| II CONCURSO "UNA IMAGEN EN MIL PALABRAS" | ||||||||
LA RAÍZ DEL MAL |
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| G A N A D O R |
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Seudónimo: Alonso Cicerón, y cuyo autor es: José Manuel Alonso Pérez Alicante |
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| … Aquella tarde, cuando te presentaste, éramos muy jóvenes y apenas sabíamos nada de la vida. El mundo entero era muy joven. Nuestra misión consistía en disfrutar de las cosas, descubrirlas paulatinamente y hacer de cada día un tiempo mágico donde únicamente las ilusiones y las risas tuvieran cabida. Pero llegaste tú y cambió todo. Sí, lo recuerdo bien. Tus movimientos sinuosos y los colores de tu vestimenta anunciaban una criatura exquisita, absolutamente deseable para el trato, bella, espectacular… Todo en ti era elegancia y buen gusto. No pudimos vislumbrar el frío del invierno que habitaba en tus ojos ni sospechamos tampoco que tu lengua pudiera estar cargada de veneno. Ya sé que dijiste palabras inofensivas – el saludo cortés primero – y luego todo aquello del conocimiento; mas, cada una de las sílabas que pronunciaste escondía una mentira atroz. ¿O es que lo vas a negar? Resulta increíble que siendo tan hermosa, en el fondo fueras tan pérfida.
Lo que más ofende es que de tu garganta no salió ni una blasfemia, ni un grito, ni reproches envidiosos que mostraran tu verdadera naturaleza. Tan solo una voz de terciopelo, un cálido y tenue silbido acarició nuestros oídos. A todos nos tenías tan hipnotizados que distinguir entre el bien y el mal era difícil. Yo, por tu culpa, maté a mi hermano. ¡Pobre muchacho! He lamentado toda mi vida lo que hice y me pregunto a menudo si, tal vez, fue un ataque de celos lo que me llevó a destrozarle el cráneo. ¿Y mis padres? ¿Qué me dices de ellos? Ellos eran tan buenos e inocentes que ni siquiera conocían el pudor. No acierto a comprender que beneficio obtuviste a cambio de sus padecimientos. Después del daño causado escapaste con rapidez aprovechando la confusión. Nadie te pidió cuentas de nada. Lo único que pudimos hacer fue narrar una crónica corta acerca de tus desmanes que, dicho sea de paso, luego se falseó. Pero yo lo vi todo, y lo viví todo, como sabes. Al día siguiente de tu marcha ya estaba pendiente por completo de tus movimientos y había decidido seguirte hasta el último confín de lo creado para acabar contigo de una vez por todas. De raíz. ¡Mira a tu alrededor, estúpida! ¿Dónde pensabas refugiarte? Al final has sido golpeada por tu propia fechoría. Ni una planta, ni una brizna de hierba, ni un árbol que te pueda ocultar. De lo que fue un exuberante y hermoso jardín no queda mas que ese arbusto reseco y arena áspera teñida de rojo. Quema, ¿verdad? Pues ese es tu legado. No esperes el más mínimo alivio por parte de la lluvia porque, como puedes ver, el cielo que nos cubre parece de plomo fundido y carece de nubes. Observa tu cuerpo de culebra. Te has arrastrado toda una eternidad para acabar siendo un palo seco. Tus sinuosas ondas no son ahora sino curvas petrificadas. A ver, dime, ¿dónde están los brillantes colores de tus escamas? ¿Dónde el fulgor de tus ojos? ¿Qué hay de las promesas que te hicieron por tentar a mis padres? Te han dejado a solas con el polvo y la sed, para que pruebes tu propia medicina, y han sellado para siempre tu boca convirtiéndote en un residuo miserable. Pasarás desapercibida al lado de ese matojo que no lograste alcanzar y compartirás con él la extensión inabarcable de este lugar inmundo. Anda... busca, busca agua a ver si la encuentras. Podrás retorcerte bajo el sol ardiente como si fueras barrena y profundizar en la tierra calcinada, pero de nada te va a servir. Lo único que conseguirás, si acaso, es ir cavando poco a poco tu sepultura. Pero no te preocupes, que morir no es tan malo. Los hombres, por ejemplo, llevamos haciéndolo desde que, gracias a ti, nos condenaron. ¡Y de eso hace ya, maldita sea, más de seis mil años! Fue un duro castigo, es cierto, pero al cabo de los siglos hemos aprendido a resignarnos y muchos lo toman, cuando llega el momento, como liberación de los penosos trabajos de la existencia. Me imagino, sin embargo, lo que puede suponer para ti, que siempre fuiste un ofidio con ansias inmortales. Ya veo las pesadillas que te esperan. La única humedad que vas a degustar, serpiente traidora, es la de tus propias lágrimas… y ni aun eso, porque las raíces no lloran. Yo venía preparado con el hacha y la lumbre porque tenía la certeza de que pronto te iba a encontrar, aunque… no me imaginaba que fuera de esta manera. Ahora me das lástima. Durante todo este tiempo mis ansias de venganza han sido fuertes, pero al verte de nuevo he comprendido que, en realidad, eres tan inocente como cualquiera de nosotros; una criatura más, entre tantas, que cometió el error de seguir órdenes abyectas y ponernos a prueba. Sólo veo ante mis ojos otra víctima. Por lo visto, el verdadero culpable de todo se sienta en un trono, allá, en los cielos, y disimula su condición bajo múltiples apelativos. Ya nada podemos hacer el uno por el otro ni nadie nos aguarda para que demos explicaciones. Yo anhelo el descanso… y tú te consumirás aquí, comida por los bichos. Así que lo mejor será que me quede a tu lado. Además, el mal ya está hecho y para cambiar nuestros destinos de hombres y bestias habría que empezar desde cero o escrutar en nuestras almas otra vez... con una fruta distinta. Mira, haremos una cosa. Creo que para un anciano como yo esta tierra rojiza será una buena tumba y tú, por debajo, podrás visitarme cuando quieras. Ese arbolucho gris y mortecino servirá de lápida y cuando llegue la noche… Cuando llegue la noche, no te preocupes. En una de las ramas fijaré una nota que diga: |
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CAIN Principio de los tiempos – año seis mil |
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| Y después, para combatir el frío, prepararemos un buen fuego con algún palo más y con estos papeles que te he escrito, y que pensaba dejar a la posteridad. | ||||||||
| Fallo del jurado |