Tras un grito grave y breve,
sonoro ¡rrook-rrook-rrook! ronco,
del hueco de un viejo tronco,
la aurora es de lila breve.
Apenas hace un instante
el día ha clareado.
De un verde claro azulado,
dorso castaño brillante,
alas color azul vivo
y cola de azul verdoso,
posada sobre un olivo,
en un barranco rocoso.
Tras un suelto movimiento,
desde lo alto se desploma
y, planeando por la loma,
se posa sobre un sarmiento.
Su vuelo es recto y boyante,
sus planeos, espaciados.
Vuela baja en este instante,
y ahora se lanza en picado.
Ora salta, ora camina,
y brinca pesadamente,
junto al agua cantarina
que discurre mansamente.
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En la punta del tejado,
sobre una piedra posada,
parece como sentada
y con el plumaje inflado.
Súbitamente se lanza,
rápido batir de alas,
sobre un mosquito se cala,
y muy pronto ya lo alcanza.
Y volviendo al posadero,
permanece allí en reposo;
el día es caluroso,
el viento sopla ligero.
Sobre el azul, su silueta,
lanzándose hacia el cielo,
voltea y hace piruetas
y hace giros en el vuelo.
Ya después del aguacero,
el cielo es de un limpio azul.
Ya se asoma al agujero
del tronco del abedul,
mas no le gusta y se va,
lanzando un fúnebre ¡kraa!
El agujero de un muro
es el lugar elegido,
por ser un lugar seguro,
para construir el nido.
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Rayando está la alborada,
en un cielo lila leve
de un lívido añil teñido,
tras un chink-chink repetido,
su sonoro canto breve
y vigorosa cascada
que termina en un floreo,
sobre el cerezo posado,
el pinzón pardo rosado
inicia un revoloteo.
Mientras, sigue clareando,
cuando un verderón serrano
vuela en círculos, cantando,
sobre el matorral cercano.
Lanza un tsi-i lastimoso,
luego unas notas crujientes
y un gorjeo musical.
Desciende hacia el chaparral
y su color vagamente
se ve amarillo verdoso.
Vuelo rápido ondulado,
aparece un pajarillo
amarillento listado.
Es un joven verderillo.
Se posa en la barbacana
que hay junto al camino,
lanza un chirriante trino
en la soleada mañana. |
Llega una hembra. Asciende
y emprende un vuelo nupcial,
se remonta vertical,
luego en círculos desciende.
Y sigue volando así.
Tras un instante posado,
reinicia el vuelo atrinado
con un rápido chi-chi.
Casi imperceptible, leve
cae la tarde. En el cambrón
posado está el verderón,
un siup repetido y breve,
un canto sonoro corto,
su gorjeo de canario.
Tras el roble centenario
se pone el sol por el orto.
Con su tsi-gelit fluido,
repetido con frecuencia,
hace notar su presencia
el jilguero, escondido.
La tarde desaparece.
Tras el ronco co-co del grajo,
desde la higuera de abajo,
rápido el silencio crece. |
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