Tus lágrimas llevan fragor de siglos,
Gentes y gritos.
Y como un suspiro,
Desbordan infinitas codicias
Entre sus venas.
Tus lágrimas llevan penas de ausencia.
Y como el fértil río,
Van moviendo despacio
Viejos molinos,
En donde muelen chirriando
Viejas penas.
Tus lágrimas llevan sabor de tierra.
De mina y hulla.
De tierra ocre y dura.
De suaves parameras.
De verdes laderas.
Y cuando bajan dolientes,
Serpenteantes, del río la cuenca,
Tus lágrimas, de piedra en piedra,
Poco a poco,
De nuevo, se vuelven tierra.
Cita con Andrómeda en Lesbos
Ahora el silencio se tornó susurro
En el mar proceloso...
Encumbradas de embriaguez de sudores salobres.
Reclusas en la oquedad de obstinada conspiración.
Conmocionadas en el anacrónico santuario de turbación,
Yacen prisioneras de otra boca libertina.
Y así, insolentes, confundidas entre gasas prístinas,
Nos juramentamos sin disciplina, en solaz lascivia.
Y en la abundancia,
Una evasión de formas poliédricas sin aristas.
Y en el exceso,
Rojos fulgores en el quicio de sus fauces,
Consumen en caótico desenfreno,
El ímpetu vehemente de su obscenidad.
Desvanecidos los abusos,
Alterados los perfiles
Quedan diamantinas lágrimas en el lecho de inocencia.
¿Quién sabe si en el umbral del alba
Encontrarás la estela de esplendor
Que alivie todo en ti?
Koiné
Se despeñan indemnes
En el dédalo de los años.
Confundidos en mínimos átomos,
En núcleos fundidos, en galaxia de geles,
En sombras de cuarzo.
Perseguidos por las Furias
(Atávicas sombras cúbicas)
Rompen bucles, torbellinos, olas...
Quién teme, mástil generoso,
Encallar su proa en el océano fugitivo
De espuma, ávida por atrapar
Un aluvión de almas.
Allí donde acuna el Céfiro,
Mecen burbujas de espacio tus manos
Deslumbrantes, de plasma cristalino
En el espeso vacío del abismo.
Tal vez fueron diez bostezos de Júpiter
O sólo un suspiro de Eolo,
Lo que mantiene eterna las antorchas
Rutilantes de las Pléyades,
Ante el busto equino nebuloso de Orión
(Su profanador vil y abyecto
En la inquinidad del gineceo)
Y así... entre dos nadas,
Amanece sedosa la inmortal llanura
Bajo el reflujo azul. Desplegando
Curvo el velamen de sábanas tensas,
Impele el rumbo hacia el horizonte incierto. |