La odisea de las celdas
           
por Helena Tévar Hernández
 
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Hace cosa de un año recogí el periódico como hacía todos los lunes. La verdad es que el periódico de la universidad no tiene muchas noticias que te llamen la atención, cursos, premios, conciertos, noticias que te repiten sin cesar que los universitarios nos daremos contra el paro cuando acabemos la carrera y lo importante que son los idiomas. Al final, lo único que nos alegra la lectura, una tira cómica, unos chistes de humor dudoso y solo a veces alguna historia divertida. Pero el año pasado la vista se me fue directamente a algo nuevo que no había visto nunca antes. Un cuadro de 9 por 9 celdas, compuesto por otros 3 cuadrados de 3 por 3 celdas. Arriba ponía “Sudoku”, como no, otra de esas cosas extrañas que inventan los japoneses para dar un poco de color a sus trabajosas vidas, pero la curiosidad me pudo. Investigué en qué consistía el juego, era muy diferente de los típicos crucigramas (pato, 5 letras: á-n-a-d-e) y como siempre Internet tuvo la solución. Resultó ser bastante sencillo, el objetivo era simple, poner todos los números del 1 al 9 en el cuadrado de 9 por 9 y en los cuadrados de 3 por 3, y las reglas eran lógicas, no repetir los números en la misma fila, columna y cuadrado de 3 por 3, algo parecido a un cuadrado latino.
             
 
Aquel día fue mi perdición. Era un juego adictivo, sus fáciles normas hacían que pudiera dejar un sudoku de un día para otro sin tener que perderme, además de que era un pequeño trozo de papel arrancado de periódico que siempre llevaba en la carpeta y me perseguía por donde fuese. Cualquier ocasión era buena para sacarlo y aún sin nada para escribir me quedaba mirándolo absorta, buscando la solución para esos dos malditos números que podía ponerlos en dos casillas en cualquier orden. Al tercer sudoku ya eres capaz de crear tu técnica para solucionarlo, escaneándolo buscando la celda en donde seguro entra “ese” número, haciendo una lista de los números que seguro no podían ir ahí o lanzando hipótesis “podría ser que 2 fuera en la tercera casilla, para que el 4 fuera en la cuarta y el 7 en la última…”. Al poco de comenzar con los llamados “fáciles” me atreví con los “difíciles”. Es curioso que la dificultad de este juego no dependa de la cantidad de números que te dan, sino de la posición en la que están, así que sudokus en principio fáciles podían convertirse en horribles quebraderos de cabeza. Acabé por dejarme el periódico y comprarme libritos llenos de sudokus, al final uno me sorprendió, un cuadrado gigante de 16 por 16 (que todavía no pude acabar) y otro macro-sudoku compuesto por cinco cuadros 9 por 9, uno en el centro y los otros cuatro se enlazaban en los cuadros 3 por 3 del primero. Esto ya comenzaba a ser peligroso, no podía acostarme sin hacer unos sudokus, como si del “angelito de mi guarda” se tratase.
           
 
”Estos Japoneses están locos”, seguí investigando que tipos de métodos de solución tiene esta ancestral civilización para solucionar los puzzles. No creía lo que veía, este sudoku guardaba más sorpresas de lo que yo esperaba.
Los orígenes del sudoku son muy difusos, aunque es posible que se trate de un juego de origen oriental hay pocos datos que nos digan como nació exactamente el juego en esta región. En cambio existen datos de que en el siglo XVIII se jugaba a algo parecido, unos juegos compuestos por cuadrados latinos que su creador Leonhard Euler (sueco, sí, es verdad) inventó para calcular probabilidades. Mucho tiempo más tarde, un norteamericano llamado Howard Gans sacó a la luz un juego llamado “Number Place” o el lugar de los números en el periódico Dell Magazines allá por 1979, según parece fueron los primeros pasos del sudoku, aunque fueron unos pasos muy pequeños ya que no llegó a ser muy popular. Pero entonces ¿de dónde sale su nombre japonés? No hace falta decir lo que estos juegos de lógica apasionan a la población japonesa. Según parece una editorial de dicho país llamada “Nikoli” fue la que exportó a Japón el “Number Place” y traduciéndolo por “Su doku” (número solo al castellano). Resultó ser de un éxito espectacular, todos los días se repartían sudokus en los periódicos del país oriental y los japoneses se convirtieron en los reyes de este juego, aunque en su país “original” pasaran sin pena ni gloria. Fue otro país de occidente el que se fijó en este rompecabezas. El periódico The Times tiene una larga tradición en tener los mejores crucigramas y un neocelandés con vivienda en Hong-Kong llamado Wayne Gould les preparó por finales de los ochenta algunos sudokus, pero como años antes pasara en los Estados Unidos, nadie le hizo caso hasta el año 2004. Se publicó el primer sudoku en un periódico inglés y solo unos pocos días más tarde lo hizo The Daily Mail llamándolo “The Code Number”, no hay que decir que los ingleses se quedaron anonadados con este crucigrama como haría yo un año mas tarde. Fue un boom para la población y poco tiempo después ya aparecían en todos los medios escritos. El sudoku ya era la estrella de los crucigramas.
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Era sorprendente, aquella pequeña celda con números que tenía delante de mí había pasado por casi todos los países del planeta antes de llegar a lo que es hoy. No se cuentan historias de los orígenes de los crucigramas, ningún juego de lógica tiene tantas aventuras como aquellos 81 números. Al terminar de leer su inimaginable historia volví a por mi libro de sudokus, lo miré fijamente como si en él viera una especie rara animal o algo sorprendente, entonces sucedió, mi corazón se aceleró… ¡¡7!! Si el 7 va en el tercer cuadro, el 4 va en el segundo y el dos…
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