| Jergas, neologismos, anglicismos y otros tacos |
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por PPS |
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n España, como en todas partes, el lenguaje se muda al mismo paso que las costumbres; y es que, como las voces son invenciones para representar las ideas, es preciso que se inventen palabras para explicar la impresión que hacen las costumbres nuevamente introducidas. Un español de este siglo gasta cada minuto de las veinticuatro horas en cosas totalmente distintas de aquellas en que su bisabuelo consumía el tiempo… |
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| (José Cadalso, Cartas marruecas [1789]) | ||||||||
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Querida Lourdes: Qué te puedo contar de Cristina. Es la mejor, la number one de mi departamento. Es licenciada en Marketing; master en Business Management y en Técnicas deLeasing, Factoring y Renting; especilista en financiación, cash-flow, rotación de stocks y no sé qué más clinics y seminarios. La conocí en un stage en Palma hace dos veranos. Estábamos en un lunch que daban en el hall del hotel y yo tomaba un cocktail (gin-fizz, como siempre). Recuerdo que ella bebía lo mismo que yo. Al día siguiente coincidimos por casualidad en la playa, ¡íbamos las dos en topless!, ¡qué flash!... Desde el principio tuvimos buen feeling. Ahora comemos juntas todos los días (el catering de la empresa es más light, pero a veces comemos fast food en el burger o el self-service que hay junto a la oficina). Si tenemos más tiempo, nos ponemos un walkman y hacemos jogging por el parque. Los martes y los jueves vamos a un fitness. Al principio hacíamos step, pero ahora nos ha dado por el spinning y el indoorwalking. Un compañero me confirmó el otro día, off the record, que a Cristina le están haciendo mobbing. Los jefes más antiguos (un lobby de tiburones) han acordado en petit comité someterla a un pressing sin tregua. No soportan que una yuppie de treinta y pocos se les cuele en la parte alta del staff. De momento, se han cargado sus brainstorms y su planning semestral sobre mailing y merchandising… En fin, tiene tanto stress que cualquier día entra en estado de shock o tienen que ponerle un by-pass. Yo le digo que tenemos que hacernos un missing y escaparnos unos días (sin maridos) a un buen resort. A uno de esos spas que se anuncian como templos del relax y del chill out. Tomaríamos baños, jacuzzis y masajes, nos haríamos un peeling, nos dejaríamos embadurnar con todo tipo de body milks, e incluso nos haríamos un lifting, que ya no somos teenagers y el sex-appeal no se mantiene sólo a base de wonder bras o bodys de firma. A mí, como sabes, lo que más me relaja es el golf; pero ella tiene otros hobbies más heavies, como el rafting, el trekking, el wind surfing o el snowboard. Claro, que ahora no está para esos trotes. Cristina cae muy bien. Te gustarían su lifestyle y su look. Se maquilla poco: base, blush, máscara, lipstick… pero nada de eyeliner. Últimamente usa una eau parfumée de Armani que me encanta. Viste con sencillez: trajes de chaqueta, jeans, pullovers… lo mismo le queda bien un top que un foulard de crèpe de seda que heredó de su abuela. Cuando quiere tiene mucho glamour. Sabrás que su madre fue miss, top model y cantante de éxito en los 70 (algunos de sus singles fueron auténticos hits). Todavía hoy se la considera una vip en el show business (sigue poniendo la voz en off de algunos sketchs y doblando films). Siempre han pertenecido a la beautiful. Jorge, el marido de Cristina, es hoy todo un gentleman, pero hace unos años era un playboy famoso por sus flirts y sus affaires; un enfant terrible del mundo de la publicidad. Te sorprenderías de la cantidad de spots y video-clips que rodó antes de cumplir los 30 (puedes comprobarlo en su blog). Ahora es un alto ejecutivo en una Televisión. Todo el tiempo habla del share, del prime time, del ranking… Yo le digo que de nada vale hacer zapping; que, si no te apuntas al pay per view, más vale dejar la tele en stand by permanente (en casa no vemos ni realities ni talk-shows ni nada de eso. Como mucho, las news y algún thriller que mi sobrino baja con el peer-to-peer y luego vemos en un home cinema