| Fogonazos (vol. III) | |||||||
1.- Gene Tierney en cualquier momento de Laura (1944) de Otto Preminger. Máxima expresión de un género, el cine negro, estilizado hasta el máximo por unos guionistas en estado de gracia y todo ello cubierto, como si de una tarta se tratase, por un fotografía tan eficaz como innovadora. Laura tiene el extraño poder de absorber al espectador, de sumergirlo en un estado de absoluta fascinación durante la escasa hora y veinte que dura, dilatando el tiempo, fílmico y real, de una manera mágica. Al igual que todos los personajes del film, que idolatran a Laura, el espectador no puede hacer otra cosa que dejarse arrastrar por los encantos de esta mujer, perdón, de esta película. |
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| 2.- Robert Wise es uno de esos realizadores a los que los críticos de cine suelen referirse como artesanos. Sin embargo si uno echa una ojeada a ciertas películas de su filmografía no puede hacer otra cosa que echarse a reír ante semejante definición. Ultimátum a la Tierra (1951), clásico absoluto, casi fundacional, del género de la ciencia ficción, es un ejemplo de lo que estoy hablando. Wise narra con la mayor naturalidad la llegada de un platillo volante a la Tierra y el periplo de su tripulante para hacernos entender a los terrícolas que la energía nuclear es un arma (no hay otra palabra, lo siento) de doble filo. Y lo hace con un extraterrestre que es igual que nosotros físicamente, algo innovador en una época en la que el color verde y los tres ojos eran lo más común para retratar a nuestros adorables vecinos. En un mundo sacudido por el pánico nuclear y los albores de la Guerra Fría, Robert Wise nos dio un tirón de orejas a los humanos. | |||||||
| 3.- Hay tres papeles que han convertido a Marlon Brando en algo más que un actor, en un axioma, un monumento: El Padrino, Apocalypse Now (Redux o no) y La ley del silencio. Esta última cinta, canto a la delación en el marco de la vergonzosa Caza de Brujas, es la mejor película de Elia Kazan, un director que al igual que John Huston, su vida es casi más interesante que su cine. Kazan era simpatizante (o algo más) del lado más izquierdista de Hollywood. Pero llegó un momento en el que bien por la presión del ambiente o por ver ciertas incoherencias dentro del seno de sus amigos , Kazan decidió (o no fue él quien lo decidió, ya que me resulta complicado pensar que alguien pueda tomar semejante decisión) declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas y delatar a sus antiguos camaradas. No fue el único, pero se ganó la enemistad de ciertas personas, entre ellas el dramaturgo Arthur Miller. Así, en este contexto, nace La ley del silencio (1954), una cinta que, al margen de sus ideas, construye un discurso de gran coherencia interna y retrata sin concesiones a una juventud ciertamente perdida. | |||||||
| 4.- La partida de billar más larga de la historia: Eddie “el rápido” Nelson contra “el gordo de Minessota”. Más de un día jugando ininterrumpidamente hasta que uno de los dos abandone o se quede sin dinero. Así arranca El buscavidas (1961), de Robert Rossen (uno de esos a los que el Comité de Actividades Antiamericanas hizo mucho daño). Ejemplo de película planificada hasta el extremo, cada secuencia de esta cinta es una verdadera lección de encuadres bien realizados, planos llenos de detalles significativos y movimientos de cámara para nada gratuitos. Geométrica y genial a partes iguales, El buscavidas habla del juego, del azar, de los bajos fondos (morales y físicos), del amor y sus batallas, de la derrota y la victoria, del alcohol y el humo, y, por supuesto, del billar como metáfora de todo lo que acabo de decir. Cinta generacional y de culto, posiblemente si no existiese habría que inventarla. Un diez. | |||||||
