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Lanza un ¡touk-touk-touk! sonoro
metálico y un graznido,
un ¡grrak-grrak-grrak! ronco y alto
con su pareja, a coro.
Ya en el suelo un torpe salto
y continúa andando erguido.
Y planeando a gran altura
muestra su negra figura,
que con la cola acuñada
y la cabeza saliente,
con vuelo lento y potente
se aleja por la cañada.
Negro plumaje de lejos,
y con morados reflejos
por encima si está cerca,
debajo brillo verdoso,
posado sobre la alberca
en una losa saliente,
con su pico poderoso
arqueado ligeramente.
Con notable agilidad
hace cambios repentinos
de dirección y planea
de forma espectacular
sobre un matorral de espino;
grazna, silba y gorjea
y, al cesar de graznar,
una caída en picado
a una gran velocidad
en el ocaso dorado
cuando el sol se va a ocultar.
Enfrente, la hembra sola.
Andando por la colina
extiende alas y cola,
y se para y se inclina,
y se agacha y se levanta;
las plumas de la garganta
mantiene un rato erizadas
y con el pico apuntando
hacia abajo y hacia arriba,
el cuello bien estirado,
despacio se va acercando
a la hembra cortejada,
que permanece a su lado
contemplándolo cautiva. |
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