al que le he quitado los subwoofers). Hace poco, pasamos un weekend juntos los cuatro, en New York. Cristina y yo nos pateamos todas las boutiques de Madison y Fifth Avenue, ¡es el paraíso del prêt-à-porter! Yo me compré unos shorts de punto muy fashion (vuelven a estar in) y un trench muy chic de Ralph Lauren. A Luis le compré un blazer. Con las prisas y el despiste del jet lag se me olvidaron los souvenirs para la familia. Por suerte, en la duty free pude comprar un cargamento de t-shirts para mis sobrinos y un bouquet de flores secas para mi madre. Cuando tengas el nuevo router y la webcam me haces un ring y reiniciamos nuestras sesiones de chat. Ahora te tengo que dejar, porque en diez minutos viene mi profesor de Easy-English. ¡Sí!, por fin me he decidido y hoy empiezo mis clases. ¡Estoy harta de no saber ni una palabra de inglés! ¡Ah!, envíame los mails a esta dirección, porque voy a cancelar la otra para poner stop a tantos spams. Besos para Alberto y para ti. Ciao. |
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| Pili. | ||||||||
Mi cuñada Pilar, tan amable como siempre, me ha cedido esta carta suya que tanto se parece, al menos en la intención, a otra que escribió José Cadalso hace más de doscientos treinta años. En aquella ocasión, el escritor gaditano atribuía la carta a una joven madrileña que me recuerda mucho a mi cuñada Pilar. La chica en cuestión (una señorita de buena familia, algo frívola y aturdida por demás con las modas parisinas) decía lo siguiente: |
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Hoy no ha sido día en mi apartamiento hasta medio día y medio. Tomé dos tazas de té. Púseme un desabillé y bonete de noche. Hice un tour en mi jardín, y leí cerca de ocho versos del segundo acto de la Zaira. Vino Mr. Lavanda, empecé mi toaleta. No estuvo el abate. Mandé pagar a mi modista. Pasé a la sala de compañía. Me sequé toda sola. Entró un poco de mundo: jugué una partida de mediator; tiré las cartas; jugué al piquete. El maitre d’hotel avisó. Mi nuevo jefe de cocina es divino; él viene de arribar de París. La crapaudina, mi plato favorito, estaba delicioso. Tomé café y licor. Otra partida de quince; perdí mi todo. Fui al espectáculo; la pieza que han dado es execrable; la pequeña pieza que han anunciado para el lunes que viene es muy galante, pero los actores son pitoyables; los vestidos, horribles; las decoraciones, tristes. La Mayorita cantó una cavatina pasablemente bien. El actor que hace los criados es un poquito extremoso, sin eso sería pasable. El que hace los amorosos no jugaría mal, pero su figura es previniente. Es menester tomar paciencia, porque es preciso matar el tiempo. Salí al tercer acto, y me volví de allí a casa. Tomé de la limonada. Entré en mi gabinete para escribirte ésta, porque soy tu veritable amiga. Mi hermano no abandona su humor de misántropo; él siente todavía furiosamente el siglo pasado; yo no le pondré jamás en estado de brillar; ahora quiere irse a su provincia. Mi primo ha dejado a la joven persona que él entretenía. Mi tío ha dado en la devoción; ha sido en vano que yo he pretendido hacerle entender la razón. Adiós, mi querida amiga, hasta otra posta; y ceso porque me traen un dominó nuevo a ensayar. |
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(José Cadalso, Cartas marruecas [1789]) |
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Cadalso era un tipo juicioso. Era culto, perspicaz, crítico e ilustrado. En lo referente al idioma no era, en absoluto, un purista. Y sin embargo no tuvo inconveniente en censurar aquella jerga hablada por los jóvenes de la clase alta madrileña de 1773. Una jerga cuajada de galicismos que a veces le costaba entender y que, en general, consideraba superflua, innecesaria y ridícula. Pero lo más sorprendente del texto de Cadalso no son esos galicismos que a él le parecían incorrectos y —después de más de dos siglos— nos lo siguen pareciendo a nosotros.Lo más curioso son los giros y las palabras que a Cadalso le resultaban malsonantes y a nosotros nos parecen tan correctos que diríamos nacidos con el idioma mismo. A la vista del escrito de Cadalso, podríamos hacer conjeturas sobre la impresión que la carta de mi cuñada Pilar produciría en un lector