CINTAS
ARS CREATIO
       
DESCARGA PDF

Parece que la voz de Tom Waits vaya a atravesar los débiles altavoces que he conectado al ordenador. El disco se titula Heartattack and vine. Vale, reconozco que no es uno de los grandes discos del maestro, pero a mí me gusta porque el tío está muy blusero. No es Blue Valentine o Mule Variations, pero para escribir o ... no está mal. La tarde acompaña. A través de la ventana la parcela de mundo que me toca ver es un coche mal aparcado al que le queda poco para que venga la grúa a darle un paseito y el cartel de cerrado en un par de inmobiliarias cuyos nombres soy incapaz de reproducir. Al cenicero le queda poco espacio sin ceniza; demasiada para haber escrito apenas cuatro líneas y haber llenado cuatro papeleras. Suena Saving all my love for you y no puedo evitar pensar que es una de las canciones más hermosas que he escuchado, que en el fondo todo merece la pena y que el café que me acaba de preparar mi mujer es una bendición caída del cielo que va directamente a mis venas.

En la Navidad del 91 (¡del pasado siglo!) me hicieron uno de los regalos más importantes de toda mi vida. Esto es importante por varias razones. Primero porque a lo largo de mi vida me han hecho muchos regalos. Hay que tener en cuenta que son varias las celebraciones en las que a uno le suelen regalar algo. Está por ejemplo el cumpleaños, esa extraña fiesta en la que uno celebra que le queda un año menos de vida y encima tiene que pagar las rondas a los que se alegran por ese macabro dato. Luego están, aquellos que lo celebren, los santos. En mi caso siempre me ha fastidiado el hecho de que todo el mundo me felicitara el día de San Marcos cuando yo en realidad celebro San Antonio, de manera que mis compañeros solían hacerse un lío y terminaban por no felicitarme. Las navidades, los aniversarios, los regalos sorpresas o los amigos invisibles no hacen más que sumar y sumar, de manera que llegamos a una media bastante alta, por año, de regalos que una persona en condiciones normales suele recibir. Pues bueno, repito, en la Navidad del 91 me hicieron uno de los regalos más importantes de toda mi vida. Lo que ocurre es que yo, que en ese momento contaba catorce primaveras recién cumplidas, no supe apreciar la valía de aquel verdadero tesoro. Hoy, sin embargo, me doy cuenta de la suerte que tuve en ese momento.

En mis manos tenía el regalo de mi hermana mayor, Nati. Apenas unos segundos antes me había entregado otro regalo, pero en este momento soy incapaz de recordar que fue. Imagino que me dio dos regalos porque pensaría que el segundo, el que yo tenía en ese momento en mis manos, parecería poca cosa. El caso es que yo tenía en ese momento un objeto rectangular perfectamente envuelto. Estaba claro lo que era. Se trataba de una cinta de música. Bueno, no está mal, pensé en ese momento. Cuando la destapé vi que había acertado parcialmente. Efectivamente era una cinta. También acerté en que era de música. Pero lo que nunca me hubiese imaginado era una cinta de música grabada. Y este dato es importante para la historia de mi vida. No se trataba de una cinta original que mi hermana hubiese comprado en una de esas tiendas de discos que hoy no son otra cosa que ardillas en árboles a punto de ser talados. No, mi hermana no había hecho el recorrido de su casa a la mencionada tienda de discos, no había buscado entre los estantes de cintas perfectamente agrupadas por géneros, no había seleccionado una con la vana esperanza de que le gustase a su hermano de catorce años recién cumplidos, no había pagado el importe (en pesetas, ojo), no le había dicho a la dependienta (una chica guapísima aficionada al Jazz y para la cual Miles Davis era Dios), no había regresado a casa con la sensación de haber cumplido con su deber de hermana mayor. No, no. Mi hermana mayor había hecho algo mucho más grande e importante que todo eso. Mi hermana Nati había comprado una cinta virgen , había buscado entre su mítica colección de discos y cintas (para mí en esos años su colección de discos y cintas era algo así como un territorio aún sin explorar; un país que, sabiendo que existía, que era real, formaba parte de mi ideario fantástico. Aunque para ser justos a la historia he de decir que la colección era tanto de ella como de mi cuñado Antonio), había seleccionado un determinado número de obras (en ambos formatos). En este momento de la historia entran en juego las hipótesis, las teorías y las suposiciones. Como el afectado soy yo y yo soy el que narra esta historia, mientras tu ahora estás haciendo otras cosas ( probablemente si me escuchas estarás leyendo esto, con lo que se habrá producido un extraño cruce de tiempos (presente, pasado y futuro), por no hablar del tiempo narrativo o de que ahora mismo fuera puedo ver cómo el viento, que también es tiempo, mueve una bolsa por el aire y parece que baila al son de la canción de Tom Waits que ahora suena, Downtown, ) voy a narrar lo que a continuación viene como a lo largo de estos año me lo he imaginado. Imagino que mi hermana colocaría los discos y las cintas seleccionadas sobre la mesa de su comedor. Encendería un cigarro. Movería en círculos lentos pero constantes el café que había en la taza que dos minutos antes, pero justo después de seleccionar las obras, se había preparado para tan solemne ocasión. Con los discos y las cintas mirándola fijamente pensaría: ¿qué puedo grabarle a mi hermano Marco que le permita darse cuenta de hasta dónde puede llegar la música? ¿qué canciones pueden hacer que un chico que acaba de cumplir catorce años se interese por lo matices del pop, del soul, del rock, del blues?. Estoy seguro de que mi hermana, inconscientemente, se haría estas preguntas. No hay otra opción para quien decide que el mejor regalo de cumpleaños es una cinta de música preñada de canciones imponentes. Pero, ¿os acordáis cómo se grababan las cintas de música?

