VI CERTAMEN ARS CREATIO - LAS LAGUNAS |
||
RELATOS - CATEGORIA LOCAL |
||
GANADOR: |
||
| Mª Lourdes González Berriz. | ||
| TÍTULO: | ||
"SEMIBRUJAS" |
||
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
En todas las posguerras flamea desvaída, mugrienta y desgarrada la misma bandera tricolor: el hambre, la enfermedad y el dolor. En el mástil, la brujería y la gramática parda. Habían cenado una sopa de agua y pan duro con verdín y, después, unas algarrobas contadas. Los tres muchachos desbrozaban los baldíos terrenos junto a la chabola, arrancando matojos y buscando metralla esparcida. La vieja bruja, a cambio, les dejaba dormir bajo techo en el suelo y les templaba las tripas, un día sí y otro tampoco, según hubiera ido la chatarra. Aquella noche se encontraba generosa y, como algo extraordinario, les añadió, además, una naranja a repartir. Al enseñársela, con la sonrisa quebrada y los ojos cicateros y mojados de todas las brujas, la manoseaba, lentamente, con sus huesudos, artríticos y sucios dedos. De pronto, lanza un grito, desencajada: -!Le falta un gajo! !Le falta un gajo y esta mañana estaba entera! Ellos se hacían muecas entre sí, entre sorprendidos y muertos de risa. -Oiga, señora, mírela bien que está sin abrir,- le dijo uno. -Aquí, encima de esta mesa, la dejo,- amenazó la bruja. Como mañana al amanecer no hayáis devuelto el gajo y esta hermosura siga falta, os juro que os echo a patadas, ladrones de mierda. Se quitó el medallón que llevaba atado al cuello y, apretándole contra la parte de la piel donde no faltaba el gajo, la marcó como si fuera una oveja. Al clarear el siguiente día, cojeando, con sus cuatro pelos grasientos y enredados, se acercó a la mesa: allí seguía su naranja. La cogió de nuevo, comprobó su marca, la palpó y, como en un estertor, balbuceó: -¡Maldita sea! Falta... otro... gajo... Ahora me faltan... dos... En un extremo de aquella mesa, mal escrito con una brizna de madera quemada, se podía entender: "Bruja, estos son mucho más espabilaos que tú. Antes que se te escapen tós, riendo y corriendo a la pata coja, cómetela y seguro que revientas". |
|
"RELACIONES" |
||
| Volvía de Allá hacia Aquí, tras dos días resolviendo unos asuntos comerciales. Las cosas habían resultado, relativamente, bien, teniendo en cuenta que debería renovar un par de efectos bancarios. Paré en un área de servicios, a medio camino entre Allá y Aquí, a fin de reponer gasolina y tomarme un café. Estaba sentado junto a la barra del bar restaurante, cuando se me acercó un caballero de buena presencia y excelentes modales, que, muy respetuosamente, se dirigió a mí: - Disculpe Sr., le he visto llegar y, por la matrícula de su vehículo, tengo la impresión de que se dirige hacia Aquí. Le contesté que, efectivamente, iba en esa dirección. El me comentó que había sufrido una avería en el suyo y su compañía de seguros tardaría tres o cuatro horas en recogerle. -Si Vd. no tuviera inconveniente en que yo le acompañara hasta Aquí, me haría un grandísimo favor, pues tengo una cita profesional dentro de tres horas y no veo forma de llegar, salvo que la suspenda o acepten su aplazamiento -trató de aclararme-. -En absoluto,- le contesté-. En dos horas y media estaremos en nuestro destino. Era una persona de amena y fluida comunicación, que, según me comentó, se dedicaba a la compraventa de objetos de arte. En un momento de la charla, de los matojos del lado derecho de la carretera, junto al arcén, surgió, como un rayo, un conejo al que traté de evitar. No sé si lo conseguí o no, pero doscientos metros más adelante, una pareja de la policía me dio el alto. -Tengo que sancionarle,- me informó - por haber invadido la línea continua con ambas ruedas izquierdas de su vehículo. Cuando formalizaba el correspondiente parte, mi circunstancial acompañante bajó del coche, pretendiendo darle alguna explicación al agente. Este, sin concesiones pero educadamente, le conminé a que volviera a entrar por motivos de seguridad. Seguimos nuestro itinerario sin darle más importancia al contratiempo. Llegamos a Aquí y le acerqué a su domicilio. Al despedirnos y, tras reiterarme su agradecimiento, me dejó su tarjeta apoyada a un papel de igual dimensión. Guardé ambos en el bolsillo superior de mi chaqueta y me dirigí a casa, al otro lado de Aquí. Entré en mi dormitorio y comencé a desvestirme. Tuve curiosidad por ver su tarjeta y conservarla en mi tarjetero. Se leía: arriba, el nombre; a los lados, abajo, dirección y teléfono; en el centro, una palabra, "ladrón". Instintivamente, con un sudor frío, palpé el bolsillo del billetero. Estaba ahí, comprobando, con un bufido tranquilizante, que no faltaba nada. Abrí el portafolios, encontrándole, también, en orden. De pronto, deparé en el papel, adjunto a su tarjeta. Lo desdoblé y las piernas, todavía, me tiemblan cuando vi que se trataba del original de la multa que me acababan de poner, cuya copia estaba en mi billetero. Al dorso y a bolígrafo rojo, figuraba lo siguiente: "No he podido compensar su amabilidad de otra manera. Una vez más muchas gracias". Aún no le he llamado, pero es que las cabinas telefónicas urbanas funcionan fatal. |
||
"TIMBRES" |
||
| Lunes, 7,30 a.m. Impertinente, suena el despertador un día más. Iniciaba su jornada laboral a las 8,30. Tomó un café en la cocina y salió a la terraza. - Vaya día que viene. Y yo con el coche en el taller,-murmuró. Volvió al salón y conectó las noticias. Las previsiones no auguraban mejorías. Durante toda la semana, el frío y la lluvia permanecieron, machaconamente, en esta sucia ciudad fabril. El jueves, noche, ya en la cama, sonó el teléfono. Lo ignoró. Sabía por el visor que era su compañero Sergio quien le llamaba. -Seguro que lo que quiere -se dijo- es que salgamos de marcha, a estas horas y con este tiempo. Ni hablar. Y se arrebujó. Al fin, el lunes siguiente amaneció con un sol resplandeciente. El despertador le recordó la hora habitual. Se duchó, desayunó y a la vez que tarareaba "La vie en rose" y se anudaba un "Wilson", sonó el interfono en la cocina. -Quién es -preguntó-. -El cartero, buenos días. -Buenos días, ya le abro - respondió-. Subió el cartero y le entregó un telegrama urgente. Decía: "Rogamos personarse esta mañana Departamento Personal stop Firmar y recoger finiquito stop" |
||
ir a: |
||