hispanohablante en el año 2250 (si es que en ese año aún subsiste nuestra civilización). Es muy posible que el lector del futuro entendiera la carta a grandes rasgos; pero es muy probable que para su perfecta comprensión tuviera que documentarse e investigar sobre quiénes eran Lauren o Armani o sobre qué queríamos decir con eso de step, beautiful, yuppie… O puede ser que no. Porque, a tenor de lo visto, muchos de los anglicismos que hoy utiliza mi cuñada Pili estarán tan asimilados por el español de 2250 (quizá con diferentes grafías) que lo único que extrañará al lector del futuro será que esas palabras hubiesen extrañado a alguien en el pasado. Pensará, acaso, que se trate de un error de apreciación. Estará tentado, tal vez, de rebuscar en Cervantes o en Lope para confirmar su percepción de que esos supuestos extranjerismos habrían sido siempre genuinamente españoles. Algo parecido nos pasa a nosotros con algunas de las palabras que eran novedosas en 1773, como té, café, licor, modista… Cadalso se sorprendería al comprobar que otros vocablos que él censuraba (execrable, misántropo) se emplean dos siglos después en el habla culta ¡con el mismo significado que les daba la atolondrada jovencita de su tiempo! Se maravillaría, posiblemente, al comprobar que algunas de las expresiones que a él le parecían chocantes o ridículas están hoy absolutamente asumidas por el idioma (ir a un espectáculo, cantar pasablemente bien, matar el tiempo o, incluso, tener un jefe de cocina divino). Y es que tanto el lenguaje coloquial como el escrito acaban adoptando muchas de las palabras y expresiones originadas en las jergas. Porque, finalmente, todas las jergas enriquecen el idioma. ¿Todas? Sí, bueno, no…, algunas aportan sólo un puñado de palabras difíciles de colocar en la conversación cotidiana de un hispanohablante medio. Fíjense, por poner un ejemplo, en la jerga carcelaria. Y (si no están en una cárcel o no las frecuentan) díganme, ¿cuántas veces a la semana emplean ustedes o las personas que les rodean la palabra trena (por cárcel), o pincho (por arma blanca), o chabolo (por celda)? Se da, sin embargo, una curiosa paradoja en la jerga carcelaria. Siendo una jerga pobre, es una de las pocas que —según dicen los que saben de esto— tiene su correspondiente para prácticamente todos los sustantivos del diccionario. Un ejemplo: en la trena sólo los plumas llaman mesa a la mesa y banco al banco. Para los que ya están curtidos en la jerga, mesa se dice puta mesa (o jodida mesa, que prefieren otros); banco se dice puto banco; silla, puta silla y así sucesivamente. Esto lo cuenta muy bien Tom Wolfe en su segunda novela. El mordaz periodista norteamericano habla allí de cierta cárcel californiana y de las tribulaciones de un preso novato en sus primeros días entre rejas: |
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[El novato Conrad tiene como compañeros de celda a un tal Mutt y a un tal 5-Cero. Está tumbado sobre su colchón, con los ojos cerrados, escuchando la música que suena por los altavoces y las quejas que llegan de otras celdas] —¡Puta música de tren! —¡Puta música de emisora del tiempo! —¿Qué se creen que es esto, un puto ascensor? —¿Estos hijos de puta no han oído hablar del puto año dos mil? Conrad estaba más que harto de la puta palabra ‘puta’… Llovía desde todas partes, desde esa celda, y ésa y ésa y ésa y la de más allá… ‘Puta’ aporreaba todos los cráneos y, al final, penetraba en todos los cerebros y después salía de todas las bocas… Puta, puta, puta, puta, el coro de ‘putas’ de todas las celdas… —¡LA PUTA, 5-CERO! ¡QUÉ PUTA MIERDA ESTÁS HACIENDO! El grito fue tan repentino y fuerte que Conrad abrió los ojos… —¡Esta puta cosa duele de la puta! —exclamó Mutt. —Puta de tío. Conrad se encogió de hombros… |
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| (Tom Wolfe, Todo un hombre [2000]) | ||||||||