| 5.- Más allá de su famosa (por méritos propios) trilogía con Clint Eastwood (Por un puñado de dólares, la muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo) el italiano Sergio Leone creó un western que no tuvo en su momento el éxito que mereció, pero que poco a poco está ocupando el lugar que su calidad reclama. Hasta que llegó su hora (1968) es la obra maestra de Leone (si, por encima de Erasé una vez en América) y un western que se anticipa a lo que apenas dos años después hará Sam Peckinpah. Escrito por Leone, Darío Argento y Bernardo Bertolucci, Hasta que llegó su hora es una danza continua de la muerte, un crepuscular canto de cisne de un género que gozó de momentos mejores. Charles Bronson borda su papel de Armónica y Claudia Cardinale invade la pantalla con su belleza mediterránea. Pero Henry Fonda no tiene precio haciendo de malvado asesino a sueldo, inexpresivo y amoral. Pocas películas son conscientes de su propia grandeza, pero en cada plano de Hasta que llegó su hora uno sabe que lo que está viendo es muy, muy grande. | |||||||
| 6.- Si, una cuchilla de afeitar abre el ojo de todos los espectadores desde hace muchas décadas. Luis Buñuel y Salvador Dalí realizan el experimento fílmico más transgresor de la historia del cine en tan sólo diez y siete minutos. Nadie ha vuelto a hacer algo igual (auque hay un tipo en Norteamérica que lo intenta desde hace años: David Lynch). Un perro andaluz es el verdadero fogonazo del siglo XX (¿y del XXI?). Superando con creces cualquier cárcel artística Un perro andaluz se sale del corto esquema surrealista para adentrarse en un mundo al que nadie ha vuelto a entrar. En un cine cada vez más previsible, donde los intentos de romper moldes suelen ser de bastante pésima calidad, esta cinta constituye todo lo que el cine puede llegar a ser: una verdadera fábrica de sueños. | |||||||
| 7.- No sé si es el travelling más largo de la historia, pero sin duda es el mejor arranque que uno pueda imaginar. Unos tipos colocan una bomba en los bajo de un coche. Coche al que se suben unas personas y que atraviesa tranquilamente la ciudad hasta llegar a la frontera, donde el mecanismo de relojería (el de la bomba y el del maravilloso plano secuencia) se para haciendo explotar la maldita carga. Sed de mal (1958) es la mejor película de Welles con diferencia. Es menos ambiciosa que Ciudadano Kane, está menos mutilada que El cuarto mandamiento y es más entretenida que El proceso. Quizás sólo Campanadas a medianoche y El extraño (cinta esta última muy poco valorada para lo bien construida que está). Cine negro, negrísimo, con una fotografía asfixiante y unas actuaciones soberbias. | |||||||
| 8.- Emilio Gutiérrez Cava corriendo desesperado, la imagen se congela pero aún podemos escuchar su sofocante respiración. Así termina La Caza (1965), obra mayor de un cineasta clave en nuestra historia, Carlos Saura. Se podría decir que, en cierto sentido, se trata de nuestro particular Apocalipsis Now, ya que la fuerza con la que esta cinta retrata el Horror (así, con mayúsculas) entronca con la cinta de Coppola. Con estructura de western crepuscular y atmósfera de cine casi fantástico, La Caza trasciende lo concreto (parábola más o menos evidente de la Guerra Civil) para hablarnos de la tensión que genera el odio y la incomprensión. Un diez para la fotografía de Luis Cuadrado. | |||||||
| 9.- James Dean con la cara sucia de petróleo, gritando ante tal descubrimiento, en medio de la nada. Gigante (1956) representa a ese tipo de cine clásico, dónde los grandes estudios se jugaban los cuartos y apoyaban a su película hasta el final. Es además el ejemplo claro de superproducción comercial con madera de cine de autor. George Stevens supo tratar muy bien temas complejos para la época, como la diferencia de clases o los conflictos raciales. Todos los actores están soberbios, en especial un inspirado Rock Hudson y una bellísima Elizabeth Taylor. Los enormes paisajes tejanos fueron muy bien fotografiados por William C. Mellor. | |||||||
| 10.- Si hay una película a la que el adjetivo de mito se le queda corto, esa es, sin duda alguna, La reina de África (1951), de John Huston. Todo en ella se ha comentado, nada sobra ni falta, todo el equipo estaba en estado de gracia. Y eso que John Huston sólo quería ir a África para cazar un elefante. Algunas décadas después otro director americano llamado a ser el último clásico rodaría una cinta sobre el rodaje de La reina de África: Cazador blanco, corazón negro. | |||||||
| Marco A. Torres Mazón | |||||||
| SUMARIO |