CÓMO SE GRABABAN LAS CINTAS DE MÚSICA

Las cintas de música no son los cds. Hoy en día grabar un cd consiste en tener una serie de discos almacenados en forma de archivo en el ordenador, o en el mp3, o en el mp4, o en el Ipod, o en el móvil. No partimos de un soporte realmente físico para proceder a grabar el cd. (Hombre, siempre parto del hecho de que esto es lo que hace, hacemos, la mayoría de la gente). La música ya no es un objeto de arte en sí mismo, como eran los vinilos o incluso las cintas. Y el proceso de grabar también ha perdido parte de su encanto. Ahora las canciones, los temas, son arrastrados (curiosa palabra) de un lado a otro (del archivo original(jajajaja) al nuevo cd que deseamos grabar) como si fuesen programas informáticos. En la prehistoria del siglo XX los chicos y chicas que grabábamos música lo hacíamos sabedores de que el gran secreto era el botón del “pause”. Ahí radicaba todo el misterio. Todos saben que la clave era tener el botón del “pause” activo (pulsado) para evitar que se escucharan los tan temidos cortes entre canción y canción. Ahí era dónde se demostraba la pericia de un buen grabador de cintas de música. La cinta que me grabó mi hermana no tenía ni un solo corte. Es más, ni arrastrando las canciones se hubiese hecho mejor. Luego estaban las cintas que se grababan directamente de la radio, pero eso, como se suele decir, es otra historia.

 

Bueno, tras este importante inciso, viene la parte final, y por eso la más crucial : ¿qué me grabó mi hermana en esa cinta?. Pero antes de contestar a esta pregunta tenemos que ponernos en situación. Y la situación es que yo, con catorce años recién cumplidos, había escuchado algo de los Beatles (pero no Hey Jude), algo de los Rolling (pero no Simpathy for the devil ) y algo de Dylan (pero no The lonesome death of Hattie Carroll). En lo que si que estaba bien puesto era en Simon y Garfunkel (aunque del concierto en Central Park no había oído hablar). Y ahí se terminaba mi amplia cultura musical. Pobre pero honrada. Por eso cuando escuché Bohemian Rhapsody, o cuando la flauta de Ian Anderson (Jethro Tull) entró en acción , o cuando le tocó el turno a Kansas, o a Pink Floyd, o a Led Zeppelín, lo primero que pensé fue, ¿qué más me estoy perdiendo?. Y esa fue la pregunta clave que lo desencadenó todo

¿QUÉ ME ESTOY PERDIENDO?

Pues sí amigos, esa es la pregunta. Muchos pensarán “pues vaya tontería”. Ellos se lo pierden (nunca mejor dicho). Lo que está claro es que si mi hermana Nati no me hubiese regalado aquella cinta, posiblemente no sólo me hubiese perdido esos grupos y esas canciones tan maravillosas, sino otros muchos grupos y otras muchas canciones igual de maravillosas que vinieron después, como The Beach Boys ( y su genial Pet Sounds), o Leonard Cohen, o este Tom Waits que ahora canta Ruby´s arms, o los más recientes Nirvana, Pearl Jam , Ryan Adams, Nick Cave; o descubrir el jazz, o el blues. Todo esto con toda la literatura que las músicas (en plural) traen detrás (el jazz y Julio Cortazar, ...).

En fin, como les decía, en las navidades del 91 me hicieron uno de los mejores regalos de mi vida. Muchas gracias.

 

 

A mi hermana Nati,
y a todos los hermanos y hermanas mayores que algún día grabaron una cinta a sus hermanos y hermanas pequeños, porque les dieron la llave para descubrir un mundo y descubrirse ellos mismos.

     
      Marco A. Torres Mazón
         
         
       SUMARIO