Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 55 - Verano 2019
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
La sorprendente y poco conocida historia de una singularidad botánica Juan Antonio Pujol Fructuoso


Aquel día iba a ser revelado uno de los secretos mejor guardados de la Punta de la Víbora, pero también vería nacer un misterio que llega hasta nuestros días.

La salina de Torrevieja refulgía su irreal rosado bajo un sol invernal. Cerca de la orilla, una de las “volvedoras”1 recibía los “trenes”2 vacíos para cargarlos con la sal recién arrancada del fondo de la laguna. La escena transcurría con una pasmosa lentitud, solo interrumpida por el paso veloz de un vehículo por la mota central, camino de la zona de volcado de las barcazas. La ausencia de paseantes por la orilla del paraje de la Punta de la Víbora, así como la falta de algarabía en la colindante urbanización de La Torreta (debido todo ello a la época del año),  también contribuía a la quietud del paisaje. Parecía como si el tiempo estuviera detenido. Y, al menos en una zona concreta, algo de cierto había en el asunto.

Corría el mes de febrero de 2012 y en Torrevieja se encontraba el gran botánico de la Marina Alta, Jaume Xavier Soler. Había acudido ante la llamada de Anabel Lillo, ambientóloga que por entonces trabajaba en el Parque Natural de las lagunas de La Mata y Torrevieja. Taxónomo de reconocido prestigio, Jaume pertenece a esa estirpe de botánicos vocacionales para los que el mundo vegetal tiene muy pocos secretos.

A finales de los años 70 habían ido surgiendo, al este de la laguna de Torrevieja, las distintas fases de Las Torretas. En el paraje conocido como Punta de la Víbora se sitúa la hoy ecléctica urbanización Torreta-III, que la urbanizadora Masa promocionó en el famoso concurso televisivo Un, dos, tres, responda otra vez de Chicho Ibáñez Serrador. Sambenito que aún arrastra Torrevieja como pecado muy difícil de redimir.

Las casas surgieron hasta el mismo límite del terreno estatal de las lagunas, convirtiendo los albardinales y saladares, en la antesala de los famosos y mediáticos “bungalows”. Por aquel entonces, estos paisajes eran todavía más denostados que en la actualidad, ya que, hoy día, cada vez son más los que comienzan a apreciar la belleza intrínseca de los grandes horizontes, o la onírica coloración de la laguna. Ante la falta de terreno para plantar una mísera flor, los vecinos comenzaron a utilizar la frontera que separa el terreno natural de la urbanización, para “embellecerla” mediante el ajardinamiento con especies de lo más variopinto. La tenaz mimosa probablemente llegó sola.

Gracias a una pequeña partida económica para mejora del hábitat, Anabel pretendía erradicar el mayor número posible de plantas exóticas del espacio protegido. La Dirección del Parque Natural ya había acometido trabajos previos en ese sentido, pero ahora se había podido contratar a una empresa especializada para una actuación de mayor calado. Y Jaume Soler se encontraba en la zona para evaluar la situación y realizar una propuesta de actuación. Terminada la inspección, Jaume no pudo evitar recorrer aquellos albardinales y saladares próximos, para echar un vistazo a su apasionante flora, tan distinta de la de su Gata de Gorgos natal. Acompañado por Anabel, comenzó a caminar por entre la vegetación de la zona.

Aunque gracias a haber realizado la localización y censo de las poblaciones de jarilla cabeza de gato de Teulada y Benisa (apenas unos 2.200 ejemplares) conocía bien la especie, lo que hizo aquella mañana solo está reservado a los grandes. Deambulando entre el albardinal, probablemente localizando orquídeas colina que, por la fecha, ya estarían en flor, identificando los diferentes limonios o apreciando las especies que poco a poco iban recuperando los terrenos antes cultivados con cereal, Jaume vio algo que le resultaba familiar. Localizar una mata de jarilla cabeza de gato rodeada por albardines que la superaban en altura, en una zona donde no cabe esperar encontrar esa especie y, además, hacerlo cuando la planta no tenía todavía flores, es realmente insólito. Pero efectivamente, aquella mañana, Jaume Soler localizó el solitario ejemplar de jarilla cabeza de gato de la Punta de la Víbora que, hasta entonces, había pasado totalmente desapercibido a todos los que frecuentamos la zona.

