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calificación: 7,7
nº de votos: 10
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(Este cuento está publicado en el libro
Todos
los fuegos el fuego, de la Colección
Biblioteca Cortázar de la editorial ALFAGUARA. Si no dispones del cuento o te resulta difícil
conseguirlo en Internet, es muy probable que alguno
de los lectores del club de lectura A.C. te lo pueda facilitar en formato
'doc'. Sólo tienes que preguntar
en
lectura@arscreatio.com )
11-oct-2007,
A. Fijo dijo:
Aunque poco convencido, aventuraré una
interpretación:
Ésta es otra historia de desdoblamiento, de doble identidad, de
choque entre realidad e irrealidad.
El azafato Marini sueña despierto en una versión mejorada de sí
mismo y de su monótona vida. Pero ese otro yo, esa otra vida, es un
ideal inalcanzable. Marini fracasa. Desea olvidar y dejar atrás al
“hombre viejo”, pero el “hombre viejo” no quiere dejarlo a él. Desea
hacer desaparecer su vida anterior, toda su experiencia anterior,
pero le resulta imposible (el avión siempre está presente). Desea
encontrar su propia identidad, pero ilusamente pretende ser lo que
no puede ser. Su soñado viaje hacia un ‘nuevo Marini’ acaba en algo
peor que un accidente; acaba en… NADA. (Al final sólo queda el
Marini real, que se supone que nunca llegará a la isla. Pero lo más
desastroso es que el otro Marini (el doble, el Marini ideal, el
Marini soñado) tampoco estuvo ‘realmente’ en la isla, pues sólo
llega allí al final del ‘viaje’. Un viaje que termina antes de
empezar).
Afortunadamente, el cuento de Cortázar es más interesante y menos
aburrido que algunas de las críticas que suscita (véase, como
ejemplo de este tipo de críticas, el párrafo anterior).
Un último comentario: si la isla del cuento es la Siros (cerca de
Mikonos) que conocí veinte años atrás, desde luego que “las hordas”
la tomaron, ¡y de qué manera!
13-oct-2007,
ASB dijo:
Éste es uno de los cuentos que más me han
“enganchado”. No sé si coincidiré con otros lectores o con la
intención de Cortázar, pero me parece que está premeditadamente
desdibujada —hasta diría que falsificada, en el buen sentido— la
línea que separa la realidad de la ensoñación. En concreto, en el
primer párrafo de la cuarta página, mientras el protagonista mira
por la ventanilla del avión, imaginando la forma de llegar a la
isla, pasa de inmediato (con punto y seguido) a una narración con
apariencia de realidad («Desembarcó con las primeras luces...»),
pero que sigue siendo onírica. Con la última frase, «el cadáver de
ojos abiertos era lo único nuevo entre ellos [los habitantes de la
isla] y el mar», se entiende —o entiendo yo— que poco antes no había
venido ningún extraño; en consecuencia, el cadáver sería del propio
Marini, que de esta forma cumplirá su deseo de quedarse para siempre
—aunque no a vivir— en el lugar que tanto lo atraía, el escape de su
rutinario trabajo de azafato y su aburrida (!) lista de mujeres en
cada ciudad. Precisamente esa última frase es la que hace al lector
caer en la cuenta de que la segunda parte del relato era también un
sueño. Ya en anteriores pasajes, el protagonista mezclaba ambos
aspectos, al pasar de soslayo por las vicisitudes de sus amantes,
sin importancia para él, para volcar su mente (después de un punto y
coma en el texto) en la misteriosa Xiros. Por discrepar de algo, veo
forzada la mención de unos premonitorios «dolores de garganta
inexplicables». Al margen de la literatura, no recomendaría este
cuento, por razones obvias, a los que tienen miedo de viajar en
avión.
5-oct-2007,
Beyoncé dijo:
Está bien. Es un poco enrevesado, como
era la moda entre las vanguardias de la época en que fue escrito.
24-oct-2007,
Nora dijo:
Es dificil describir de forma más
hermosa el paraíso terrenal(Xiros). Siempre podemos elegir, aun en
las circunstancias más precarias, aun cuando decidimos no hacer
nada, estamos haciendo una elección. La búsqueda de la felicidad es
a veces intuitiva, incluso rechazamos lo racional y nos dejamos
guiar por el instinto. Y luego está el azar, el destino que mueve a
su antojo las piezas del puzzle. Dios mío, no me canso de releer el
cuento para volver a sentir una y otra vez las sensaciones de
plenitud que tan magistralmente transmite Cortázar.
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