La compañía de un libro
ARS CREATIO
     
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Sólo uno de cada cuatro españoles abre un libro a diario. Esta costumbre está condicionada, en gran medida, por la edad y el nivel de estudios.

A propósito de la lectura, y los libros, indica el manifiesto de la Ifla /UNESCO sobre la biblioteca pública, de 1994, en uno de sus párrafos:
“La biblioteca pública, es el puerto local hacia el conocimiento, constituye un requisito básico para el aprendizaje a lo largo de los años, para la toma independiente de decisiones y el progreso cultural del individuo y los grupos sociales"

Libros editados por ARS CREATIO y el Instituto Municipal de Cultura "Joaquín Chapaprieta" de Torrevieja

2007

2008

     
Cuando se celebrar el Día del Libro, el 23 de abril, es conveniente hacer un repaso por cuanto tiene que ver con el gran hábito de la lectura. Desde la España del Quijote a los pasillos de Howard’s, las preferencias por la lectura son tan variadas como libros en los expositores de las librerías. Aunque los directores de las publicaciones son como los tramoyistas del sector. Son quienes manejan las “marionetas” creativas dentro del mundo de la ficción: historias de romanticismo, aventuras, intriga, etc. Al igual que hacen posible que sigan cabalgando caballeros de lanza en astillero, que circulen a nuestro alrededor complejos códigos de un tal Da Vinci, o que nos veamos inmersos en misterios de cenas secretas, mientras junto a nuestra almohada, se acomodan los protagonistas de intensas batallas galácticas. Asimismo se mueven a medio camino de la pasión por los libros y la gestión empresarial. Y al fin, son ellos, quienes deciden qué aventura nos acompañará en nuestro tiempo de ocio; en qué complejo misterio nos adentraremos a hora de la siesta o qué historia de amor nos encogerá el corazón antes de dormir.
     
No obstante, sucede que en un país donde prácticamente la mitad de la población siente una terrible comezón, cuando se habla de lectura, la industria del libro es uno de los sectores más activos de la economía. Solo las cifras de comercio electrónico de publicaciones en España, facilitadas por AECEM (Asociación Española del Comercio Electrónico y Marketing Relacionado) y la entidad pública empresarial Red.es revelan que el comercio electrónico de publicaciones, alcanzó la cifra de 2.143 millones de euros en el año 2005, lo que supone un incremento del 16,6% con relación a los datos obtenidos el año anterior (1.837,3 millones de euros). Es decir, uno de cada cuatro internautas españoles compró a través de la Red a lo largo de 2005 alguna publicación, lo que supone una cifra próxima a los 4,5 millones de internautas (4.325.000), según el estudio. Las cifras hablan, por lo tanto, de un aumento del 10% en relación al año anterior. Dicho de otra forma, son muchas las librerías que se ven abocadas a echar el cierre. La competitividad ha obligado a reducir el precio de los libros, lo que supone uno de los síntomas más visibles de la crisis denunciada por diversos colectivos. Pero no podemos olvidar que España es una fábrica de letras, y esto se puede comprobar en este espacio donde constantemente surgen nuevas iniciativas.
     
Las ediciones digitales provocan cambios de hábito que resultan relevantes para los editores, que contemplan como el mercado electrónico es el laboratorio para la evaluación de los futuros hábitos de lectura. En este nuevo espacio, los resultados creativos se palpan de inmediato. Aquí la palabra ha llegado a tomar forma. Pero es necesario recordar que leer no es una cuestión de gusto o afición, es una verdadera necesidad, sólo que necesitamos darnos cuenta de ello.
En algún momento de su vida D. Miguel de Cervantes dio en llamar a esto “caer en la cuenta de que tenemos un ánima o unos adentros” es decir, que somos poseedores de una vida. Pero es demasiado corta. Por lo que necesitamos más vidas. Necesitamos poder experimentar otros pensamientos y sentimientos. Y ello es posible encontrarlo en los libros. Allí donde otro ser humano, con una alta sensibilidad, nos dejó lo mejor que poseía, para empaparnos de su conversación intima. Y una vez alcanzada esa comunicación, tras la lectura, es cuando hemos logrado vivir de otra forma, nuestra propia existencia. Llegamos a instruirnos, conviviendo con la hermosura, siendo protagonistas de determinadas confidencias, cayendo en la cuenta de que somos más de lo que éramos, y sentimos, y apreciamos de distinta manera la vida. Entonces nos damos cuenta que hemos recibido ese algo especial que nos lleva a comprender el consuelo, la alegría y la compañía que proporciona ese libro que acabamos de cerrar y que será para siempre, un inseparable compañero.
       
       
      Encarna H. Torregrosa
         
         
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