A los pocos días, Jaume comunicó a la Consellería de Medio Ambiente el excepcional descubrimiento. Ante la solicitud, por parte del Servicio de Vida Silvestre, de mayor concreción en el dato, Jaume respondió enviando un polígono con la localización aproximada del solitario ejemplar. Con este apunte, la cita ya pudo ser dada de alta en el Banco de Datos de Biodiversidad de la Comunidad Valenciana (BDBCV)3, asignándole una cuadrícula UTM4 de 1x1, basada en el polígono previamente enviado.

La noticia corrió como la pólvora entre biólogos y naturalistas de la comarca. Muchos tratamos de localizar al ejemplar guiados por las vagas referencias cartográficas, así como algunas indicaciones verbales de lo que ocurrió aquel día. Pero la especie no terminaba de ser localizada de nuevo. No había mejor marchamo de certeza que haber sido citada por Jaume Soler, pero al no encontrarla (cierto es que durante prospecciones rápidas y por lo general poco exhaustivas), comenzó a forjarse la leyenda del ejemplar solitario de la Punta de la Víbora de las salinas de Torrevieja: ¿existía o no existía?

La jarilla cabeza de gato, además de estar incluida como “vulnerable” en el Catálogo Valenciano de Especies de Flora Amenazada y en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, también está recogida en la Directiva Hábitats de la Unión Europea, concretamente en sus Anexos II (donde se incluyen las especies animales y vegetales de interés comunitario para cuya conservación es necesario designar zonas especiales de protección) y IV (donde se recogen las especies animales y vegetales de interés comunitario que requieren una protección estricta).

Por esta razón, en el año 2015 el Servicio de Vida Silvestre de la Consellería de Medio Ambiente acometió la tarea de contabilizar cuántas jarillas cabeza de gato estaban incluidas en algún espacio de la Red Natura 2000. Se hacía imprescindible saber si el solitario ejemplar de la Punta de la Víbora, y que no había vuelto a ser visto, seguía vivo o no. El encargo fue para otro excelente botánico. Joan Pérez es técnico del Servicio de Vida Silvestre y entre sus cometidos destaca el realizar seguimientos de las especies de flora amenazada a lo largo y ancho de la provincia de Alicante. Su retina guarda los paisajes más hermosos y desconocidos de nuestra provincia, así como su flora más selecta y singular.

Corría el mes de marzo de 2015, en el punto álgido del período de floración de la jarilla cabeza de gato. Joan comenzó a prospectar la zona por la cuadrícula UTM de 1x1 ya mencionada, pero tampoco logró localizar nada. Decidió hacer un rastreo en mayor profundidad. Comenzó a inspeccionar detenidamente cada palmo de terreno, cubriendo una extensa área entre albardinales, antiguos cultivos en recuperación y zonas de saladar. Pasaba el tiempo y el misterioso ejemplar no hacía acto de presencia.

Por fin, en mitad de unas densas matas de albardín, en una zona salpicada por siemprevivas de densas cabezuelas amarillas, entre las que podía haber pasado perfectamente sin ser vista, el agudo ojo de Joan localizó un solitario ejemplar de jarilla cabeza de gato. El meticuloso rastreo realizado en la Punta de la Víbora, aquella luminosa mañana de intenso cielo azul, sirvió para, posteriormente en los despachos, llegar a la conclusión de que el ejemplar re-descubierto por Joan era el mismo que años antes había localizado Jaume… ¡pero en una localización distinta!.


¿El enigmático ejemplar se había trasladado? Evidentemente no. En algún momento alguien cometió un error, ya fuera al trazar el polígono inicial de localización semanas después a la cita inicial, o al trasladarlo a la cuadrícula UTM de 1x1, (¿tal vez distintas proyecciones cartográficas?). No es la primera vez que estos deslices ocurren. Pero afortunadamente, Joan no solo re-descubrió el ejemplar, sino que determinó sus coordenadas mediante un GPS de precisión.

Si el hallazgo disipó cualquier posible duda, no tanto sobre su inicial descubrimiento, como por una hipotética desaparición posterior, no afectó lo más mínimo al misterio y singularidad que, aún hoy, envuelven al ejemplar.

En su poema «Las encinas», publicado en Campos de Castilla, Antonio Machado dejó escrito:


¿quién ha visto sin temblar

un hayedo en un pinar?


