados en este proyecto y esperamos presentarlo a finales de 2017. En él rendiremos el reconocimiento que se merecen la artesanía salinera torrevejense y sus maestros.

Link del trailer del corto documental Los últimos artesanos de la sal.

https://www.facebook.com/ArsCreatio/videos/10154395322300448/


Este documento testimonial es una oportunidad para dar a conocer la artesanía en sal de Torrevieja y una llamada de atención para promover el relevo generacional. Los propios artesanos nos dicen que lo ideal es que sean otros salineros de la empresa, que conocen el día a día de las lagunas, los que tomen el testigo para evitar la pérdida de una señal de identidad de la ciudad y de un patrimonio cultural excepcional.

 

Imágenes:

1. Maqueta del logotipo de Ars Creatio de José Miguel Toro Carrasco.

2 y 3. Artesanía de las salinas de Margarita de Saboya en Italia. Cedida por Francisco Sala Aniorte.

4 y 5. Artesanía salinera torrevejense. Fotos: Ana Meléndez Zomeño.

6. Artesanía de las Salinas Grandes de Jujuy (Argentina). En Internet.

7. Quiosco de madera cuajado en sal en el paseo Vista Alegre de Torrevieja (1914). Cedida por Francisco Sala Aniorte.

8. Salineros llevando barcos de sal de las salinas al centro de Torrevieja: Tomás Ortega López y Manuel Vidal Vicedo “el Pato”. Cedida por Francisco Sala Aniorte.

9, 10, 11 y 12. Miguel Pérez Muñoz en el proceso de elaboración artesanal en sal del logotipo de Ars Creatio en la laguna de Torrevieja. Fotos: Ana Meléndez Zomeño.

13. Juan Antonio Pujol Torremocha y Antonio Fructuoso Ballester “el Monra” llevando tablas con barcos cuajados en sal en la laguna de Torrevieja.

14. Manuel Sala Campos, sumergiendo tabla con maquetas de barcos boca abajo para el cuaje en sal. Foto: Ana Meléndez Zomeño.

15. Logotipo de la Asociación Cultural Ars Creatio de Torrevieja cuajado en sal. Foto: Ana Meléndez Zomeño.

16. Artesanos salineros (de izquierda a derecha): Miguel Pérez Muñoz “el Gavilán”, Juan Pujol Torremocha y Manuel Sala Campos “el Pijote”. Foto: Ana Meléndez Zomeño.

17. Cartel del corto-documental Los últimos artesanos de la sal, del Taller de Imagen de la Universidad de Alicante (2017).

Sala, F. y Pujol, J. A. (2015): “Etnografía salinera: la artesanía en sal de Torrevieja”. En: Molina, J. y Sánchez, M. J. (eds). El Mediterráneo: la cultura del mar y la sal. Ayuntamiento de Santa Pola (Alicante).