Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 42 - Primavera 2016
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
No era un sueño Encarna Hernández Torregrosa


Todo aquello era muy extraño. A su alrededor, tan sólo gigantescas montañas, un suelo escarpado y un sonido indescriptible, metálico. ¿Dónde se encontraban sus hermanos y hermanas? Jamás se había separado de ellos y ahora se veía sola en mitad de lo que pensó era otro mundo. Le dolía su cabeza como si hubiera recibido un golpe. Sólo recordaba que se quedó dormida y... ahora estaba en ese lugar. ¿Estaría dormida aún?

Decidió que para averiguarlo tenía que seguir caminando. De pronto... No podía pasar. ¿Qué sucedía? Algo le impedía seguir por aquel sendero, como si una fuerza extraña le imposibilitara dar un paso más, como si una barrera invisible le cortara el paso.

Curiosamente, sintió hambre. Miró a su alrededor y vio un grupo de desconocidos. Se dirigió hacia ellos y cuando estuvo cerca preguntó al que tenía más cerca:

-Perdona... ¿Quiénes sois? ¿Y qué es este lugar?

Chissst! Calla y sigue caminando -fue toda la respuesta.

Todo era tan insólito... ¿Dónde se dirigían? ¿Quiénes eran aquellos a los que tenía que seguir?

Su estómago tomo la decisión y siguió al grupo. Y de nuevo allí estaba aquel sonido metálico, constante, cuyo origen ignoraba. Miró al grupo y al parecer a ellos no les molestaba. Entonces reparó en la luz... No recordaba cuánto tiempo había pasado, pero la luz del sol seguía siendo intensa, muy intensa. Algo no estaba bien en todo aquello y, sin saber la razón, su corazón se aceleró, como si intuyera que algo iba a suceder. De repente, todo el grupo se deshizo. ¿Qué sucedía? Miró a lo alto y allí estaba. Se aproximaba del cielo un objeto inmenso como una gran boca. Sintió deseos de escapar y salió corriendo como los demás. Cada vez estaba más cerca. Ella, asustada, corrió cuanto pudo hasta ocultarse en el saliente de una roca antes de ser herida o, algo peor, engullida por aquel ser extraño. El sonido se hacía más y más estridente, cerró los ojos... y al abrirlos aún pudo ver cómo aquel ser diabólico vomitaba a sus hermanos y hermanas. ¿Qué estaba ocurriendo? La gigantesca boca, tan rápido como apareció, se marchó. Corrió hasta donde se encontraba su familia y todos estaban aturdidos.

-¿Cómo estáis? ¿Qué ha sucedido? ¿Qué os han hecho?

Las preguntas de unos y otros se agolpaban sin respuesta alguna, hasta que una voz ronca se oyó en mitad de toda aquella algarabía. Una hormiga vieja y gorda les dijo:

-Estáis en un hormiguero artificial.