Algo similar nos ocurre a muchos con este misterioso y solitario ejemplar de jarilla cabeza de gato, agazapado en mitad del albardinal de la Punta de la Víbora. Pero el temblor es, en este caso, más bien incertidumbre provocada por su extraña localización tan alejada del litoral y, por tanto, del resto de poblaciones en la zona.

Hilarión Pedauyé y yo solemos bromear con que a la jarilla cabeza de gato le gusta “vivir oliendo el mar”. No nos referimos a la necesidad de aire cargado de humedad marina, como ocurre en algunas especies de flora, sino más bien “al deseo de sentir su presencia cercana”. Y el olor a mar, en el litoral de Orihuela y Pilar de la Horadada, es capaz de llegar varios kilómetros hacia el interior, ascendiendo por las depresiones de los ríos Seco y Nacimiento, o por las múltiples cañadas y barrancos que discurren por la zona. De esta forma, la jarilla cabeza de gato se ha localizado hasta 2 km hacia el interior, con algunos ejemplares en la zona donde se cruzan la rambla de las Estacas y la autopista AP-7, o una población bastante numerosa en el camino de la Cuerda (realmente la Vereda Real de Escalona), entre la Dehesa de Campoamor y Castillo de Don Juan.

Pero la solitaria jarilla cabeza de gato de la Punta de la Víbora es peculiar hasta para eso. En línea recta, se encuentra a unos 4 km del mar, esto es, el ejemplar más alejado del que se tiene constancia hasta el día de hoy. Y otra singularidad más: sigue siendo el único ejemplar de esta especie que se encuentra en el interior de un Espacio Natural Protegido, en concreto el Parque Natural de las lagunas de La Mata y Torrevieja (esta situación debería cambiar próximamente con la declaración del Paisaje Protegido -y futuro Parque Natural- de la Sierra de Escalona y Dehesa de Campoamor, y la inclusión de las poblaciones antes referidas).

Realmente, la actual distribución de la especie en ambientes muy litorales es un pobre reflejo de la que debió acontecer hace centurias. Todo parece indicar que la jarilla cabeza de gato ocupó, entre Pilar de la Horadada y el cabo Cervera de Torrevieja, una franja continua de 2-3 km de anchura. Los ejemplares localizados actualmente en el interior, al socaire de ramblas y cañadas, probablemente sean poblaciones relictas de la referida gran población, cobijadas en estos lugares que, por sus características morfológicas, han logrado escapar a las continuas y variadas modificaciones sufridas por el territorio. Y es que, hasta la llegada de las urbanizaciones, las roturaciones y transformaciones del terreno se frenaban ante el cauce de una rambla o la hondonada de una cañada.

Por lo general, esas pocas jarillas cabeza de gato situadas en las zonas altas de las cañadas, en el límite de su área de distribución interior, siempre tienen algún ejemplar en las cercanías. Raro es que estén totalmente aisladas, y mucho menos que el ejemplar más próximo se encuentre a varios kilómetros de distancia. Precisamente eso es lo que ocurre con el misterioso ejemplar de la Punta de la Víbora: su soledad es absoluta.

Pese a que la zona ha sido peinada meticulosamente por diferentes personas, la última vez esta misma temporada de floración, al menos a día de hoy, no se ha localizado ningún otro individuo en su entorno inmediato. El ejemplar de Punta la Víbora dista entre 5 y 4'5 km a las jarillas cabezas de gato situadas en la cala de La Higuera o en la zona de La Veleta, respectivamente…

Estos individuos solitarios, independientemente de la especie de la que se traten, tienen una mística especial. En ellos se da una curiosa dualidad. Por un lado, la indudable fortaleza de haber vivido solos y aislados (en este caso, en la orilla de la laguna hipersalina de Torrevieja); pero por otro, la tremenda fragilidad que supondría sufrir una enfermedad o plaga, el ataque de un herbívoro u otras tragedias naturales, ya que ello sería causa de su fulminante desaparición, sin posibilidad de que en la zona pueda nacer una nueva jarilla cabeza de gato al no haber una población cercana proveedora de semillas.

Por otro lado, al observarlos, uno siempre se plantea si nos encontramos ante un ejemplar centenario, último representante de una población local ya extinguida, o por el contrario, lo que estamos contemplando no es más que el maravilloso poder de dispersión de las semillas.

