![]() |
V Certamen de | |||||
![]() |
||||||
LOCAL |
||||||
| FINALISTA | Gabriel Estañ Cerezo | |||||
| Historia de un descubrimiento | ||||||
Cuando Newton descubrió la gravedad, allá por el siglo XVII no todo el mundo estaba contento con el hallazgo. La comunidad científica discutió esta ley, conocida como la de la Gravitación Universal durante meses, sin llegar a ninguna conclusión convincente. La cuestión se expandió entre las clases acomodadas y en pocos meses, burgueses y nobles ya eran grandes autoridades y verdaderos especialistas en el tema, así como en astronomía, astrología, cosmología y el cualquier otra palabra que les diese autoridad en el tema científico actual. Los labios de los adinerados charlatanes se llenaron de retórica pro-newtoniana, o en contra de las teorías del científico y las discusiones duraban horas enteras… Y todo, porque Newton se había puesto de moda, lo cual suponía un gran fetiche para los millonarios y sus seguidores.
Y los ricos marchaban murmurando contra la ciencia, sin recordar que antes de Newton las cosas ya caían por su peso. Cuando el tema se desarrolló de una manera más amplia y se comenzó a hablar de la fuerza con que la Tierra atraía a los cuerpos, muchos se sintieron pegados, atrapados por la fuerza cósmica que los apretaba contra el suelo. Los personajes más exaltados, a la par que bajitos, culpaban al genial científico inglés de su escasa estatura. Querido Condecillo de Madeleine, os escribo para informaros de que igual que vos creceréis cuando cambie la magnitud de mi ley, también vuestro pueblo lo hará y quizá, sólo quizá, crezcan tanto como para agarraros las barbas. De todos modos, y debido al aprecio que siento hacia vuestra pequeña persona, me apresto a realizar los cambios necesarios. En breve, sentiréis las novedades. Atentamente, vuestro Gran amigo, Sir Isaac Newton. Cuando el Conde leyó la respuesta quedó blanco y estupefacto y cuando hubo analizado la carta a fondo, comprendió que se hallaba en un problema demasiado grande para él. Se convirtió en un ser esquivo, nervioso y temeroso de su pueblo, al cual agasajó con ayudas al comercio, a la ganadería y a la agricultura. El Conde no volvió a dormir tranquilo durante el resto de su vida, pero su pueblo se convirtió en el más próspero del Reino de Francia. Y todavía hoy se observan los logros económicos del Conde. Y donde dije Reino, digo República. Pero los problemas con la Ley de Gravitación, sólo iban en aumento. Centenares de científicos de todo el mundo civilizado trataban de analizar el tema y de llegar más lejos que Sir Isaac y algunos, ya pensaban demostrar que todos los planetas acabarían estrellándose entre si y que el fin del mundo y el Apocalipsis estaban cada día, un día más cerca. Pero una persona estaba decidida a solucionar el problema. Desde el más absoluto anonimato, convertido ya en un héroe, este Salvador de la Humanidad se disponía a remediar la situación. Sin embargo, su nombre quedó olvidado en el albores de la Historia moderna y tan sólo sabemos de él que era filósofo, alemán, judío y del Bayern de Munich. Se dispuso a combatir a la ciencia, usando las mismas tácticas del enemigo, estudió los métodos científicos, pensó como uno de ellos y acabó trazando un plan. Si todos los mamíferos son animales, Así, armado con un paquete de dos cientos folios (suponiendo que existiesen los folios empaquetados) y una estilográfica, se plantó en su escritorio frente a su ventana y comenzó su ardua tarea. “Luego, la Gravedad no existe” Al instante, todos los objetos de la habitación, incluido él mismo, comenzaron a flotar: la pluma, sus libros, los folios, las sillas, todos danzaban suavemente por entre las cuatro paredes. Miró por la ventana y vio que la situación era igual de dantesca. Los niños asustados volaban junto a las hojas de los árboles, los viejos y un centenar de otros objetos.
El niño me miró pensativo durante unos instantes y al momento, se dio la vuelta para seguir jugando con aquellos horrorosos dinosaurios. Por lo visto, no se dio cuenta del terrible peligro al que todos estamos expuestos: porque todos los planetas corren a estrellarse entre si. |
||||||