Claro está que lo de utilizar puto/puta como adjetivo no es una exclusiva del lenguaje carcelario, ni mucho menos. Quevedo ya lo utilizaba, y seguro que ustedes lo han escuchado y lo escuchan con bastante frecuencia. No hace muchos años, una gran mayoría de hispanohablantes hubiera coincidido en que es una expresión grosera o, cuando menos, vulgar. Pero hoy ya no es así. Al menos eso dicen nuestros socios británicos, siempre tan dispuestos a aleccionarnos sobre España y lo español. Si quieren comprobarlo, basta con que visiten en Internet el portal de la BBC y su sección Cool Spanish (cool se podría traducir en este caso como ‘enrollado’, ‘chulo’, ‘molón’, ‘chic’, ‘guay’… o por ahí). En esa página tan británica, entre otros muchos ejemplos de español a la moda, se puede leer y oír esta frase tan cool: ‘TENGO QUE IR AL PUTO MÉDICO’. Hay que reconocer, sin embargo, que la BBC no quiere confundir ni engañar al estudiante de español. Por eso, aunque allí todo sea muy cool, las expresiones y los giros se clasifican en cuatro categorías de menor a mayor dureza en el lenguaje: *familiar, **muy familiar, ***vulgar y ****grosero. El puto epíteto, digo el epíteto puto, está clasificado en la categoría muy familiar. Pero no crean, hay otras jergas aparentemente más familiares. Recuerdo y busco una cita que reproducía el profesor Lázaro Carreter en uno de sus brillantes artículos. Contaba el académico cómo, en plena campaña para las elecciones generales mexicanas, el cabecilla y representante de los jóvenes de un suburbio marginal de la capital atendía e informaba a cierto ilustre candidato que estaba de visita en el barrio: |
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Al chile, hay bandas a bandas. Hay bandas con dos tres machines con la butibandón. Hay bandas de cábulas y bandas de culebras; pero al tiro, el resto de banda es alivianada y buena onda. Chingo de banda nos ponemos nombres, el buti nel, pero la neta tochos somos banda |
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| (Cit. por Lázaro Carreter, El dardo en la palabra [1998]) | ||||||||
Pues eso. Confieso que no comprendo ni una sola de las frases del párrafo anterior. Y confieso que, aunque nos encaminásemos hacia una segunda Edad Oscura, no puedo imaginar que el idioma español evolucione de tal manera que un lector medio del año 2250 pueda entender siquiera una de esas frases. Pero ¿quién sabe?, la lengua va cambiando en todos los sentidos y… ¡la puta!, acuérdense de Cadalso. Existe otro poderoso elemento generador de barbarismos y motor del deterioro del idioma (o de su triste evolución): me refiero a las traducciones de baja calidad que proliferan en Internet, en los folletos de instrucciones de algunos electrodomésticos o en varios otros lugares. En especial, las traducciones creadas con la ayuda de esos hoy por hoy deplorables instrumentos de la programación informática llamados traductores automáticos. Dejaremos estos curiosos artilugios para otra ocasión, pero permítanme terminar con un apunte que tiene algo que ver tanto con las traducciones como con las jergas. Aunque no he manejado la versión original de la novela de Tom Wolfe, está claro que su puto/puta no puede ser sino la traducción de la versátil palabra inglesa fucking. Hay, no obstante, otras palabras inglesas con un uso parecido. Una de ellas, algo menos soez que la anterior, es ‘arse’. El significado de la palabra arse puede variar ligeramente según el contexto. Por ejemplo, si alguien nos cuenta en inglés que tiene un Van Gogh y tres Cezannes en su casa, y nosotros no nos lo creemos ni de risa, le podríamos contestar socarronamente con la expresión my arse!, que vendría a ser algo así como ¡y un huevo! (aunque la traducción literal sea ¡mi culo!). Y es que, efectivamente, arse es culo. Por eso y aunque no sea nuestra costumbre, si quisiéramos decir Fulano es tonto del culo, diríamos en inglés: Fulano’s such an arse. Y si nos viésemos en la tesitura de decir (aunque de momento no se haya dado el caso) ¡vaya un abogado del culo!, diríamos en inglés: what an arse of a lawyer!... La palabra arse suena y se pronuncia exactamente igual que ars. ¡Sabe Dios lo que a ciertos angloparlantes poco doctos en latines evocará el nombre de nuestra muy querida revista! (*) |
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(*) Lo que un nombre puede evocar es cosa bien particular. A mí, que tampoco soy experto en latines, el nombre de Ars Creatio me inspiró (¿?) el Soneto casi croado que se puede leer en la sección ‘Creación’ de este mismo número. |
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