¿Es posible que, al igual que ocurre en el anteriormente citado paraje de La Cuerda, en el río Nacimiento, las jarillas cabeza de gato tuvieran una población continua desde el litoral hasta llegar a la Punta de la Víbora, más o menos siguiendo el eje de la actual Vía Verde y la zona ocupada por las urbanizaciones Las Torretas?. Mientras que el conjunto de la población sur de jarilla cabeza de gato probablemente iniciara su declive con las primeras roturaciones para cultivos llevadas a cabo a partir del siglo XVIII, el eje que conecta el litoral de Torrevieja con la Punta de la Víbora fue transformado mucho antes. Y aun en el supuesto de que una población relictual hubiera quedado relegada al entorno de la Punta de la Víbora, los cultivos de secano de los años 50 y 60 del siglo XX, que prácticamente llegaron justo a la zona del saladar, hubieran acabado con ellas. Nuestro solitario ejemplar, por tanto, ¿es un superviviente de aquel último frente roturador previo a la llegada de las urbanizaciones? Imposible de saber.

Por otra parte, ¿es posible que una semilla germinara en tan apartado rincón?. Es otra opción. La vida funciona por increíbles procesos estocásticos y la razón de ser de los propágulos vegetales es, precisamente, llegar lo más lejos posible y establecerse en nuevos territorios. Efectivamente, no se puede descartar nada en una especie con semillas que se dispersan con facilidad, principalmente por el viento, y que tienen una buena tasa de germinación y establecimiento natural. Pero volvemos al principio: los estudios de los últimos años indican que todo eso es cierto siempre que haya otros ejemplares en las proximidades. En el caso de la Punta de la Víbora…, vuelvo a plantear: ¿existieron otros ejemplares en las proximidades?, ¿de nuevo una población relictual ya desaparecida?, ¿o fue una semilla llegada desde el lejano litoral?, ¿es probable que arribara flotando en el agua marina que circulaba por el acequión que años atrás se prolongaba hasta esta zona?, ¿tal vez mezclada con la arena de playa utilizada en el cemento de las bases de los postes (primero de madera, después metálicos y finalmente de hormigón) del antiguo tendido eléctrico que discurría por la zona?

Parte del encanto de esta solitaria jarilla cabeza de gato reside, precisamente, en que no podemos responder a estas preguntas, en que no podemos dilucidar la última razón de su anacoreta existencia. Cura de humildad que demuestra que nuestro intelecto todavía no puede explicar, ¡afortunadamente!, pequeños misterios de la naturaleza, como el expuesto en este relato.

En estas fechas, pasado ya su período de floración anual, la solitaria jarilla cabeza de gato de la Punta de la Víbora desaparece de nuevo. Comienzan los largos días de su más que discreta existencia. Su mimetismo es absoluto. Su ser vegetal se diluye en el resto del matorral: tonos ocres y amarillos, sobre el verde austero del saladar, junto a la ensoñadora laguna rosada. El año que viene, en los albores de una nueva primavera, sus inconfundibles flores amarillas iluminadas con manchas anaranjadas nos convocarán de nuevo a los que seguimos fascinados por su presencia. Un año más, desde no se sabe cuándo, hasta no se sabe cuándo. El eterno tránsito del tiempo; los siempre enigmáticos procesos naturales. A un paso, la cotidianidad de nuestra sociedad moderna, que dejó de contemplar y maravillarse con estos pulsos vitales hace tiempo.


Fotografías

Foto01.jpg: Detalle de la floración del año 2017

Foto02.jpg: Jarilla cabeza de gato de la Punta de la Víbora

Foto03.jpg: Trazado de la prolongación del acequión de Torrevieja hasta el paraje de la Punta de la Víbora.

Foto04.jpg: Localización de la jarilla cabeza de gato inmersa en el albardinal.

Foto05.jpg: Recuperación de la vegetación en antiguos cultivos; al fondo la urbanización Torreta-III



 

 

1 Volvedora: Máquina extractora de sal del fondo de la laguna de Torrevieja.

2 Trenes: Conjunto de raches formados por las barcazas que transportan la sal hasta el lavadero.

3 BDBCV. Recopila y actualiza toda la información disponible en la Comunidad Valenciana sobre presencia de las diferentes especies de fauna, flora y hongos.

4 Malla cartográfica en coordenadas UTM dividida en cuadrículas de 1 km de lado.