No descansa jamás, nunca está ociosa;
incordia, mortifica, no sosiega,
ataca sin cuartel, insiste, acosa,
ante el peligro, cede y se repliega.
Un instante después, vuelve golosa
buscando la ocasión; buena estratega,
sortea los peligros de esa cosa
que tampoco descansa ni sosiega.
Que son tal para cual, es cosa cierta
y su lucha constante y tesonera.
Tal pleito, ni censuro ni lo alabo;
allá se las arreglen como quiera
el flagelante apéndice del rabo
y la jodida mosca cojonera. |